Hoy, hace un rato...
...he encontrado aquél cepillo de dientes que compré contigo. ¿Te acuerdas? El que compré cuando nos fuimos de viaje a Inglaterra. Y lo he tirado.
Seguramente tu no dirías que era mi cepillo, puesto que después del viaje te apoderaste de él, tiraste uno viejo que habías dejado ya en mi casa y lo cambiaste por este. Azul y blanco el mango, con los filamentos del mismo color. Sin nada especial, ni mango ergonómico, ni con vibración, ni los filamentos cruzados... nada, un barato para usar durante una semana.
Tampoco es que lo haya encontrado exactamente. Siempre ha estado allí, cada mañana y cada noche desde que tu te has ido de mi vida, pero hoy lo he visto como no lo había visto aun: con los filamentos abiertos (y luego te dolían las encías) , con marcas marrones en la base de la cabeza... y he sentido (y sobretodo recordado) asco, asco de verdad por ti. No "hacia" ti, si no "por".
"Te has ido de mi vida", he dicho. Qué tontería. Huiste de mi vida y de la tuya propia. Eres una fugitiva. Pero por mucho que intentes irte corriendo cuando la desidia provoca el abandono de uno mismo, en ese caso solo le queda ensuciarse como el cepillo, provocarse una leve y lenta autólisis como hacía el cepillo. Después de un tiempo en el que uno abandona su ser, ya queda solo en su destino una sola parada final que es la de un vertedero (no real) de deshechos humanos que han abandonado toda posibilidad de ser algo vivo. Ese resultado final equivale a arrojarse en un contenedor, tirarse en una papelera.
Como yo he hecho con tu... mi... nuestro cepillo.
Seguramente tu no dirías que era mi cepillo, puesto que después del viaje te apoderaste de él, tiraste uno viejo que habías dejado ya en mi casa y lo cambiaste por este. Azul y blanco el mango, con los filamentos del mismo color. Sin nada especial, ni mango ergonómico, ni con vibración, ni los filamentos cruzados... nada, un barato para usar durante una semana.
Tampoco es que lo haya encontrado exactamente. Siempre ha estado allí, cada mañana y cada noche desde que tu te has ido de mi vida, pero hoy lo he visto como no lo había visto aun: con los filamentos abiertos (y luego te dolían las encías) , con marcas marrones en la base de la cabeza... y he sentido (y sobretodo recordado) asco, asco de verdad por ti. No "hacia" ti, si no "por".
"Te has ido de mi vida", he dicho. Qué tontería. Huiste de mi vida y de la tuya propia. Eres una fugitiva. Pero por mucho que intentes irte corriendo cuando la desidia provoca el abandono de uno mismo, en ese caso solo le queda ensuciarse como el cepillo, provocarse una leve y lenta autólisis como hacía el cepillo. Después de un tiempo en el que uno abandona su ser, ya queda solo en su destino una sola parada final que es la de un vertedero (no real) de deshechos humanos que han abandonado toda posibilidad de ser algo vivo. Ese resultado final equivale a arrojarse en un contenedor, tirarse en una papelera.
Como yo he hecho con tu... mi... nuestro cepillo.
Comentarios
Más que asco o repugnancia "por" ella, creo que ella se dará cuenta de cuánto despecho e incluso resentimiento "hacia" ella todavía queda en él.