Roberto Maduro


Roberto Maduro era infantil.

Roberto a veces confundía su nombre por el de Jack, o por el de Johnny, a veces se llamaba a si mismo Glen, pero todos sabían quién era sin saber su nombre, y nadie quería saber dónde cojones estaría viviendo. Nadie pensaba en qué posible antro de mierda podría cobijarle.

No había relojes en su casa, ni teléfonos móviles. En su hogar el tiempo se medía con botellas vacías, los minutos se contaban con tragos de menos, sin días, sin horas. El tiempo solo se podía medir en grados.

En sus cuarenta bien entrados se sentía como un crío asustadizo, un chaval que aún no sabía de qué iba todo esto que tanta veces oía que llamaban “vida”. Vida. ¡Ja! Vida, con ese orden pretencioso, con esas letras pretenciosas, cómo si por el simple hecho de llamarse “vida” tuviera que ser algo vivo, vital.

Él era una planta, (lo menos vivo de todo lo vivo) que solo absorbía lo justo para la vida, lo mínimo. Una planta que ya no puede crecer más. Una planta sin flor. Solo verde y raíces muy mal echadas, pero raíces al fin y al cabo.

Era un arbusto que apenas levantaba un palmo del suelo, comparado con lo que es (o debe ser) el árbol de la vida. Nunca un guerrero, solo un superviviente, alguien aguantando de pie mientras todo a su alrededor se iba desmoronando.

No era siquiera un peregrino, ni un ermitaño. Era un encerrado en sí mismo, su propio preso y su infalible carcelero. Un navegante de los bares como mucho. Lo más patético era lo único interesante de este personaje taciturno y gélido.

Un niño con miedo a la verdad, con miedo al futuro. El terror se apoderaba de Maduro al actuar, el temor a tener que elegir su propio destino. Roberto Maduro, asustado por si algún día tuviera que trasplantarse o por si debiera hacer las raíces más fuertes.

Un perdido, un hueco, sin alma, sin Dios ni dueño. Un solitario sin camino. Un dictador sin pueblo. Un anarquista sin gobierno.

Un solitario alejado de su soledad.

Comentarios

Soledad 6 ha dicho que…
Me gusta mucho.

Todo lo que, entiendo, lleva implícito la última frase "Un solitario alejado de su soledad" me parece lo más triste que le puede pasar a un solitario.

Lo dicho: me ha gustado mucho.

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