Save me
Apenas había hecho unas horas que nos habíamos conocido. Casi un día. Seguía lloviendo y volví corriendo a su puerta, que había dejado entreabierta, quizás esperando a qué yo volviera, o quizás es que iba colocada y se había olvidado de cerrarla.
Un día antes Marga estaba en un bar cualquiera bebiendo sola. Entré yo en un bar cualquiera pensando que es donde estaría mi compañero de trabajo, Juanjo. Pero probablemente me había equivocado de lugar y no tenía teléfono móvil para poder encontrar a Juanjo, así que no tenía otra opción que esperar a qué apareciera o largarme para casa sin podernos encontrar.
Seguramente no sería ese bar, puesto que Juanjo debería haber llegado antes que yo, solo me quedaba esperar a qué él decidiera moverse de bar en bar hasta que me encontrase, puesto que si salía a buscarlo, quizás no nos encontraríamos al estar entrando y saliendo de bares los dos.
También pensé que quizás los dos estábamos pensando lo mismo, con lo que sería imposible encontrarnos puesto que cada uno esperaba que el otro lo encontrase. Además, Juanjo no sabía que yo en realidad estaba en otro bar esperándole. Así que decidí beber, parecía mejor idea que caminar.
Al cabo de dos horas entró Marga en el bar. Yo, por supuesto, no sabía que era Marga. Entró tambaleándose borracha, aunque eso no llama mucho la atención a esas horas. Poco después se fue. Por lo que supe después, fue a pillar algo. Le comió la polla en el baño a un tipo calvo para que le comprara un poco de caballo. Hubiera preferido no saberlo nunca.
Al cabo de una hora decidí que era hora de irse a casa, había bebido bastante y la excusa de esperar a ver si Juanjo llegaría ya no serviría, estaba saciado. Cuando llegué al portal de casa, me di cuenta que justo en la acera de enfrente había una mujer tirada en el suelo, su cara me sonaba de haberla visto esa noche en el bar, pero no estaba muy seguro.
Abrí la puerta que da a la calle de mi casa e iba a cerrarla, pero una parte de mi sintió lástima por estar dejando a alguien en la calle a esas horas sin hacer nada. Mi consciencia me la jugó. Salí y me acerqué a ella, respiraba muy lentamente y balbuceaba.
- Hola, perdona, estás bien? - no respondía - Hola, despierta chica, vives por aquí?.
Le di unos toques en la mejilla para que reaccionara y noté mi mano mojada. Tenía vómito en la mejilla y un poco en el suelo a su lado.
- Puedes levantarte? Llamaré a una ambulancia si no te puedes levantar... - no funcionaba tampoco amenazarla.
Me senté a su lado y vi que tenía el bolso abierto, pensé que sería buena idea mirar su dirección o encontrar algún número de referencia en su teléfono para poder llamar. Al abrir la cartera lo primero que encontré fue su documento de identidad. Efectivamente, la chica vivía en esa calle en la que estábamos sentados y en el número donde la chica se había quedado dormida. Quizás no había encontrado a nadie en casa o quizás vivía sola y había perdido las llaves.
Seguí mirando su bolso temiendo que alguien viera la escena y se pensara que la estaba robando. No encontré ningunas llaves. "Y si toco el timbre?" pensé, parecía sensato, y me incorporé.
- Axel hijo de puta, llevo dos horas en la puerta cabrón. Porqué no me abrías?
Más o menos eso es lo que entendí, apenas movía la mandíbula para hablar.
- Yo no soy Axel, soy un vecino de la calle, vives aquí verdad? Llamamos al timbre?
- Calla imbécil y súbeme a casa
- Yo no soy Axel... has tomado algo que no te ha sentado bien.
- Otra vez por tu culpa gilipollas, me he metido otro pico y me he follado a otro porqué eres un cabrón miserable.
Se le volvieron a caer los párpados y dejó de responder a mis palabras de nuevo. Pensé que lo mejor sería sacarla de la calle antes de que alguien le robara o se aprovechara de esa situación, así que la podría poner a dormir en el sofá, como mínimo al día siguiente se podría despertar tranquilamente e irse de vuelta a casa.
