Epistolio
Apenas se escriben cartas. Han pasado de moda. Bueno, apenas se escribe en general, igual que apenas se lee. Pero estoy seguro de que ha caído más de una carta en tus manos. Y no me refiero a correo comercial, ni los sobres para votar a los partidos políticos, ni las facturas. Seguramente en tu adolescencia, época dorada de las cartas de amor, te caían a raudales. En la adultez probablemente has recibido muchas menos, algunas neutras, insulsas cartas de bienvenida, tremendamente impersonales por más que intenten disimularlo con un lenguaje cercano. Y espero que hayas recibido algunas pocas cartas de despedida. Pero, ¿qué hay entre medio de las dos? ¿Quién piensa en los grises, aquello que cae en los terrenos de nadie, en los vacíos legales… entre tú y yo?
Me acerqué hace una semana a ti, me acerqué de un modo
erótico, seductor dentro de mis posibilidades y me dijiste “¿Qué vienes a
buscar ahora, cuando ya estoy tan cerca del final, tan cerca de olvidarte?”.
No supe que decir, y me fui. Pero sé que decir ahora:
Vine a buscarte a ti.
Vine a buscarte porque extraño tus besos con tus labios
gruesos, que me acaricies el pelo, tus pechos desnudos apretados contra los
míos cuando follamos sentados, cara a cara y siento toda tu piel fusionada con
la mía, sentirte húmeda entre mis piernas, sudando, moviéndonos al unísono en ritmo
creciente uniformemente acelerado y (casi) sin fin. Extraño el cigarrillo que
corona nuestro ritual y charlar estirado en la cama comentando la jugada para
cerrar el mejor trato de nuestras vidas. Adoro nuestro letargo y nuestro
despertar.
No obstante y a pesar de nuestros éxitos, tu desde el primer
día anticipaste nuestros fracasos. “Estamos condenados”, me explicaste con
palabras hermosas, “estábamos condenados incluso antes de empezar”. Y de ahí pasaste
a que seguramente yo también debía saberlo, que me habría dado cuenta como
hombre inteligente, que tú lo tenías claro, que a cualquiera que le preguntáramos
lo tendría claro. Pero ¿Quién aplica susodichas condenas? ¿Acaso los dioses o
los humanos? ¿Nosotros? ¿Tú… o yo?
Pues ahora siento que no quiero. Que no me da la gana. Que
quiero rebelarme. Que quizás nos (te, me) equivocamos. Que no estar hechos el uno
para el otro no quiere decir que no podamos conjuntar, como lo dulce y lo
salado, como lo rosa y el negro, como tropezarse y quedarse de pie.
Quiero escribir cada día una historia en la que tu estás, y
te vas, y te acercas, y te vas, y te acercas, y te vas…y que no acabe nunca.
¿Pido cosas raras? ¿Pido cosas que tu no quieras?
Teníamos tan buen sexo que casi parecía amor. Tal vez lo
era. Tal vez lo es todavía.
Sin embargo optaste por dejar de pensarnos. Como si el
olvido fuera algo que se provoca, algo que se crea. No, nena, el olvido es la
destrucción del recuerdo, es la suplantación de uno por el otro. Y eres
insuplantable. Créeme, lo he intentado. El guaro no te borra, otros pechos no
te eliminan, el caos, las dudas…eres mi mancha de sangre en el colchón: eterna
. ¿Qué te digo, y como te lo digo, y cuando te lo digo, y donde te lo digo,
nena?. Pues el porque está claro, y es que no me quieres cerca de ti, y muero
por un ratito más a tu lado.
Veo tu cara en cada esfuerzo en vano que hago para que te vayas
de mi cabeza.
Yo ya te he perdido una y otra vez, por no saber decirte que
eres alguien realmente importante en mi vida. Baila una noche más conmigo amor, en esta danza macabra de cuerpos desnudos, que te espero para cobijarte entre mis brazos. Tan solo una noche más.
Ojalá respondas de vuelta, en otra carta escrita a puño y
letra como esta, corriendo la tinta por el papel como si fuera la sangre de la
herida abierta con la que convivo cada noche que te extraño. Una carta que no
diga que te alejas sino que responda a lo que sientas de verdad, que se olvida
de condenas y que habla solo de voluntades. Que se rinde al deseo de vivir en
este espiral eterno falible que somos los dos. Una carta que ya no podrá ser
jamás de bienvenida, quizás solo de despedida, o deseo que sea como esta: una
carta de continuidad.
Porque cerca del final hay infinitos puntos y seguidos.
Y algunos, suspensivos…
Cançó que ha inspirat el conte
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