Libertad

(Canción para seguir el relato)

Yazco en el suelo derrotado, hambriento.

Me veo ciego y me siento sordo. Me luzco mucho y vivo poco. Me he creado, me he letrado, me he hecho poesía y me he convertido en narración. Me he explicado y me he perdido en el desarrollo del argumento de mi vida. Poco más puedo hacer.Poco más podré contar.

Me he razonado irracionalmente, y me he emocionado con la pasividad, sin estímulos que me lleguen,.. He vivido libre en servidumbre y en mis contradicciones me he sentido más seguro que cualquier dogma, que cualquier teoría y que cualquier empirismo, que cualquier intento de saber.

En la dulce cuna del caos he quedado redactado. Retratado.

El peso de las cadenas de hierro ha superado el de mi cuerpo, abatido y frágil ya, no por el paso del tiempo, si no por esa disolución absurda de las noches y los días, sin luz natural, ni siquiera la oscuridad es auténtica. Las estaciones se confunden y se asemejan. Los años dejan de tener sentido.

Un ambiente estéril, una sala pueril. Solo una pared completamente lisa, gris, de cemento. Por lo menos era gris en mis últimos recuerdos. Así como sirve una hoja en blanco, un espacio para la libre proyección, abono para el libre albedrío de la mente.

Y ahora me pienso de verdad y me gusta. Pero no es real. No, no tiene ningún sentido lo que digo. Si mi vida fuera un libro lo quemaría. No, arrancaría sus hojas, una a una y las iría arrojando al fuego. Si mi vida estuviera escrita en una pizarra la borraría, si fuera una película no la alquilaría nunca más. Si fuera un cuadro habría sido recogido en un contenedor y regalado a un viejo mecánico gruñón, que tras haber perdido su calendario de mujeres desnudas (grasiento y sucio) no tendría más remedio que aceptarlo y colgarlo. Si mi vida fuera una canción no tendría letras ni música. Silencio puro, constante y eterno.

Pero mi vida no es nada de eso, mi vida no es arte, mi vida es mi vida.

Imborrable, imperdible e inolvidable. Es mía.

Bajo mi mando, bajo mi control, sin posibilidad de rebelión ni de disidencia. Mía. Eme, i, a. Mía.

Quizás se puede arrebatar, pero la vida es intangible una vez se aleja de su dueño. Es la única cosa que al robarla, no se obtiene. Quien te la quita no puede poseer tu vida. Es mía, sola y únicamente mía. Con los años... el asesino también será vencido. Mi vida...

Entiendo al esclavo, desposeído de su voluntad, entiendo su desesperación y su inquietud, entiendo cuando dice que no posee su vida. Pero esa es la rendición. Una vez machacada su voluntad, la rendición es la donación de su vida. Si abre los ojos, la vida sigue a su lado. La mía sigue conmigo.

Y como es mía esta vida, la convierto en lo que quiero. La convierto en  un barco. Un barco de los que flotan, con una flota, con gente de todo tipo, gente cantando y bailando encima de una cubierta de madera pulida, limpia, reluciente. Relativamente oxidado. Estable, con el cielo como techo y con estrellas como mapa, con el océano de alfombra, con todo lo posible y lo imposible en sus horizontes.

Vida poseída por mi voluntad, todo lo perdido vuelve a ser buscado, todo lo amado permanece, todo lo sangrado se pudre en mi ser, cada gota vertida convertida en vicio. No hay castigo ni hay redención, en mi cabeza solo vuela la paz.

Todo el vino exiliado de estos años sale a borbotones de la fuente de una plaza de un pueblo pesquero cualquiera, las piernas que se me han privado y cerrado en los últimos diez años se abren como flores en primavera, se abren a mi antojo.

Mi vida la convierto en una ave que se mece con el viento, en un bravo león, en una diminuta pero trabajadora hormiga, en deseos, en pecados, en lo breve y auténtico. 

Mi querida vida de barro, que me haces artesano de tu rutina, maestro y sabio en cada vuelta que das en el torno. Te me has cruzado, juntado por capricho con grandes espíritus, y me dejas en mis últimos pasos privado de toda sensibilidad.

Quizás ya no veo, ya no oigo. Seguramente doy pena (si me viera) harapiento. Huelo a sucio y me duelen las muelas, algunas sin encías que las acompañen. Con el cuerpo inmóvil, con el aliento frío y desalmado.

Pero eso no importa, nada de eso importa, sigue habiendo un mundo dentro de mí que no es inflamable, que no se puede borrar. Sin límites.

Desde esta cárcel, con los grilletes en mis manos, y piernas,  ese barco imaginario rompe las cadenas de mi alma y surca hacía un mundo que estos barrotes no pueden encerrar.

Os he ganado gilipollas, yo soy libre.

Preso 20158

Comentarios

Entradas populares de este blog

Al partir