Intenté levantarla y a pesar del esfuerzo al principio era imposible, parecía muerta. Poco a poco recobró un poco el conocimiento y colaboró aguantando el equilibrio. La subí en el ascensor, abrí la puerta de mi casa, y cuando iba a tirarla en el sofá pensé que igual sería mejor que descansara en la cama, puesto que yo iba a dormir menos horas que ella, y no descansaría bien en el comedor.
La tiré en la cama, le quité los zapatos y los pantalones, me fije que tenía algunos moratones en las piernas y otro en el cuello. "Ese tal Axel igual si es un cabrón miserable..." pensé para mis adentros.
Esta mañana se puso a llover y no ha parado en todo el día. Marga se levantó al mediodía, apareció en el comedor desorientada y con mi albornoz puesto:
- Quien eres y que hago aquí?
- Buenos días... - Marga se tapó la cara y emitió un ruido ronco.
- Oh Dios... me he acostado contigo, Axel me va a matar. Dios mío, seguro que me ha llamado treinta veces... dame un teléfono para llamar. El mío estará sin batería - las maneras de Marga no eran las más refinadas.
- Claro, ahí al fondo lo tienes, aun así estás a un minuto de tu casa.
- Donde estamos?
- En el edificio de delante, soy vecino tuyo podríamos decir, te recogí del suelo ayer por la noche, estabas delante del portal de tu casa.
- Puto Axel! Será mamón el tío! Me dejó en la puta calle porqué llegué... ehm....
- Colocada?
- Bueno...
- Tranquila, puedes decirlo, tal y como estabas no hay otra explicación. Y puedes estar doblemente tranquila, no hicimos nada de lo que te pudieras arrepentir.
- Mira guapo, no me hubiera arrepentido de nada si te hubiera follado, visto lo visto, pero tengo algo de dignidad y respeto a Axel. - luego sabría que no.
- Parece que él no te tiene el mismo respeto ni la misma dignidad... - Marga bajó los ojos primero, pero luego me los clavó como puñales - ... aunque no debería meterme, simplemente intenté ayudarte.
- Puedo ducharme?
- Claro, tienes lo que necesites. Veo que tienes las piernas destrozadas. ¿A qué te dedicas que te machaque tanto? - lo pregunté con cierta inocencia, que pareciera que me interesaba por su salud y no por su vida privada.
Marga se miró las piernas, se sobresaltó e intentó cubrirse con un trozo del albornoz. Respondió dubitativa, lenta, lo suficiente como para darme la razón.
- Pues... ahora mismo no trabajo... y bueno, esto... a veces me doy golpes cuando siento rabia.
Me pareció una respuesta excelente, cualquier otra hubiera sonado poco convincente. Mejor parecer una desequilibrada que una maltratada. Aunque ambas cosas podían ser ciertas a la vez.
Marga se duchó y quedó como nueva. Se vistió solo con mi albornoz y perdió completamente la cara de yonki. Solo le quedaban los ojos un poco hundidos y debajo una ligera sombra oscura.
- ¿Mejor?
- Si, gracias...
- Bueno, quizás deberías irte pronto... Axel te estará esperando.
Y rompió a llorar. Rompió a llorar descarnadamente, desesperadamente. Esas sombras de sus ojos se convirtieron en nubes tormentosas. Gritaba y sollozaba, era imposible consolarla. Me acerqué y la abracé pero lloró aún más. No quería amor ni creía merecerlo, eso tardé en comprenderlo, pero entendí que era lo que ella creía. Así que me alejé y dejó de gritar, pero seguían cayendo lágrimas de sus ojos. Empezó a hablar y aunque estuviera llorando su tono de voz era normal.
- Es un hijo de puta, me va a pegar una paliza, y me la merezco.
- ¿Porqué sigues con él?
