Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2014

Hipocondría

No importa mi nombre si no quién o qué soy. Y si me preguntas qué o quién soy, ahora mismo te respondería que soy hipocondríaco. Si algo me define, sin duda alguna es esto. Soy consciente plenamente de ello, pero en mis ataques hipocondríacos no distingo si lo que me ocurre es cierto o es una falsa alarma. Puedo definir toda mi vida a través de este patrón, por esa razón si me preguntas qué, quién o cómo soy te diré que hipocondríaco. Comúnmente la hipocondría es conocida por creer tener alguna enfermedad grave sin fundamento, aunque yo diría que se puede y se debería definir de un modo completamente distinto. En mi caso además, hay fundamento, el miedo no aparece tras la nada, siempre tras una reacción física, un dolor abdominal, una presión en el cráneo, un palpitar extraño en mi corazón… todas estas cosas pueden ser fácilmente síntomas de apendicitis, de un tumor cerebral o de un paro cardíaco. Hipocondría es vivir cada día pensando en qué vas a morir. Es ser un ser para l...

Microrelat de 75 paraules (V) i últim

Entre la vida i la mort. Suor freda. Penses que ningú té dret a decidir si algú mereix viure o morir, però les persones ens prenem la justícia per la nostra mà. No és just, però no importa. Costa imaginar el que es sent quan t’apunten amb una pistola al cap, és difícil. Però algú es pregunta mai com es sent aquell que està apuntant? La por m’ofuscava, i el vaig disparar.

Los seis elefantes y el ciego

Imagen
Ocurrió en la India mucho tiempo atrás, un rey cogió para su divertimento a uno de los hombres más sabios de la ciudad y que además era ciego. No era la ceguera lo que lo hacía sabio pero sí lo ayudaba a ser respetado por todos. El rey dejó a ese hombre en medio de su patio central del palacio en el que además habían seis elefantes grandes. Cerró las puertas de los jardines y se quedó en un gran balcón sentado en una butaca acolchada a observar lo que sucedía. Uno de los elefantes, decidido se acercó al ciego y lo rodeó con la trompa. El ciego, callado, aunque asustado se quedó inerte como un palo esperando saber cuál iba a ser su destino, su muerte, sin comprender porqué había sido arrojado a los elefantes. El elefante estrujó un poco al ciego y se dio cuenta de su blandura. Luego lo levantó y fue consciente de su levedad. Enseguida perdió el interés, lo soltó y se quedó a su lado, ignorándolo. Un segundo elefante se acercó al hombre y se arrodilló, mirándolo a los o...