Carmen
"Al principio te miraba de reojo, cada día. Apartaba la mirada cuando veía que te girabas y me observabas. Tu luego me dijiste que no te dabas cuenta, que te parecía un ejercicio automático, un tic. Pero para mi y para todo el mundo era más que evidente que me gustabas. Me gustabas demasiado y no me atrevía a gustarte. Fui cobarde por mirarte fingiendo que no te amaba, lo sabías y jugabas."
Des de el suelo se hablaba mentalmente. Jonás estaba tumbado boca abajo con la cabeza de lado apoyada en la alfombra del comedor. Iba vestido con una bata suave y un pantalón de lino que utilizaba como pijama.
Un vaso estaba tumbado en el suelo a su lado y restos de comida que había pisado varias veces y que ya no se podía reconocer qué tipo de comida había sido. Quizás carne o quizás pasta. Un hilo de baba se desprendía suavemente desde la comisura de sus labios y caía gota a gota en el suelo. Sus pensamientos le dominaban de manera que no podía operar con su cuerpo.
"Luego me perdí y me crecí. Llegué a ser otro, llegué a sentirme el mejor, superior. Entonces sí, te miraba sin miedo, sin reojos, directamente. Te miraba y pensaba 'está bien...solo para follársela'. Y así sentía que te dominaba, que te controlaba, que aunque jamás en la vida te fijaras en mí, era porqué era una decisión mía. Un engaño al fin y al cabo. Creyendo que había avanzado como ser, había retrocedido como persona.
(Canción para el relato)
Pero eso a ti te gustaba, Carmen, eso a ti te encantaba. Te encantaba esa actitud despreciable. Te sabías tan preciosa y tan perfecta, algo que no paraban de recordarte constantemente y a diario una horda de hombres de todo tipo, que mi desprecio y mi soberbia te sorprendía. '¿Porqué no me desea como los demás?' te debías preguntar. Y te deseaba tanto y te deseaba más que eso. Pero decírtelo era ser como los demás, y el autoengaño me servía como protección y como reclamo. ¡Oh Carmen, si tu hubieses comprendido todo, qué poco te hubiera importado!"
Cerró los labios y tragó. Seguía teniendo la mejilla mojada pero la saliva cesó de brotar.
"Pero lo dejaste todo y te viniste conmigo. Y fuimos felices como nadie. Fuimos felices como todos. Sin hijos, dueños el uno del otro y de nosotros mismos. Libres en compañía. Jamás volvería a ser tan libre como esos días en los que me sentía atada a ti. Pero se te llevó la desgracia. Se te llevó la desgracia y a mi se me llevó contigo que desde entonces no levanto la cabeza del suelo. En un año no he levantado cabeza ni para mirarme en el espejo, por el miedo de ver que no estás ya ni en mis ojos.
En mi cabeza lo he intentado todo, he intentado matarte, te besaba, te he follado y te he odiado. Te he hecho de todo en sueños, todos los verbos existentes los he practicado en mi cabeza contigo. Porqué te quiero, no sabes cuanto te quiero pero tu jamás lo llegarás a entender.
Jamás llegarás a saber nada de lo que hay después de ti, tu paso, tu ruptura con el tiempo. Eres el antes y el después en mi vida. El fin de mi vida. Todo lo existente cabe en antes de Carmen, con Carmen y después de Carmen. Todo después de Carmen es oscuro, terrible y repugnante."
Con los ojos cerrados, sin lágrimas desde hacía meses. Tenía ese pesar en el qué uno se siente tan abrumado por la tristeza que las lágrimas no tienen fuerzas para salir, se quedan acurrucadas a las antepuertas de los ojos esperando algo de luz, un brillo en el alma que les permita manifestarse y reconocerse.