- Mira, no te conozco, pero voy a serte absolutamente sincera porqué no tengo nada qué perder. Voy a decirte lo que quieras saber. No quiero mentirte. No quiero que me mientas. No se quien eres ni siquiera como te llamas. No quiero saberlo, yo soy Margarita, Marga, ya lo sabías. Pero necesito algo o alguien a lo qué decir lo que pienso y lo que soy. Te ha tocado majo.
- De acuerdo.
- Sigo con él porqué estoy pillada por los cojones, bueno, por los ovarios. Joder, lo que sea. Axel paga los gastos del piso porqué no tengo un puto duro. Estoy enganchada a mi vida de mierda, no la puedo ver distinta, la veo sin futuro, con lo que es ahora indefinidamente. Tengo la jodida sensación de que solo así puede ser eterna. Es mierda pero es una mierda estable. Axel estará siempre ahí. Lo que me meto solo lo hace más llevadero. Soy tonta, soy estúpida y he perdido el control de mi vida.
- ¿Y no se te ocurre nada para recuperarlo?
- Sí, a veces si. Huir, desaparecer de aquí, ser otra, no ser Marga. Marga es la mierda, mi nombre es el que está impregnada de mierda, no mi ADN, si no mi identidad. Solo puedo ser otra a veces, en mi fantasía, en mi imaginación, pero luego desaparece, luego me miro al espejo y veo que soy yo y no puedo evitarlo. Pero, ¿y tú, qué tipo de vida llevas? Quiero saber quien me juzga. Si vas a saber mi mierda quiero saber un poco de la tuya.
- No te juzgo, intento entenderte. Yo trabajo en un bar por las tardes, llevamos un bar a medias con un amigo. Trabajo 8 horas al día. Luego o leo o veo una película, a veces con amigos. Por las mañanas paseo. Así cada día.
- ¿Porqué crees que tu vida es mejor que la mía?
- No la cuento como si fuera mejor. Yo no me canso de lo que hago, cada día lo quiero así. Estoy atrapado en una cárcel que tiene lo que necesito, y hasta me abre la puerta a veces. Imagino que la diferencia es la angustia que le pueda generar a uno. No hay una mejor o peor manera de vivir si no molestas a nadie y a ti te hace bien...
- Nadie daría un futuro nuevo a una drogadicta. No tengo ni se otra manera de vivir que no sea esta... ¿Tú te casarías conmigo?
Y fue terminar la frase que el teléfono empezó a sonar. Pues si tenía batería. Ella me miró con cara de sorpresa y espanto. Cogió el teléfono y decidí apartarme a otra habitación. Intentaba no escuchar pero era inevitable que se oyeran ciertos fragmentos, ella se disculpaba "lo siento mucho, no he hecho nada", luego pasó a indignarse "no me insultes, que no he hecho nada", luego pasó a enrabiarse "hijo de puta, no se te ocurra insultarme", y luego terminó en redención, pidiendo misericordia "por favor no me abandones, enseguida estoy allí".
Me miró, me dijo que se tenía que ir, que lo sentía y que gracias. Cerró la puerta y se fue. Me senté y pensé. Sentí lástima. Lástima por una persona de la cuál no sabía nada, lástima por verla tan desgraciada. Sentía una lástima profunda por haber tenido que conocerla y por haber tenido que saber qué su vida era repugnante. Lástima por verla sin fuerzas para cambiar. Lástima por pensar (que eso sería aun peor) que aunque tuviera las fuerzas, al final no lo haría, al final escogería esa vida. Escogería no escoger. Escogería malo conocido que bueno por conocer. Sentía lástima por saber que aun sabiendo qué podía hacer ella para cambiar su vida, no lo iba a hacer.
