Supertramp

(Traducción y variación de un cuento antiguo)

Un rayo de sol se colaba por un pequeño agujero de la persiana y me apuntaba directamente a la cara. Fruncí el ceño incómodo hasta que finalmente abrí los ojos. Me levanté sin pensar, con la cabeza embotada y sin saber muy bien que había pasado la noche anterior. Abrí el ventanal y levanté la persiana.

La habitación y mi cuerpo quedaron completamente iluminados. La luz me cegó unos segundos, tras los cuáles observé el paisaje. Pude ver perfectamente como la Torre Eiffel se levantaba ante mí en el cielo grisáceo y pintoresco de París. Me fregué los ojos y desapareció mi visión, mi deseo. Lo único que se veía desde mi balcón eran edificios y el cielo contaminado de Barcelona.

De golpe, me abrazaron por detrás y me besaron en el cuello. Por suerte, ella si había sucedido de verdad. La resaca me nublaba los recuerdos ¿Cómo era posible que esa mañana me despertase con esa tipa? ¿Cómo esa delicia había decidido acostarse conmigo? Hacía un poco de frío y decidí cerrar el ventanal. Lo importante era que ella estaba allí. Debía disimular para que no se diera cuenta de que no sabía ni su nombre ni cómo había llegado hasta mi cama.

- ¿Quieres café? – Rompí el silencio con la voz rasposa, aunque me empleé a fondo para que sonara melosa. No dijo que no. Me respondió con un beso largo y con todo lo que conllevaba ese beso. Al cabo de media hora entré a la cocina para hacer el café. Desde allí escuché que preguntaba gritando levemente para que la escuchara: “¿Quiénes son esas dos personas de la fotografía?”. Deduje que aún estaba en la habitación, por fuerza debía referirse a la foto de mi exmujer y mi hija, y esa fue mi respuesta. Ella respondió con un “voy a poner un poco de música” y yo aprobé su decisión. Cuando casi había terminado de hacer los cafés y unos huevos con bacon para desayunar escuché cómo sonaba con fuerza por toda la casa Breakfast in America. “Muy oportuno” pensé. Mientras me dirigía a la habitación desnudo con una bandeja con los platos y los cafés, tuve unos breves flashbacks, a modo de imágenes de la noche y de la tipa, los tragos, su pelo dorado, el olor a tabaco, sus labios encendidos, la música ensordecedora y las luces cambiantes, sus ojos verdes… al llegar a la habitación ella no estaba, su ropa tampoco. Y que me aspen, pero la tipa no estaba en ningún lugar. No se llevó nada, no dejó su teléfono. Desapareció, con el mismo misterio cómo entró.

***

Me encantan los viernes. El fin de semana entero está por empezar y son los únicos días de la semana en los que algo interesante puede pasar. Abrí los ojos unos minutos antes que sonara el despertador, pero me quedé en la cama esperando. Levanté la persiana poco a poco, el cielo estaba precioso, un sol tremendo empezaba a calentar mi cuerpo. Me vestí rápidamente y bajé a desayunar. Mamá estaba desayunando ya. Empecé a tomarme el café que ardía, mi madre me vio y entornó los ojos. En ese momento Juanjo salió de la habitación, le dio un beso a su mujer, sonrieron y salió por la puerta con la chaqueta y el maletín.

Aprovechando su buen humor le recordé qué tenía planes esa noche. Ella aprovechó para recordarme que los planes dependerían de la nota del examen que ese mismo viernes me iban a entregar. ¡Madre mía, que memoria tiene!

Quedé con Laura en la puerta del instituto y decidimos saltarnos la primera clase para ir a tomar un café y a conspirar contra los hombres (o a favor, según el caso). Cómo íbamos para largo, le pedimos a Eloi si podía preguntar por nuestras notas y unirse a nuestro café cuando terminaran las clases. “Seis coma sesenta y tres”, dijo cuándo se sentó. Me puse a chillar de lo contenta que estaba. Eloi dijo que Laura había sacado un “ocho coma treinta y nueve”, ¡vaya perra!, con todo mi amor, pero ¿tú te crees? Se pasa todo el día en el bar, por la tarde no pega el huevo y después saca en todo bastantes buenas notas. Es super lista. O copia mejor que yo.

