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Mostrando entradas de 2014

Diosa de la Guerra

Salía del baño. Notaba mi frente sudada, gotas gordas caían entre mis cejas y por la sien. Me sentía nervioso, me movía inquieto, me temblaba la voz. Podía sentir como de las axilas de mi camisa se iba acumulando un sudor que ya era perceptible a la vista de cualquiera que estuviera cerca, y pronto iba a ser perceptible también su olor. Notaba como la gente a mi alrededor me miraba, no con extrañeza, no juzgándome, simplemente eran observadores pasivos, un público muerto imposible de impresionar pero atento a cualquier situación que se saliera de su normalidad, algo que se saliera de su café con croissant y su zumo de naranja, algo que se saliera de su periódico local con noticias aterradoras leídas con una mirada aséptica. Ver a un individuo pasar un mal rato tampoco les producía ningún tipo de emoción especial en sus vidas rutinarias y fabricadas en serie, pero quizás era más emocionante que pensar en su desgraciada y pobre existencia. Ahí estaba yo en medio de un bar mal decor...

Relevante

Sentía fatiga, una gran e infinita fatiga. Una fatiga incansable. Tras tres días sin salir de casa, tumbado en la cama, a veces llorando y a veces escuchando música que me hacía llorar, música que me hacía pensar en ella y especialmente por eso me hacía llorar. Tenía dieciséis años y me veía en el centro del mundo, en el centro del universo, en el centro de un agujero negro. Era un viernes, el segundo de mayo, cinco y media de la tarde, tras las clases, estábamos paseando y no quería que nos cogiésemos de la mano, algo raro pasaba, pero sabiendo que Claudia era rara, tenía una explicación suficientemente válida como para no tener que preocuparme. Claudia era rara. Ahora con retrospectiva puedo ver que la última semana había sido más rara y distante entre nosotros de lo que se suponía que debiere ser en una relación entre adolescentes. Claudia era una chica de mi clase, habíamos ido a clase juntos desde que habíamos empezado la Primaria y se suponía que íbamos a terminar el ins...

Hipocondría

No importa mi nombre si no quién o qué soy. Y si me preguntas qué o quién soy, ahora mismo te respondería que soy hipocondríaco. Si algo me define, sin duda alguna es esto. Soy consciente plenamente de ello, pero en mis ataques hipocondríacos no distingo si lo que me ocurre es cierto o es una falsa alarma. Puedo definir toda mi vida a través de este patrón, por esa razón si me preguntas qué, quién o cómo soy te diré que hipocondríaco. Comúnmente la hipocondría es conocida por creer tener alguna enfermedad grave sin fundamento, aunque yo diría que se puede y se debería definir de un modo completamente distinto. En mi caso además, hay fundamento, el miedo no aparece tras la nada, siempre tras una reacción física, un dolor abdominal, una presión en el cráneo, un palpitar extraño en mi corazón… todas estas cosas pueden ser fácilmente síntomas de apendicitis, de un tumor cerebral o de un paro cardíaco. Hipocondría es vivir cada día pensando en qué vas a morir. Es ser un ser para l...

Microrelat de 75 paraules (V) i últim

Entre la vida i la mort. Suor freda. Penses que ningú té dret a decidir si algú mereix viure o morir, però les persones ens prenem la justícia per la nostra mà. No és just, però no importa. Costa imaginar el que es sent quan t’apunten amb una pistola al cap, és difícil. Però algú es pregunta mai com es sent aquell que està apuntant? La por m’ofuscava, i el vaig disparar.

Los seis elefantes y el ciego

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Ocurrió en la India mucho tiempo atrás, un rey cogió para su divertimento a uno de los hombres más sabios de la ciudad y que además era ciego. No era la ceguera lo que lo hacía sabio pero sí lo ayudaba a ser respetado por todos. El rey dejó a ese hombre en medio de su patio central del palacio en el que además habían seis elefantes grandes. Cerró las puertas de los jardines y se quedó en un gran balcón sentado en una butaca acolchada a observar lo que sucedía. Uno de los elefantes, decidido se acercó al ciego y lo rodeó con la trompa. El ciego, callado, aunque asustado se quedó inerte como un palo esperando saber cuál iba a ser su destino, su muerte, sin comprender porqué había sido arrojado a los elefantes. El elefante estrujó un poco al ciego y se dio cuenta de su blandura. Luego lo levantó y fue consciente de su levedad. Enseguida perdió el interés, lo soltó y se quedó a su lado, ignorándolo. Un segundo elefante se acercó al hombre y se arrodilló, mirándolo a los o...