Me sentí luego abrumado por mis pensamientos, por creerme con algún derecho de juzgar el tipo de vida qué llevaba cuando lo había escogido ella. ¿Pero no había dicho que se sentía acorralada?, o asustada. Decía algo como que era la única manera de ser eterna, en el fondo buscaba una rutina. Como todos. Al fin y al cabo, nos destrozamos las rutinas para crearnos algún tipo de actividad emocional, para recordarnos que somos libres, que podemos serlo cuando queramos y ¡he aquí la demostración!, rompiendo lo inmutable en nuestras vidas. ¿Para qué? Para luego crearnos otras rutinas distintas, y parecernos que todo ha cambiado, que las de ahora son mejores que las de antes, que los tiempos viejos siempre fueron peores, que sabemos lo que nos hacemos, que manejamos, que controlamos, somos Dioses de nuestras vidas, los amos y los señores, los autoconocidos. Al fin y al cabo, me hace pensar, que no demostramos otra cosa que nuestra tremenda y profunda infelicidad. Infelicidad por destruir lo único que funciona en nuestras vidas, para después (se supone que) construir un nuevo modo de vivir mejor. Una trampa mental, eso es lo eterno. Quien se contenta con lo que hace no necesita cambios, solo algún progreso escalonado y de vez en cuando. Quien tiene la paz busca que se perpetúe, que se mantenga. Eso hace Marga con cada gota de destrucción.
¿Pero y qué debería hacer con Marga, ir a buscarla o dejar que continúe con su rutina? Pero la paz de Marga es distinta, Marga tiene la idea pero no tiene la forma. Marga se maltrata para encontrar la paz. Paga por la paz un precio que puede que sea que algún día pierda la posibilidad de poseerla para siempre. Marga necesitaba ayuda.
Despertaba en mi ese especie de sentimiento de salvador, de protector. Seguramente no me necesitaba, no necesitaba que la salvasen, pero yo sí, yo si necesitaba salvarla. Marga podía llevar una vida distinta y podía llegar a desearla si la concebía. Como cuando alguien no tiene hambre pero huele ese olor a croissant, a pastelería, a panadería, incluso un restaurante chino, un escaparate con alimentos preparados... entonces el hambre aparece. A veces no hay deseo hasta que aparece el objeto de deseo. Quizás Marga podía cambiar cuando supiese que podía cambiar. No deseaba cambiar porqué no había nada que cambiar. Pero ¿y ese ofrecimiento último? "tú te casarías conmigo?" ¿que era si no una ranura, vislumbrar una nueva salida sin dejar de ser Marga?
(Click para poner música)
Me fui corriendo a perseguirla.
Y aquí estaba, como empecé a contar todo esto. Delante de la puerta de su casa abierta. Quizás sabía que vendría tras ella, o quizás se ha metido droga antes de hablar con Axel y se había olvidado de cerrarla. ¿Y qué hago yo si me encuentro delante suyo? No se qué pollas se me pasaba por la cabeza para hacer algo así. Pero entré sin decir nada. La puerta chirrió. Se oía algún sollozo. Seguí por el pasillo, al final había el comedor donde parecía que procedían los sollozos.
Me encontré a Marga sentada en el suelo que se tapaba la cara. En la mesa había un tubo metálico y restos de cocaína. Quizás no había salida para ella.
- Marga...
Se sobresaltó, quitó las manos de la cara, estaba roja y llena de lágrimas, con un moratón debajo del ojo y un poco de sangre en la nariz que se había mezclado con las lágrimas y le había dejado los dedos manchados.
- Se ha ido, no está, pero volverá. Ha hecho lo que debía, soy mala persona, no le hago feliz.
- ¡Marga! He venido aquí para decirte algo importante. Eso que dijiste, dijiste que teníamos que decirlo todo, no mentir, no ocultarnos las cosas. Eso destroza a la gente. Pues bien, voy a hacerlo. Voy a hacer lo que dijiste. Quiero cambiar mi rutina, quiero romperla. No voy a dejar que se me escape esto, que se te escape a ti. No te dejaré escapar, no dejaré que huyas ni que te destruyas. No vengo a salvarte ni a ayudarte, vengo a ayudarme a mí, a cambiar mi vida. He escuchado en casa todo lo que me has contado. Pues bien, ahora escúchame tu. Eres una buena persona, una excelente persona y no dejaré que te me escapes. No lo sé, no te conozco pero lo veo. Lo siento. No seguiré que sigas diciendo que eres tonta y cosas parecidas. No lo voy a permitir. Si quieres estar conmigo, pues estás conmigo... ¿Entendido?
