¿A quién aplaudimos?

Cada día salimos con una puntualidad religiosa a las 20h de la tarde a aplaudir. Salimos al jardín (en el mejor de los casos), al patio, a la terraza, el balcón, la ventana... cada uno donde buenamente puede. Salimos a aplaudir a nuestros héroes: ¡Los Sanitarios!

Pero hace días que me pregunto ¿Aplaudimos a todos los sanitarios, o solo a aquellos que están a primera línea con pacientes graves de Coronavirus? Si aplaudimos solo los que están en unidades de tratamiento de Covid-19, nos estamos olvidando de todos aquellos que tratan a pacientes con coronavirus además de otra patología (mental, por ejemplo). ¿Y si los aplaudimos a todos, tiene sentido agradecer solo a los Sanitarios? ¿Qué hay de las cajeras, repartidores amazónicos, glovianos y justeateros? ¿Que hay del personal de limpieza, técnicos y electricistas, los que cuidan a personas mayores, los que, sin ser su trabajo van a cuidar de sus familiares y amigos? O aplaudimos a todos, o la puta al río.

Además que, honestamente, no me gusta salir al balcón para aplaudirme a mí mismo, además de a mis compañeros.

Pero quizás la pregunta más importante sea ¿Por qué aplaudimos? Morían 900 personas al día en España. Actualmente más de 500 cada día. Casi 20.000 fallecidos solo en España. Y mirando las cifras y las familias rotas... aquí verdaderamente no hay nada que aplaudir. Deberíamos quedarnos en casa, hablar con nuestra familia, con nuestros amigos y llorar un poco. Llorar de verdad, hayamos perdido a alguien o no, porque ya demasiados han perdido. Igual hay que empezar a apagar los altavoces y ponernos a digerir la realidad, la magnitud de la tragedia.

Pero no obstante aplaudimos. Es ese nuestro compromiso con el mundo. "Salva al mundo desde tu sofá" acaba resultando la campaña más infantilizante posible, a eso añádele todos los tutoriales para aprender a lavarnos las manos. Es como cuando un niño te pide que le des una tarea en casa y para que no moleste mucho le pides que vigile que los peluches no se muevan de la cama.

Y al final, a pesar, aplaudimos. Y no parece que sea ya para animar al personal sanitario, que desde las UCI no nos escuchan. Ese personal agotado que quizás cuando nosotros podemos salir a aplaudir ellos acaban de llegar de un turno de 14 horas y quieren dormir. Aplaudimos tras ese primer día emocionante, simbólico, necesario, que nos conmovió a todos, que se ha acabado convirtiendo en una rutina bulliciosa y sin sentido. Como todo lo emocionante, que repetido hasta la saciedad, acaba erosionando su alma, su verdadero sentido.

Aplaudimos porque es un acto más cargado de apariencias que de apoyo real. Apariencias disfrazadas de altruismo, pero relativamente egoístas. Salimos a bailar y a cantar "resistiré", dando la barrina cada mierda de día, cuando el que no resistirá ni una vez más esa puta canción seré yo, y todos aquellos que vuelven de trabajar cansados, cargando el peso de esta crisis. Ellos resisten precisamente porque no cantan. Resisten porque no necesitan ponerlo en unos altavoces, porque la resistencia se lleva por dentro.

Aplaudimos y lo documentamos y lo colgamos en Instagram y Facebook. Estamos relatando más que nunca toda nuestra vida (y la de nuestros hijos), la cotidianidad más insignificante por las redes sociales, cada receta, cada actividad, cada disfraz, cada locura, cada segundo, cada videollamada, cada puto instante grabado, colgado y olvidado. ¿Para qué? ¿Para hacer esto más llevadero? Teníamos una oportunidad única en la historia para conectar con nosotros mismos y con los nuestros, conocernos más entre todos, y hemos decidido exponernos más. Estamos más dedicados a convencernos (a nosotros mismos y a los demás) de lo bien que nos está sentando el confinamiento, que a realmente sentirlo. Exponer es lo contrario a vivir. Es el convencimiento de autenticidad. Y la autenticidad no se argumenta, es per se.

Al final, no estamos saliendo a aplaudir a los sanitarios, salimos a aplaudirnos a nosotros mismos aplaudiendo a los sanitarios. Es un simulacro.

¿Tiene algún sentido aplaudir? Me preguntaba. Porque al final, parece que aplaudir consiste en ensalzar algo que realmente debería ser normal, algo como que en momentos de necesidad, saquemos lo mejor de nosotros mismos. Estamos reafirmando la postura "exclusiva" de algo que debería resultar de imperativo moral, que es el sacrificio por los demás. Especialmente porque nos están pagando por ello, no trabajamos gratis. No dudo que tiene que haber amor al arte para jugarte el físico. Pero estamos aplaudiendo y convirtiendo en especial aquello que debería ser norma.

Y es el que el problema real, no es que aplaudamos. Es realmente bueno y necesario ser agradecido con aquellos que hacen un excelente trabajo en unas condiciones excepcionales. El problema no es aplaudir, el problema es no silbar. Silbar porque es cierto que sueldos de 800 o 1000 euros que cobran algunos trabajadores son insuficientes si tienes que salir y exponerte cada día a morir o a matar a los tuyos. No es porque sea necesario aplaudir la heroicidad, es porque deberíamos silbar la precariedad.

Salimos a aplaudir cuando deberíamos salir a silbar. Silbar a nuestros políticos, a los de ahora también, pero especialmente a los de antes, que son quienes nos han traído hasta aquí.

Yo hace días que me planté.
Yo no aplaudo.
Silbo hacia adentro, y callo... para poder escuchar bien.

Comentarios

Albert Pou ha dicho que…
No se podía decir más claro :)

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