Microrelat de 75 paraules (IV)

20 anys de recerca del famós tresor dels setze mars. Per fi davant meu el lloc on va ser enterrat. La primera palada per desenterrar-lo i em venen al cap les mil històries per les que he passat. La dotzena palada, les persones que he perdut pel camí, vintena palada, la dona i la filla. Trenta palades. Esbufecs, glop d’aigua. Quaranta palades i toco fusta. A dins, una carta: “Mai l’esforç impedeix la fortuna”.

Et volia dir...

... que tot el que t’he dit avui era veritat. És veritat que t’he vist bé, que feies bona cara i que t’havies aprimat molt. Era veritat quan deia que se’t veia realment bé, i ho repetia un altre cop més a poc a poc i amb un to de veu més alt, com si amb les dues primeres vegades no n’hi hagués hagut prou. Una cosa que no he pogut dir i que per dintre he pensat desprès de fer-nos dos petons és que se’t veia feliç, feliç com no t’havia vist mai. Com no t’havia vist mai amb mi. És veritat que me’n alegrava de que tot t’anés tant bé, que tinguessis nova feina, que et paguessin més i que per aquest motiu tornaves a passejar i viure per la ciutat, la nostra ciutat, la que ens va veure agafats de la mà i la que ens va sentir cridar. La ciutat que ens va fer estimar-nos. La mateixa puta ciutat que ens va separar i es va tornar més grisa que mai, fins avui. M’he alegrat molt de que per fi poguessis reconèixer que vas necessitar fugir d’aquí i trobar un lloc nou, allò que mai em va...

Microrelat de 75 paraules (III)

Com el fil de llum que creua l’horitzó, filant un teixit de pentagrames, bolcats en una simfonia clàssica composada amb clau de sol, la clau que obre les portes d’una terra sembrada amb els colors d’un solstici d’estiu, els colors d’agafar embranzida per saltar al buit amb el vent recolzant el fulgor de la nostra mirada, somnis d’un mar de pestanyes en la barca del temps. Això sóc quan et beso.

Anselmo

(Música para escuchar durante el cuento, antes, después, mañana, en cualquier momento) Estaba sentado en el banco del parque con la espalda encorvada hacia adelante. Apoyaba los antebrazos en sus piernas y miraba recto hacia un horizonte inexistente, rumiativo. Iba bien vestido aunque un poco descamisado: pantalón con americana gris oscuro, una camisa de un gris más claro, y una corbata plateada con rayas negras. Vestía como su ánimo, como el día. Tenía la camisa por fuera del pantalón y no se veía si llevaba cinturón o no, pero a juzgar por su aspecto, probablemente lo llevase. Anselmo tenía cuarenta años, pero aparentaba más. Su pelo y sus arrugas daban fe de ello. Tenía el pelo canoso aunque poblado y las arrugas en las mejillas le daban inevitablemente un aspecto taciturno en su cara. Aunque tenía un aire cómico, le quedaba compensado por las arrugas horizontales de la frente que le daban un semblante serio. El global, y precisamente en ese instante mostraba una persona tri...

Microrelat de 75 paraules (II)

Diu així la curiosa història d’un ós panda i del seu company calamar, que de tant llarga, trepidant i emocionant, em resulta difícil fer un resum que no perdi el mínim detall. És cosa habitual en un narrador català que al començar la història curiosa de l’ós panda i el seu amic calamar, revesteix tant la introducció amb comentaris innecessaris, prescindibles i  buits de tota rellevància, que quan arriba al final, encara no ha començat.