Sonrió, por primera vez en un día.
Un día antes Marga estaba en un bar cualquiera bebiendo sola. Entré yo en un bar cualquiera pensando que es donde estaría mi compañero de trabajo, Juanjo. Pero probablemente me había equivocado de lugar y no tenía teléfono móvil para poder encontrar a Juanjo, así que no tenía otra opción que esperar a qué apareciera o largarme para casa sin podernos encontrar.
Seguramente no sería ese bar, puesto que Juanjo debería haber llegado antes que yo, solo me quedaba esperar a qué él decidiera moverse de bar en bar hasta que me encontrase, puesto que si salía a buscarlo, quizás no nos encontraríamos al estar entrando y saliendo de bares los dos.
También pensé que quizás los dos estábamos pensando lo mismo, con lo que sería imposible encontrarnos puesto que cada uno esperaba que el otro lo encontrase. Además, Juanjo no sabía que yo en realidad estaba en otro bar esperándole. Así que decidí beber, parecía mejor idea que caminar.
Al cabo de dos horas entró Marga en el bar. Yo, por supuesto, no sabía que era Marga. Entró tambaleándose borracha, aunque eso no llama mucho la atención a esas horas. Poco después se fue. Por lo que supe después, fue a pillar algo. Le comió la polla en el baño a un tipo calvo para que le comprara un poco de caballo. Hubiera preferido no saberlo nunca.
Al cabo de una hora decidí que era hora de irse a casa, había bebido bastante y la excusa de esperar a ver si Juanjo llegaría ya no serviría, estaba saciado. Cuando llegué al portal de casa, me di cuenta que justo en la acera de enfrente había una mujer tirada en el suelo, su cara me sonaba de haberla visto esa noche en el bar, pero no estaba muy seguro.
Abrí la puerta que da a la calle de mi casa e iba a cerrarla, pero una parte de mi sintió lástima por estar dejando a alguien en la calle a esas horas sin hacer nada. Mi consciencia me la jugó. Salí y me acerqué a ella, respiraba muy lentamente y balbuceaba.
- Hola, perdona, estás bien? - no respondía - Hola, despierta chica, vives por aquí?.
Le di unos toques en la mejilla para que reaccionara y noté mi mano mojada. Tenía vómito en la mejilla y un poco en el suelo a su lado.
- Puedes levantarte? Llamaré a una ambulancia si no te puedes levantar... - no funcionaba tampoco amenazarla.
Me senté a su lado y vi que tenía el bolso abierto, pensé que sería buena idea mirar su dirección o encontrar algún número de referencia en su teléfono para poder llamar. Al abrir la cartera lo primero que encontré fue su documento de identidad. Efectivamente, la chica vivía en esa calle en la que estábamos sentados y en el número donde la chica se había quedado dormida. Quizás no había encontrado a nadie en casa o quizás vivía sola y había perdido las llaves.
Seguí mirando su bolso temiendo que alguien viera la escena y se pensara que la estaba robando. No encontré ningunas llaves. "Y si toco el timbre?" pensé, parecía sensato, y me incorporé.
- Axel hijo de puta, llevo dos horas en la puerta cabrón. Porqué no me abrías?
Más o menos eso es lo que entendí, apenas movía la mandíbula para hablar.
- Yo no soy Axel, soy un vecino de la calle, vives aquí verdad? Llamamos al timbre?
- Calla imbécil y súbeme a casa
- Yo no soy Axel... has tomado algo que no te ha sentado bien.
- Otra vez por tu culpa gilipollas, me he metido otro pico y me he follado a otro porqué eres un cabrón miserable.
Se le volvieron a caer los párpados y dejó de responder a mis palabras de nuevo. Pensé que lo mejor sería sacarla de la calle antes de que alguien le robara o se aprovechara de esa situación, así que la podría poner a dormir en el sofá, como mínimo al día siguiente se podría despertar tranquilamente e irse de vuelta a casa.
