1- Punto Muerto
Vértigo, náuseas, un vaso roto en el suelo, una mezcla entre bourbon y un hielo convertido ya en agua esparcida por un parqué que por si solo ya daba asco, un corte en la palma de la mano. Mareo, mareo, mareo. “Aguanta de pie, Robi, aguanta de pie. Dime ¿Cuántas veces te has tambaleado, has fregado el suelo con la punta de la nariz sin llegar a caerte? ¿Cuántas? ¡Maldita sea!” Y con ese pensamiento, quizás incluso dicho en voz alta, ese pequeño mensaje de autoayuda barata, decadentemente pretencioso, intentaba sostenerme entre las paredes del pasillo, dejando un reguero de gotas de sangre entre el suelo y la pared, dejando una estela escenográfica parecida a un Resident Evil. Sin muertos y solo con un zombi: Yo. Cuando sospechaba que no podía ponerme más en ridículo, me sorprendía a mi mismo batiendo mis propios récords. Cagarme encima a estas alturas de la vida ya era “mainstream”, una broma interna que solo tenía gracia conmigo mismo. “La cura a tu enfermedad es el amor”, decía ...