Ab Ultima Cave

Definitivamente podía apreciar algo diferente. O eso me parecía a mí. Hacía largo tiempo que no pasaba por los entrelazados túneles subterráneos de Barcelona en las horas en las que la noche impone. Seguramente años, más de diez. Tampoco valía la pena preguntarse por qué. La nocturnidad me atraía a sitios tan diversos que jamás imaginé que volvería donde me encontraba en ese momento. ¡Qué diferente me parecía el mismo camino cuando reinaba el sol en la calle! Resultaba curioso, ya que la iluminación era la misma que por la mañana, y no había ranura posible por la que la luz o la oscuridad pudieran dar pista de sus pasos. Aún así tenía un aspecto más lúgubre que de costumbre. Pudiese ser por el espacio que había entre las personas que de centímetros había pasado a metros. Pudiese ser. Un escalofrío recorrió mi espalda. Cuanto ansiaba en ese momento poder salir al exterior y fumar una calada del tabaco de pipa venezolano que había comprado esa misma tarde para poder sentir que re...

Microrelat de 75 paraules (I)

75 són les paraules que tinc per dir-te que travessaria 65 fronteres i creuaria 61 mars per arribar allà on ets tu. Ni 52 dracs ferotges podrien barrar-me el pas, perquè amb 43 estocades en tindria prou per fer-los fugir espavorits, de la sang en brotarien 31 roses per tu. De les 24 hores que té el dia, 18 les passaria abraçat al teu costat; la resta per poder-te fer petons, ni que fos 1.

Los sabores del adiós

(Canción para el relato) Hay ciertos sucesos en nuestras vidas que se asocian a sabores, de un modo casi incuestionable. El ejemplo más claro es el de las despedidas y el gusto, que sin duda alguna, si alguien se pregunta por el sabor que tienen las despedidas, la respuesta que hallará es el amargo. No es que uno al tener una despedida sienta el mismo sabor que al beber una tónica. No es exactamente así, es algo simbólico, pero es cierto que deja algunas huellas claras en nuestro cuerpo: la dificultad al tragar, el peso en el estómago, rojez en los ojos...y "algo" en la saliva, a veces demasiada saliva o a veces con la boca demasiado seca nos despedimos, pero algún tipo de sabor deja. Todo el mundo diría que ese pósito que deja es amargo. Yo diría que no es amargo, o más bien, que no solo es amargo. Hay un punto dulce en las despedidas. No me refiero, ni quiero que se confunda, lo referente a ver, con agrado, que alguien se vaya. Creo que habría que buscar una palabra ...

Manchas de humedad

(Música que ha inspirado el escrito) El sol se escondió al instante en el que terminó la canción. Parecía que se hubiese asustado tras ese final de guitarra lento y con espacios de silencio en los que lo único que quedaba era el vibrar de la última cuerda acariciada. El sol quedó tapiado por la única nube grande en un cielo azul, limpio y brillante. La habitación quedó más oscura. Las luces estaban apagadas por la gran cantidad de luz que llegaba desde el exterior, hasta que ese astro huidizo dejó de brindar su magia. Nadie se levantó para iluminar la habitación, nadie dijo nada, todo quedó en silencio con ese leve, casi imperceptible zumbido de un radiocasete en el que ya no suena nada, solo unos altavoces vivos a la espera de nuevas melodías. Y así estábamos todos, sentados en círculo, en silencio con los sonidos propios del zumbar y dar vueltas de la mente, mirando el suelo con una mirada oscura, el sol se había llevado la música y la ilusión de los ojos de todos, y en...

El fin del mundo

Todo esto que voy a contar puede parecer extraño, un poco loco y/o por lo menos chocante. Y aunque tú que estés leyendo esto no te des cuenta (ni siquiera después de leer lo que te voy a contar), el mundo se ha vuelto loco, sí, el mundo, no solo la gente que vive en él. Debería precisar. Casi todo el mundo está loco. Por lo menos, que yo sepa, yo no estoy loco y Júlia tampoco. No recuerdo el día que descubrí que el mundo se estaba volviendo loco, simplemente fue algo paulatino, como la caída del pelo. Un día tienes pelo y al siguiente ya te estás quedando calvo, al tercer día eres, lo mires por donde lo mires, calvo del todo. Pero más claramente recuerdo el día que descubrí que Júlia no estaba loca. Todo empezó a modo de incongruencias. Yo debía tener unos ocho o nueve años, el hombre del tiempo, no recuerdo de qué canal, anunció que ese día caerían lluvias torrenciales, sin embargo, el cielo no podía ser más claro y radiante, un azul claro y fuerte dominaba el cielo. Pero no vi...