Intenté levantarla y a pesar del esfuerzo al principio era imposible, parecía muerta. Poco a poco recobró un poco el conocimiento y colaboró aguantando el equilibrio. La subí en el ascensor, abrí la puerta de mi casa, y cuando iba a tirarla en el sofá pensé que igual sería mejor que descansara en la cama, puesto que yo iba a dormir menos horas que ella, y no descansaría bien en el comedor.
La tiré en la cama, le quité los zapatos y los pantalones, me fije que tenía algunos moratones en las piernas y otro en el cuello. "Ese tal Axel igual si es un cabrón miserable..." pensé para mis adentros.
Esta mañana se puso a llover y no ha parado en todo el día. Marga se levantó al mediodía, apareció en el comedor desorientada y con mi albornoz puesto:
- Quien eres y que hago aquí?
- Buenos días... - Marga se tapó la cara y emitió un ruido ronco.
- Oh Dios... me he acostado contigo, Axel me va a matar. Dios mío, seguro que me ha llamado treinta veces... dame un teléfono para llamar. El mío estará sin batería - las maneras de Marga no eran las más refinadas.
- Claro, ahí al fondo lo tienes, aun así estás a un minuto de tu casa.
- Donde estamos?
- En el edificio de delante, soy vecino tuyo podríamos decir, te recogí del suelo ayer por la noche, estabas delante del portal de tu casa.
- Puto Axel! Será mamón el tío! Me dejó en la puta calle porqué llegué... ehm....
- Colocada?
- Bueno...
- Tranquila, puedes decirlo, tal y como estabas no hay otra explicación. Y puedes estar doblemente tranquila, no hicimos nada de lo que te pudieras arrepentir.
- Mira guapo, no me hubiera arrepentido de nada si te hubiera follado, visto lo visto, pero tengo algo de dignidad y respeto a Axel. - luego sabría que no.
- Parece que él no te tiene el mismo respeto ni la misma dignidad... - Marga bajó los ojos primero, pero luego me los clavó como puñales - ... aunque no debería meterme, simplemente intenté ayudarte.
- Puedo ducharme?
- Claro, tienes lo que necesites. Veo que tienes las piernas destrozadas. ¿A qué te dedicas que te machaque tanto? - lo pregunté con cierta inocencia, que pareciera que me interesaba por su salud y no por su vida privada.
Marga se miró las piernas, se sobresaltó e intentó cubrirse con un trozo del albornoz. Respondió dubitativa, lenta, lo suficiente como para darme la razón.
- Pues... ahora mismo no trabajo... y bueno, esto... a veces me doy golpes cuando siento rabia.
Me pareció una respuesta excelente, cualquier otra hubiera sonado poco convincente. Mejor parecer una desequilibrada que una maltratada. Aunque ambas cosas podían ser ciertas a la vez.
Marga se duchó y quedó como nueva. Se vistió solo con mi albornoz y perdió completamente la cara de yonki. Solo le quedaban los ojos un poco hundidos y debajo una ligera sombra oscura.
- ¿Mejor?
- Si, gracias...
- Bueno, quizás deberías irte pronto... Axel te estará esperando.
Y rompió a llorar. Rompió a llorar descarnadamente, desesperadamente. Esas sombras de sus ojos se convirtieron en nubes tormentosas. Gritaba y sollozaba, era imposible consolarla. Me acerqué y la abracé pero lloró aún más. No quería amor ni creía merecerlo, eso tardé en comprenderlo, pero entendí que era lo que ella creía. Así que me alejé y dejó de gritar, pero seguían cayendo lágrimas de sus ojos. Empezó a hablar y aunque estuviera llorando su tono de voz era normal.
- Es un hijo de puta, me va a pegar una paliza, y me la merezco.
- ¿Porqué sigues con él?
- Mira, no te conozco, pero voy a serte absolutamente sincera porqué no tengo nada qué perder. Voy a decirte lo que quieras saber. No quiero mentirte. No quiero que me mientas. No se quien eres ni siquiera como te llamas. No quiero saberlo, yo soy Margarita, Marga, ya lo sabías. Pero necesito algo o alguien a lo qué decir lo que pienso y lo que soy. Te ha tocado majo.
- De acuerdo.
