Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2012

Carmen

"Al principio te miraba de reojo, cada día. Apartaba la mirada cuando veía que te girabas y me observabas. Tu luego me dijiste que no te dabas cuenta, que te parecía un ejercicio automático, un tic. Pero para mi y para todo el mundo era más que evidente que me gustabas. Me gustabas demasiado y no me atrevía a gustarte. Fui cobarde por mirarte fingiendo que no te amaba, lo sabías y jugabas." Des de el suelo se hablaba mentalmente. Jonás estaba tumbado boca abajo con la cabeza de lado apoyada en la alfombra del comedor. Iba vestido con una bata suave y un pantalón de lino que utilizaba como pijama. Un vaso estaba tumbado en el suelo a su lado y restos de comida que había pisado varias veces y que ya no se podía reconocer qué tipo de comida había sido. Quizás carne o quizás pasta. Un hilo de baba se desprendía suavemente desde la comisura de sus labios y caía gota a gota en el suelo. Sus pensamientos le dominaban de manera que no podía operar con su cuerpo. "Luego me...

Amoríos del bus

Lo supe desde el primer día, y jamás me lo negué: estaba completamente enamorado de ella. Loco. Desde el primer día. Y después de ese primer día sabía que iba a encontrármela cada día. Allí mismo, en la parada de autobús la tenía cada mañana cuando llegaba. Ya de lejos la veía con su vestido florido y sus zapatos de tacón marrones, unas gafas oscuras en el pelo castaño larguísimo. Preciosa, perfecta. Quizás muy maquillada, demasiado preparada, pero perfecta. Cuando has visto la cara de una mujer más de cinco veces puedes aprender a quitarle el maquillaje por un simple ejercicio mental. Ella seguía siendo preciosa. Nunca me atrevía a decirle nada, tenía miedo de como me mirarían los demás pasajeros que esperaban el autobús. Yo me limitaba a mirarla cada mañana y sonreír, hasta que llegaba mi autobús, y mientras se iba, con la mirada la iba siguiendo hasta que giraba a la esquina y desaparecía de mi vista. A veces tenía la sensación de que ella me miraba. Después de un par de me...

Save me

Apenas había hecho unas horas que nos habíamos conocido. Casi un día. Seguía lloviendo y volví corriendo a su puerta, que había dejado entreabierta, quizás esperando a qué yo volviera, o quizás es que iba colocada y se había olvidado de cerrarla. Un día antes Marga estaba en un bar cualquiera bebiendo sola. Entré yo en un bar cualquiera pensando que es donde estaría mi compañero de trabajo, Juanjo. Pero probablemente me había equivocado de lugar y no tenía teléfono móvil para poder encontrar a Juanjo, así que no tenía otra opción que esperar a qué apareciera o largarme para casa sin podernos encontrar. Seguramente no sería ese bar, puesto que Juanjo debería haber llegado antes que yo, solo me quedaba esperar a qué él decidiera moverse de bar en bar hasta que me encontrase, puesto que si salía a buscarlo, quizás no nos encontraríamos al estar entrando y saliendo de bares los dos. También pensé que quizás los dos estábamos pensando lo mismo, con lo que sería imposible encontrarnos...