"Hoy leía la noticia en el periódico, Carmen. Leía la noticia de esta mujer que se ha suicidado, Lorena se llama. Se llamaba. Explicaba que dejó una nota que encontraron los vecinos en la que explicaba que nadie la amaba, nadie la reconocía. Los vecinos tardaron cuatro semanas en darse cuenta que algo iba mal. ¡Cuatro semanas, Carmen! ¿Acaso alguien merece esto? Y yo soy como Lorena. Yo te hubiera amado Lorena, te hubiera amado y te hubiera dado todo lo que quería dar a Carmen. Jamás serías Carmen pero seríamos buenos compañeros, unos artífices en esto del querer, unos trileros, pero al fin y al cabo más amados que mucha costumbre disfrazada de amor"
Jonás sentía perturbación por sus pensamientos, quería pensar que se trataba de algo automático, fuera de su voluntad, exculparse de la secuencia de sus pensamientos. Una justificación insulsa pero suficiente como para no escandalizarse de sí mismo.
Se levantó lentamente del suelo y a medida que se incorporaba, el dolor de cabeza se le iba agudizando hasta que consiguió sentarse en el sofá con la columna torcida. Se quedó mirando fijamente el televisor apagado, como si pudiese llegar a ver sus pensamientos proyectados en el monitor.
"Ahora entiendo el ideal americano de libertad. No lo entendía hasta ahora. La libertad de poder tener una pistola a mano siempre que uno desee y poder volarse los sesos de un tiro: ¡Pum! Sin pensarlo, sin duda, aprietas el gatillo y adiós. Un cuchillo es más difícil, hay un esfuerzo, hay que pensar, hay que apretar, sentir el dolor y no desistir, tiene que ser una carnicería macabra, que no puede ser agradable para nadie.
Lanzarse en algún sitio también, de un edificio o en el tren, hay una espera, esos segundos vacíos en los que uno puede dudar, arrepentirse en el último instante. Con el gatillo no hay duda, aprietas y adiós. No hay que pensarlo mucho, si lo piensas no lo haces"
Jonás se estiró en el sofá y dejó de mirar la pantalla para quedarse inmerso en el movimiento del ventilador del techo. Quedó hipnotizado. Se abrigó con la manta que tenía a mano.
"Hoy se que soñaré contigo, como cada noche. Es lo que hace que pueda dormirme y levantarme cada día, es lo único que me mueve. Soñarte cada noche es lo que hace que te reviva. Porqué si yo me muero, tu te irás conmigo, y necesito mantenernos a los dos con vida.
Necesito destruirme cada noche para para poderte coger de la mano cada día y avanzar".
Des de el suelo se hablaba mentalmente. Jonás estaba tumbado boca abajo con la cabeza de lado apoyada en la alfombra del comedor. Iba vestido con una bata suave y un pantalón de lino que utilizaba como pijama.
Un vaso estaba tumbado en el suelo a su lado y restos de comida que había pisado varias veces y que ya no se podía reconocer qué tipo de comida había sido. Quizás carne o quizás pasta. Un hilo de baba se desprendía suavemente desde la comisura de sus labios y caía gota a gota en el suelo. Sus pensamientos le dominaban de manera que no podía operar con su cuerpo.
"Luego me perdí y me crecí. Llegué a ser otro, llegué a sentirme el mejor, superior. Entonces sí, te miraba sin miedo, sin reojos, directamente. Te miraba y pensaba 'está bien...solo para follársela'. Y así sentía que te dominaba, que te controlaba, que aunque jamás en la vida te fijaras en mí, era porqué era una decisión mía. Un engaño al fin y al cabo. Creyendo que había avanzado como ser, había retrocedido como persona.
(Canción para el relato)
Pero eso a ti te gustaba, Carmen, eso a ti te encantaba. Te encantaba esa actitud despreciable. Te sabías tan preciosa y tan perfecta, algo que no paraban de recordarte constantemente y a diario una horda de hombres de todo tipo, que mi desprecio y mi soberbia te sorprendía. '¿Porqué no me desea como los demás?' te debías preguntar. Y te deseaba tanto y te deseaba más que eso. Pero decírtelo era ser como los demás, y el autoengaño me servía como protección y como reclamo. ¡Oh Carmen, si tu hubieses comprendido todo, qué poco te hubiera importado!"
Cerró los labios y tragó. Seguía teniendo la mejilla mojada pero la saliva cesó de brotar.
