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Mostrando entradas de 2013

Crash this train

(música para el texto) Subió los escalones sin girarse, tres en total. Cargaba con una mochila y con una maleta negra no muy grande. Se sabía su vagón y su asiento de memoria, pero casi como un acto reflejo volvió a ojear el billete que sostenía con la mano libre mientras esperaba que los pasajeros que tenía delante se fueran situando. Empezó a andar arrastrando la maleta por el pasillo del tren hasta que se acercó a la que iba a ser su butaca, su compañero de viaje por unas horas que la arroparía y la abrazaría hasta que se quedase dormida. Miró el número de asiento y comprobó de nuevo la correspondencia con su billete, dándose cuenta de la excesiva prudencia. "La de estupideces de nosotros mismos que veríamos si tuviésemos una grabadora todo el día apuntándonos", quiso sonreír imaginándolo, pero no pudo, los labios apenas se movieron, notó el esfuerzo de los músculos en su cara, pero no hubo ninguna contracción visible. Cogió la maleta con ambas manos, la levantó c...

- Bueno, ahora si que me voy

(Pon música al relato) - Como siempre, ya se que te tienes que ir, más cercano al deber, a la obligación que no a la apetencia. Se que debes irte, que no puedes no irte, que te irás, casi siento que te estás yendo ya. Me coges de la mano pero yo ya te veo atravesando la puerta. Se que te quedarías y que me quieres, y por eso mismo, no me digas que "ahora te vas". Porqué no es que desaparezcas y que dejes solo el vacío de tu cuerpo en mi cama. No. Si me dices que te vas dejas algo encima de ella, dejas ese adiós amargo, putrefacto, que se descompone a medida que pasa el minutero durante la noche. Y con el vacío, ya es suficiente. Porqué no quiero oírlo, porqué no puedo oírlo, y no quiero poder escucharte decir que te vas y pensar que no pasa nada, que te veré pronto. No quiero acostumbrarme a que me lo digas, porqué no, porqué no me acostumbro, no, no hay manera, no. Si te vas, miénteme, dime lo que sea menos que te vas. Dime que "vas al baño, un minutito y vuelv...

El campo estéril

Era una pequeña aldea de montaña, una de esas aldeas que uno al verla dice "¡son cuatro casas!", y en las que no hay nada para ver. No era una aldea con mucho encanto, era una aldea vieja con casas hechas de piedra y madera, con algunos arreglos más recientes hechos ya con cemento. Vivían apenas veinte personas, la mayoría de ellos ya ancianos. Los pocos jóvenes que habían vivido en el pueblo habían ido abandonando sus casas para ir a vivir a la ciudad, que estaba a unas pocas horas de allí. Otros, no queriendo vivir en la ciudad llena de ruidos y gente, y esperando continuar con la paz que ofrecía la aldea, se iban a vivir a el pueblo más cercano, algo mayor, con casas más nuevas y con más afluencia de gente que iban a visitarlo. Para acceder a la aldea se debía pasar por un camino estrecho de montaña sin asfaltar, en el que solo cabía un coche. Lo cierto es que era extraño que se cruzaran dos coches en dirección contraria, ocurría una o dos veces al mes, pero cuando ocur...

Hoy, hace un rato...

...he encontrado aquél cepillo de dientes que compré contigo. ¿Te acuerdas? El que compré cuando nos fuimos de viaje a Inglaterra. Y lo he tirado. Seguramente tu no dirías que era mi cepillo, puesto que después del viaje te apoderaste de él, tiraste uno viejo que habías dejado ya en mi casa y lo cambiaste por este. Azul y blanco el mango, con los filamentos del mismo color. Sin nada especial, ni mango ergonómico, ni con vibración, ni los filamentos cruzados... nada, un barato para usar durante una semana. Tampoco es que lo haya encontrado exactamente. Siempre ha estado allí, cada mañana y cada noche desde que tu te has ido de mi vida, pero hoy lo he visto como no lo había visto aun: con los filamentos abiertos (y luego te dolían las encías) , con marcas marrones en la base de la cabeza... y he sentido (y sobretodo recordado) asco, asco de verdad por ti. No "hacia" ti, si no "por". "Te has ido de mi vida", he dicho. Qué tontería. Huiste de mi vida y ...

