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Mostrando entradas de enero, 2025

∞- P (Parking)

Has llegado hasta aquí quizás solo movido por la curiosidad de poder coquetear con un segundo final, o tal vez sea por ese sentimiento omnipotente del libre lector, capaz de imaginar el destino de los protagonistas de las novelas por las que navega. Puede que sea por la avaricia, cuantos màs finales mejor. O quizás sea por un sentimiento justiciero hacia nuestro protagonista, Robi, alguien que ahora ya pasea entre nosotros, alguien que quizás camina por las calles de tu ciudad, con el que quizás te has cruzado esta mañana, puede ser que estuviera tomando el café en la misma cafetería que tú. Puede ser que este sentimiento justiciero te haga pensar que merece un destino menos catastrófico. ¿Quieres jugar a ser Dios, entonces? ¿Hacer un retroceso en el tiempo, borrar el final, cambiar el destino? No quieres conformarte en ser un simple lector y quieres convertirte en lector-elector. Poder escoger, tal y como pudo hacer Robi en el inicio de la historia en la que da “marcha atrás” para ele...

8- Siniestro total

No lo merecía. No había hecho nada en mi vida para merecerlo. Ni yo, ni Ana. Puedo ser la prueba viviente de que Dios no existe. O de que si existe no nos quiere, no nos ama. Nos odia con todas sus fuerzas. Los humanos somos sus muñecos de barro, sus cagadas después del cigarro y el café. Nos matamos entre nosotros porque estamos hechos a su imagen y semejanza. No le había pedido nada a la vida. Nada. Durante una cuarta parte de mi vida solo quería morir lentamente, aletargado, borracho, simplemente no ahogado con mi propio vómito. Cirrótico quizás, pero no lamentablemente ahogado por mis propios efluvios. No pedía nada de lo que vino después. Aunque vino y lo abracé. Tardé en abrazarlo, en creérmelo, pero acabé abrazándolo, sin expectativas y sin deseos hacia el futuro, solo mantenerme en ese instante sin cambios. No pequé nunca de ambicioso, no pensé a lo grande. ¿A quién coño podía culpar sino? ¿A la Doctora por querer darme una vida mejor? ¿A mi puta madre por creer en el amor? ¿A ...

7- Quinta marcha (adelanta)

Sé que no debía hacerlo, que es incorrecto en muchos sentidos, pero me sentía superior a la mayoría de las personas. No podía evitarlo. Sé que mi manera de comunicarme, en muchos sentidos podía denotar este sentimiento de superioridad. Pero no era así, no hasta ese momento. Antes podía hablar con arrogancia, pero precisamente quién actúa de manera arrogante a menudo es porqué no sabe como camuflar un sentimiento de inferioridad y de torpeza, como era mi caso, recubierto de (supuesto) ingenio y mordacidad. Pero ahora si me sentía por encima de los demás. Me sentía con esa especie de superioridad moral o espiritual que da el estar enamorado. Miraba por detrás del hombro a todas aquellas personas que se acababan de divorciar, que habían fracasado en sus matrimonios (como mi amigo Joan), o peor aún, aquellas personas que seguían encadenadas a un matrimonio deficiente, regular, vulgar, mediocre. Me sentía superior a aquellos que jamás habían podido sentir el amor que sentía yo por Ana. Sent...

6- Cuarta marcha (velocidad de crucero)

Pedí demasiado. Cuando las cosas van bien, se estabilizan y empiezas a acomodarte. Cuando te acomodas durante un tiempo empiezas a confiarte. Cuando te confías demasiado pierdes el miedo a todo. Cuando pierdes el miedo a todo… el demonio vuelve a tocar a tu puerta. No llegué a vomitar en el nuevo baño de mi casa, pero casi. Hubo una discusión con Ana, algo absurdo relacionado con la convivencia. Algo en lo que ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer. “Los dos somos Tauro”, dijo ella, como si acaso eso fuera un insulto. Como si fuera de algún modo ofensivo la manera en la que estaban dispuestas las estrellas mientras salías del coño de tu madre. Creo que todavía me cabreó más que lo dijera. No la veía capaz de hacer un comentario de este tipo de esoterismo pseudocientífico para explicar que estábamos siendo los dos gilipollas y unos malditos orgullosos. Que en lugar de colaborar estábamos compitiendo.  Es el peligro de dejar de estar atento cuando todo va bien. Quedé con Joa...