- Sigo con él porqué estoy pillada por los cojones, bueno, por los ovarios. Joder, lo que sea. Axel paga los gastos del piso porqué no tengo un puto duro. Estoy enganchada a mi vida de mierda, no la puedo ver distinta, la veo sin futuro, con lo que es ahora indefinidamente. Tengo la jodida sensación de que solo así puede ser eterna. Es mierda pero es una mierda estable. Axel estará siempre ahí. Lo que me meto solo lo hace más llevadero. Soy tonta, soy estúpida y he perdido el control de mi vida.
- ¿Y no se te ocurre nada para recuperarlo?
- Sí, a veces si. Huir, desaparecer de aquí, ser otra, no ser Marga. Marga es la mierda, mi nombre es el que está impregnada de mierda, no mi ADN, si no mi identidad. Solo puedo ser otra a veces, en mi fantasía, en mi imaginación, pero luego desaparece, luego me miro al espejo y veo que soy yo y no puedo evitarlo. Pero, ¿y tú, qué tipo de vida llevas? Quiero saber quien me juzga. Si vas a saber mi mierda quiero saber un poco de la tuya.
- No te juzgo, intento entenderte. Yo trabajo en un bar por las tardes, llevamos un bar a medias con un amigo. Trabajo 8 horas al día. Luego o leo o veo una película, a veces con amigos. Por las mañanas paseo. Así cada día.
- ¿Porqué crees que tu vida es mejor que la mía?
- No la cuento como si fuera mejor. Yo no me canso de lo que hago, cada día lo quiero así. Estoy atrapado en una cárcel que tiene lo que necesito, y hasta me abre la puerta a veces. Imagino que la diferencia es la angustia que le pueda generar a uno. No hay una mejor o peor manera de vivir si no molestas a nadie y a ti te hace bien...
- Nadie daría un futuro nuevo a una drogadicta. No tengo ni se otra manera de vivir que no sea esta... ¿Tú te casarías conmigo?
Y fue terminar la frase que el teléfono empezó a sonar. Pues si tenía batería. Ella me miró con cara de sorpresa y espanto. Cogió el teléfono y decidí apartarme a otra habitación. Intentaba no escuchar pero era inevitable que se oyeran ciertos fragmentos, ella se disculpaba "lo siento mucho, no he hecho nada", luego pasó a indignarse "no me insultes, que no he hecho nada", luego pasó a enrabiarse "hijo de puta, no se te ocurra insultarme", y luego terminó en redención, pidiendo misericordia "por favor no me abandones, enseguida estoy allí".
Me miró, me dijo que se tenía que ir, que lo sentía y que gracias. Cerró la puerta y se fue. Me senté y pensé. Sentí lástima. Lástima por una persona de la cuál no sabía nada, lástima por verla tan desgraciada. Sentía una lástima profunda por haber tenido que conocerla y por haber tenido que saber qué su vida era repugnante. Lástima por verla sin fuerzas para cambiar. Lástima por pensar (que eso sería aun peor) que aunque tuviera las fuerzas, al final no lo haría, al final escogería esa vida. Escogería no escoger. Escogería malo conocido que bueno por conocer. Sentía lástima por saber que aun sabiendo qué podía hacer ella para cambiar su vida, no lo iba a hacer.
Me sentí luego abrumado por mis pensamientos, por creerme con algún derecho de juzgar el tipo de vida qué llevaba cuando lo había escogido ella. ¿Pero no había dicho que se sentía acorralada?, o asustada. Decía algo como que era la única manera de ser eterna, en el fondo buscaba una rutina. Como todos. Al fin y al cabo, nos destrozamos las rutinas para crearnos algún tipo de actividad emocional, para recordarnos que somos libres, que podemos serlo cuando queramos y ¡he aquí la demostración!, rompiendo lo inmutable en nuestras vidas. ¿Para qué? Para luego crearnos otras rutinas distintas, y parecernos que todo ha cambiado, que las de ahora son mejores que las de antes, que los tiempos viejos siempre fueron peores, que sabemos lo que nos hacemos, que manejamos, que controlamos, somos Dioses de nuestras vidas, los amos y los señores, los autoconocidos. Al fin y al cabo, me hace pensar, que no demostramos otra cosa que nuestra tremenda y profunda infelicidad. Infelicidad por destruir lo único que funciona en nuestras vidas, para después (se supone que) construir un nuevo modo de vivir mejor. Una trampa mental, eso es lo eterno. Quien se contenta con lo que hace no necesita cambios, solo algún progreso escalonado y de vez en cuando. Quien tiene la paz busca que se perpetúe, que se mantenga. Eso hace Marga con cada gota de destrucción.