Fuimos a comer juntos, pero Eloi ya dijo que esa noche no iba a venir con nosotras, quería prepararse los exámenes finales de la semana siguiente. Es un empollón, el tío saca dieces en todo, pero casi no tiene vida social. Nosotras somos su vida social. De hecho, en un inicio nos acercamos a él para aprovecharnos de sus apuntes, pero después resultó tener unos detalles encantadores con nosotras, así que lo fichamos en nuestro club de marujas. Siempre alucina con las barbaridades que soltamos, no sé qué debe pensar de nosotras. Pero el hecho es que no sale nunca, es un aburrido. Por suerte está mi Lauri, mi alma gemela.

Entré en casa corriendo y me lancé encima de mi madre para darle la gran noticia. Se alegró un montón, casi tanto como yo. Estamos muy unidas mi madre y yo. Se ve que las pasó canutas criándome sola los primeros años, pero poco después apareció Juanjo y fue como un padre para mí, y un gran marido para ella.

Mientras mi madre limpiaba la casa, yo me duché, me arreglé y me vestí y desvestí varias veces. De fondo sonaba el disco preferido de mi madre, Crisis? What Crisis? A mi particularmente no me dice nada, pero tampoco me molestaba. Ella se puso a hacer la cena mientras yo hacía la chafardera por internet. Juanjo llegó y cenamos los tres, después me fui. Antes de salir mi madre me pegó el sermón de “madre antes de que su hija salga de fiesta”. Y yo hice bien mi papel de hija: decir que sí y después hacer todo lo contrario.

Bailamos como locas Laura y yo, nos divertimos que no veas. Los chicos (y no tan chicos) se acercaban a nosotras seducidos por nuestros movimientos. Pero no me gustaba que los chicos vinieran a molestarnos mientras bailábamos. Sí quería a alguien ya sabía espabilarme yo solita. Fue entonces cuando lo vi, sentado en un taburete en la barra, hipnotizado, mirándome. A primera vista me pareció demasiado viejo para mirar jovencitas, con el pelo todo canoso y un poco barrigudo. Nos cruzamos las miradas y me sonrió. Ahí ya me pareció más interesante, más atractivo. Sí quería conseguirme debía ser sutil conmigo, soy una chica frágil. Y como si me leyera el pensamiento, se acercó lentamente sin dejar de mirarme, como una pantera, y cuando estaba tan cerca ya que casi podíamos olernos, me dijo “lo he visto en tus ojos, nos deseamos”. Me sedujo y me besó. No fue precisamente sutil pero fue excitante. Nos estuvimos besando a lo loco hasta que me propuso ir a su casa. Hablé con Laura e hicimos nuestro pacto secreto: “cualquier cosa, estás durmiendo en mi casa”.

Llegamos en taxi. A primera vista, me pareció un piso muy grande para una sola persona, pero no tuve tiempo de hacer un “tour”, fuimos a la habitación directo que era lo que nos interesaba. Me desnudó lentamente, con una ternura casi paternal, ordenadamente….primero los zapatos, los pantalones, después la blusa… y  entonces empecé a desnudarlo yo con más celeridad. La ropa interior salió volando. Mis labios encajaron con los suyos, mi lengua encajó con su lengua, y ya no nos soltamos. Encajamos nuestros cuerpos y yo me moría del gusto. Toda la noche fue así, la cama se convirtió en un mar de sudor, hasta que nos quedamos fritos.

Me desperté con la luz del sol en la cara, que se filtraba a través de la persiana. El hombre con el que acababa de pasar la noche estaba de pie, desnudo observando por el balcón. Lo abracé y le di un beso en el cuello. Me preguntó si quería café y le besé. Volvimos a la cama para hacerlo otra vez. Rato después se fue a hacer el café.

Me sorprendió ver en la habitación una foto mía y de mi madre en su mesita de noche escondida entre nuestras ropas. Debía ser un amigo de mi madre. Esto le daba un toque interesante a la situación. Le pregunté gritando con un tono juguetón que quiénes eran esas personas, para preparar el terreno, me respondió “Mi exmujer y mi hija”. Encendí el aparato de música que tenía en la habitación, empezó a sonar Breakfast in America, subí el volumen. Me vestí en un minuto y hui sin hacer ruido. Esto no se sabría nunca y yo no podría ser la misma.

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