5- Tercera marcha (acelera un poco más)

La aguja iba perforando mi piel, puntada a puntada, como una máquina de coser, dejando un camino de tinta que, minuto a minuto, hora a hora, iba formando las letras. Primero una C, después una L, después una A, una U, una D, una I, y finalmente una A. “Si queda en tu piel, un lugar en el que puedas ver y consultar siempre, quizás no necesitarás tenerlo tatuado en tu cabeza 24/7”, había dicho David. No me pareció una mala idea, parece hice bien en rodearme de amigos que fueran más listos que yo.  Además, coincidió con que rebuscando en cajas y cajones olvidados de mi casa para preparar la mudanza, encontré un dibujo que Claudia había realizado poco antes de morir. Uno en el que había dibujado a toda la familia, incluso había dibujada a Irene con barriga y le había puesto nombre al futuro bebé. Claudia quería que se llamase “Claudio” en caso de que fuera chico. En caso de que fuera chica quería que se llamara “Claudia dos”. No era la chica más creativa (¿O si?). El tema es que en ese...

4- Segunda marcha (acelera)

Caminaba por la calle, distraído, observando los aparadores. Todo me parecía nuevo. Era extraña la sensación de estar paseando por las mismas calles de siempre, y a la vez, todo parecía distinto, nuevo. Cuando eres alcohólico la realidad se va transformando a tu alrededor sin que la percibas: los aparadores van cambiando, algunas tiendas cierran, otras abren, aparecen restaurantes nuevos, nuevos vecinos… y tú, borracho, solo eres capaz de mirar el suelo. Eso nunca cambia. Los mismo tristes adoquines grises, a juego con la vida. Los colores solo pueden verse mirando hacia arriba. “¿Robi?” – escuché una voz detrás de mí, me giré – “¡Robi! – exclamó, y se acercó con paso acelerado.  Los engranajes de mi mente empezaron a desoxidarse “¿Quién es?” me preguntaba… “¡Qué más da! Si te conoce es que debe ser igual de gilipollas que tú” decía mi Hitler mental. Pero mi mente, sin escuchar, tenía el foco en descubrir quién era la persona que se acercaba, sobre todo porque no sabía si con su pa...

3- Primera marcha (arranca)

Los médicos se equivocan, muchas veces. La Doctora dijo que era imposible sacar los intestinos, el hígado y los pulmones por la boca. A la vez. Correr un quilómetro fue lo justo y necesario para tirar por los suelos toda teoría conocida acerca del cuerpo humano. Un quilómetro y mis vísceras salieron de mi cuerpo en una llamada de socorro. Fue un extraño y desagradable descubrimiento. Si algo tenía el alcohol es que lo mantenía todo en su sitio. Me cagué en los médicos y sus consejos de mierda. Según Lucía, la Doctora Martínez, (sí, que pasa, ya hay “confi” y la puedo llamar por su nombre de pila. Huele a envidia por aquí), estaba haciendo una buena evolución. ¿Buena evolución? ¿Qué es eso? Parece que pasé de simio a bípedo o algo así. Pero parecía contenta que asistiera a las terapias grupales, aunque no servían para una mierda. Poníamos sillas en círculo, se sentaba con nosotros el psicólogo, un señor con bata (que se quitaba al iniciar la terapia como un simbolismo barato de cercanía...

2- Marcha atrás

“Te mueres”, decía la Doctora Martínez.  ¿Por qué los médicos venían siempre con este tipo de mensajes catastróficos, con un deseo macabro de provocar un golpe de efecto definitivo en tu mentalidad? ¿Cambiar tu vida en una frase alarmante? Como si la muerte pudiera ser como una especie de castigo, un umbral que todo ser humano debería alejar y no desear. “Todos nos morimos, Doctora” “Pero usted se morirá pronto si sigue así” “Usted no lo entiende, es que yo en realidad quiero morirme, pero soy demasiado cobarde para hacerlo en un día. Solo quiero reducir mi esperanza de vida tanto como pueda ¿es eso tan raro?” “Es una enfermedad” “Pues erradíquela, es usted la experta” – creo que la Doctora no sabía cómo responderme a eso. “¿Y esta herida?” me preguntó, mirándome la mano. “Una pelea con el gato” “Un gato grande” – decidí callar un rato. La Doctora siguió - “Te han encontrado en coma por la calle, con los pantalones y los calzoncillos bajados, enseñando tus…genitales” – hizo una pau...