"Pero lo dejaste todo y te viniste conmigo. Y fuimos felices como nadie. Fuimos felices como todos. Sin hijos, dueños el uno del otro y de nosotros mismos. Libres en compañía. Jamás volvería a ser tan libre como esos días en los que me sentía atada a ti. Pero se te llevó la desgracia. Se te llevó la desgracia y a mi se me llevó contigo que desde entonces no levanto la cabeza del suelo. En un año no he levantado cabeza ni para mirarme en el espejo, por el miedo de ver que no estás ya ni en mis ojos.
En mi cabeza lo he intentado todo, he intentado matarte, te besaba, te he follado y te he odiado. Te he hecho de todo en sueños, todos los verbos existentes los he practicado en mi cabeza contigo. Porqué te quiero, no sabes cuanto te quiero pero tu jamás lo llegarás a entender.
Jamás llegarás a saber nada de lo que hay después de ti, tu paso, tu ruptura con el tiempo. Eres el antes y el después en mi vida. El fin de mi vida. Todo lo existente cabe en antes de Carmen, con Carmen y después de Carmen. Todo después de Carmen es oscuro, terrible y repugnante."
Con los ojos cerrados, sin lágrimas desde hacía meses. Tenía ese pesar en el qué uno se siente tan abrumado por la tristeza que las lágrimas no tienen fuerzas para salir, se quedan acurrucadas a las antepuertas de los ojos esperando algo de luz, un brillo en el alma que les permita manifestarse y reconocerse.
"Hoy leía la noticia en el periódico, Carmen. Leía la noticia de esta mujer que se ha suicidado, Lorena se llama. Se llamaba. Explicaba que dejó una nota que encontraron los vecinos en la que explicaba que nadie la amaba, nadie la reconocía. Los vecinos tardaron cuatro semanas en darse cuenta que algo iba mal. ¡Cuatro semanas, Carmen! ¿Acaso alguien merece esto? Y yo soy como Lorena. Yo te hubiera amado Lorena, te hubiera amado y te hubiera dado todo lo que quería dar a Carmen. Jamás serías Carmen pero seríamos buenos compañeros, unos artífices en esto del querer, unos trileros, pero al fin y al cabo más amados que mucha costumbre disfrazada de amor"
Jonás sentía perturbación por sus pensamientos, quería pensar que se trataba de algo automático, fuera de su voluntad, exculparse de la secuencia de sus pensamientos. Una justificación insulsa pero suficiente como para no escandalizarse de sí mismo.
Se levantó lentamente del suelo y a medida que se incorporaba, el dolor de cabeza se le iba agudizando hasta que consiguió sentarse en el sofá con la columna torcida. Se quedó mirando fijamente el televisor apagado, como si pudiese llegar a ver sus pensamientos proyectados en el monitor.
"Ahora entiendo el ideal americano de libertad. No lo entendía hasta ahora. La libertad de poder tener una pistola a mano siempre que uno desee y poder volarse los sesos de un tiro: ¡Pum! Sin pensarlo, sin duda, aprietas el gatillo y adiós. Un cuchillo es más difícil, hay un esfuerzo, hay que pensar, hay que apretar, sentir el dolor y no desistir, tiene que ser una carnicería macabra, que no puede ser agradable para nadie.
Lanzarse en algún sitio también, de un edificio o en el tren, hay una espera, esos segundos vacíos en los que uno puede dudar, arrepentirse en el último instante. Con el gatillo no hay duda, aprietas y adiós. No hay que pensarlo mucho, si lo piensas no lo haces"
Jonás se estiró en el sofá y dejó de mirar la pantalla para quedarse inmerso en el movimiento del ventilador del techo. Quedó hipnotizado. Se abrigó con la manta que tenía a mano.
"Hoy se que soñaré contigo, como cada noche. Es lo que hace que pueda dormirme y levantarme cada día, es lo único que me mueve. Soñarte cada noche es lo que hace que te reviva. Porqué si yo me muero, tu te irás conmigo, y necesito mantenernos a los dos con vida.
Necesito destruirme cada noche para para poderte coger de la mano cada día y avanzar".
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