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Mostrando entradas de julio, 2017

Capítulo 1

Estaba parado delante de la puerta de entrada del edificio, un bloque viejo de ladrillos vistos medio en ruinas. Iba mirando alternativamente un pedazo de papel pequeño y arrugado que sostenía en la mano y la placa del número del edificio. Coincidían. Con la otra mano secaba el sudor de su frente y se colocaba el pelo (liso y con una alopecia avanzada) hacia atrás. Pero David aún tardó un minuto más comprobando que no se tratara de un error, esperaba que en algún instante o bien la placa o bien su papel cambiaran mágicamente de número y se pudiera ir de ese edificio que probablemente estaba infestado de ratas, cucarachas, putas y yonquis. Finalmente, arrugando toda su cara como un estreñido, decidió entrar. Al abrir, se quedó con el pomo de la puerta en la mano, se quedó mirando con incredulidad esa pieza metálica que si algún día había sido dorada, hoy ya no quedaba ni un atisbo de su pasado, enterrado entre una gruesa capa de suciedad y grasa. La volvió a colocar con cuidado y e...

Pingüino

Entró en el servicio del centro comercial, su vejiga no estaba llena hasta arriba, pero pensó que sería mejor ir menos apurado por si finalmente la chica decidía irse a casa con él y se entretenían por el camino. Decidido, bajo la cremallera de sus "jeans" y dejo la manguera en modo automático, el caudal era expulsado con vehemencia. Una vez hubo vaciado el depósito, hizo unas cuantas sacudidas convincentes a fin de que no quedara ni una gota guardada en la recámara, esa hija-de-puta siempre preparada para salir en el momento menos oportuno dejando su impronta en los más pulcros y puros calzoncillos. Terminada su tarea se acercó a la pica pero, por desgracia de Miguel, una sorpresa vino en el momento de lavarse las manos.  Un gran espejo que ocupaba toda la pared del baño mostraba sin escrúpulos que había cometido algún fallo de cálculos. Unas gotas colocadas estratégicamente en la parte delantera de su pantalón daban fe de ello. Si él se había percatado, ella, observado...

Rizos

Estirados. Tenía la mano derecha apoyada detrás de su espalda y con la izquierda le acariciaba el pelo. Joan tenía el pelo oscuro, largo y rizado que atrapaba sin remedio los dedos de Eva, entonces hacían una suave caricia de regreso para desenredarse y poder seguir tocando una parte distinta de su cabeza. Estaban cara a cara, pero la mirada de Joan atravesaba los ojos de Eva, su piel, su carne, su cabeza... para posarse en un punto fijo y muerto de la pared, ausente de los tactos y las dedicaciones que ella le proporcionaba. Sin haberlo decidido, Eva sopló con fuerza por la nariz, como un acto reflejo al entender el motivo de su turbación. Él enfocó la mirada de nuevo y se percató de la llamada de atención. - Perdona - No hay nada que perdonar. Unos segundos de silencio paralizaron el tiempo en la habitación, los corazones no latían, los músculos se habían vuelto de cera, los dedos de Eva estaban encallados entre de los rizos de Joan, solo se podía percibir algo de vida en el e...