¿Pero y qué debería hacer con Marga, ir a buscarla o dejar que continúe con su rutina? Pero la paz de Marga es distinta, Marga tiene la idea pero no tiene la forma. Marga se maltrata para encontrar la paz. Paga por la paz un precio que puede que sea que algún día pierda la posibilidad de poseerla para siempre. Marga necesitaba ayuda.
Despertaba en mi ese especie de sentimiento de salvador, de protector. Seguramente no me necesitaba, no necesitaba que la salvasen, pero yo sí, yo si necesitaba salvarla. Marga podía llevar una vida distinta y podía llegar a desearla si la concebía. Como cuando alguien no tiene hambre pero huele ese olor a croissant, a pastelería, a panadería, incluso un restaurante chino, un escaparate con alimentos preparados... entonces el hambre aparece. A veces no hay deseo hasta que aparece el objeto de deseo. Quizás Marga podía cambiar cuando supiese que podía cambiar. No deseaba cambiar porqué no había nada que cambiar. Pero ¿y ese ofrecimiento último? "tú te casarías conmigo?" ¿que era si no una ranura, vislumbrar una nueva salida sin dejar de ser Marga?
(Click para poner música)
Me fui corriendo a perseguirla.
Y aquí estaba, como empecé a contar todo esto. Delante de la puerta de su casa abierta. Quizás sabía que vendría tras ella, o quizás se ha metido droga antes de hablar con Axel y se había olvidado de cerrarla. ¿Y qué hago yo si me encuentro delante suyo? No se qué pollas se me pasaba por la cabeza para hacer algo así. Pero entré sin decir nada. La puerta chirrió. Se oía algún sollozo. Seguí por el pasillo, al final había el comedor donde parecía que procedían los sollozos.
Me encontré a Marga sentada en el suelo que se tapaba la cara. En la mesa había un tubo metálico y restos de cocaína. Quizás no había salida para ella.
- Marga...
Se sobresaltó, quitó las manos de la cara, estaba roja y llena de lágrimas, con un moratón debajo del ojo y un poco de sangre en la nariz que se había mezclado con las lágrimas y le había dejado los dedos manchados.
- Se ha ido, no está, pero volverá. Ha hecho lo que debía, soy mala persona, no le hago feliz.
- ¡Marga! He venido aquí para decirte algo importante. Eso que dijiste, dijiste que teníamos que decirlo todo, no mentir, no ocultarnos las cosas. Eso destroza a la gente. Pues bien, voy a hacerlo. Voy a hacer lo que dijiste. Quiero cambiar mi rutina, quiero romperla. No voy a dejar que se me escape esto, que se te escape a ti. No te dejaré escapar, no dejaré que huyas ni que te destruyas. No vengo a salvarte ni a ayudarte, vengo a ayudarme a mí, a cambiar mi vida. He escuchado en casa todo lo que me has contado. Pues bien, ahora escúchame tu. Eres una buena persona, una excelente persona y no dejaré que te me escapes. No lo sé, no te conozco pero lo veo. Lo siento. No seguiré que sigas diciendo que eres tonta y cosas parecidas. No lo voy a permitir. Si quieres estar conmigo, pues estás conmigo... ¿Entendido?
Sonrió, por primera vez en un día.
Comentarios
Sería interesante saber hasta dónde llegan Marga y Esperanza juntas.
Esperanza es una buena amiga. Aunque nos tiene siempre esperando es la única que nos ayuda a no desesperar.