Les galetes de la sort

"Tindràs una vida llarga i rica"

Bañada en lechos reales

(Canción opcional para el relato) - Estás un poco raro, ¿te encuentras bien? - Uhm, sí, claro, ¿porqué? - Estás como si no estuvieras... - Si estoy, no puedo estar como si no lo estuviera, será que estoy algo. Un poco descentrado. - Cómo sea... pero siento que estás lejos de aquí. - Estamos muy cerca nena, no podría estar más cerca de nadie. Y tragué saliva. Hay un modo especial de tragar saliva cuando uno miente. Un modo especialmente sonoro y molesto, uno se escucha a sí mismo tragar saliva y tiene la sensación absoluta de qué a quince metros a la redonda se le puede escuchar tragando. El movimiento de la nuez del cuello es exagerado cuando uno miente, sube hasta casi tocar la barbilla y baja hasta la clavícula antes de volver a su posición original. Es como si el cuerpo entero estuviera hecho de delatadores. No tengo ninguna duda, irremediablemente no podemos parar mentir a los demás, a nosotros mismos y, contrariamente, estamos hechos para que se nos descubra. Me vest...

Roberto Maduro

Roberto Maduro era infantil. Roberto a veces confundía su nombre por el de Jack, o por el de Johnny, a veces se llamaba a si mismo Glen, pero todos sabían quién era sin saber su nombre, y nadie quería saber dónde cojones estaría viviendo. Nadie pensaba en qué posible antro de mierda podría cobijarle. No había relojes en su casa, ni teléfonos móviles. En su hogar el tiempo se medía con botellas vacías, los minutos se contaban con tragos de menos, sin días, sin horas. El tiempo solo se podía medir en grados. En sus cuarenta bien entrados se sentía como un crío asustadizo, un chaval que aún no sabía de qué iba todo esto que tanta veces oía que llamaban “vida”. Vida. ¡Ja! Vida, con ese orden pretencioso, con esas letras pretenciosas, cómo si por el simple hecho de llamarse “vida” tuviera que ser algo vivo, vital. Él era una planta, (lo menos vivo de todo lo vivo) que solo absorbía lo justo para la vida, lo mínimo. Una planta que ya no puede crecer más. Una planta sin flo...

Ebony

(Clica para escuchar la canción para el relato, una vez se abre el Myspace hay que pulsar el botón "play" en la canción "Ebony" 1) Afuera de la habitación oscurecía, el cielo casi negro, los gatos paseaban por los tejados mirando arriba a ver si encontraban a la luna, pero no había ningún rastro de luz en el cielo. Ni las estrellas brillaban en esa oscuridad. El sol hacía horas que se había ahogado en el mar, se había precipitado, suicidado a las aguas. Y la luna que se sentía culpable no se atrevía a sacar la cabeza. Pero los gatos sabían que estaba por allí escondida entre los árboles de algún bosque. Quizás detrás de alguna montaña o en la otra punta del mundo. Un gato negro dejó de merodear y se quedó sentado moviendo la cola esperando, porqué tarde o temprano la luna se presentaría delante suyo, esperando no ser vista. Mientras, dos amantes perdieron la noción del tiempo, quizás llevaban diez minutos abrazados. Parecía que hubieran pasado veint...

Libertad

(Canción para seguir el relato) Yazco en el suelo derrotado, hambriento. Me veo ciego y me siento sordo. Me luzco mucho y vivo poco. Me he creado, me he letrado, me he hecho poesía y me he convertido en narración. Me he explicado y me he perdido en el desarrollo del argumento de mi vida. Poco más puedo hacer.Poco más podré contar. Me he razonado irracionalmente, y me he emocionado con la pasividad, sin estímulos que me lleguen,.. He vivido libre en servidumbre y en mis contradicciones me he sentido más seguro que cualquier dogma, que cualquier teoría y que cualquier empirismo, que cualquier intento de saber. En la dulce cuna del caos he quedado redactado. Retratado. El peso de las cadenas de hierro ha superado el de mi cuerpo, abatido y frágil ya, no por el paso del tiempo, si no por esa disolución absurda de las noches y los días, sin luz natural, ni siquiera la oscuridad es auténtica. Las estaciones se confunden y se asemejan. Los años dejan de tener sentido. ...

Despedidas

¿Porqué no dije nada a nadie? No lo se, creo de verdad que no tengo una respuesta digna. Podría decir que para que nadie llorara por mi, pero eso sería bastante egoísta. Quizás si hubiera tenido que despedirme de todo el mundo, finalmente no me habría atrevido a irme, hubiera querido quedarme, y habiéndome despedido ya, no sería posible. Suena bastante egoísta también. No había un modo no egoísta de hacer las cosas. Era el día anterior al vuelo y solo me quedaba ella. Mi familia pensaban que me iba un mes a Guatemala. Era la única manera de que me creyeran cuando me veían desvalijar la mitad de mis cosas. Eso tenía sentido para ellos, era suficiente, no tenían que saber más. A los demás no hacía falta decir mucho más, "hablamos pronto", "te llamo la semana que viene", "te mando esa canción"... y un abrazo. Un abrazo largo, en todos los casos. Con eso bastaba. Tardarían unos días en darse cuenta que me había ido del país, del continente. (Música pa...