Kids

Os acordáis cuando éramos pequeños? Cuando hacíamos aviones de papel con los compañeros y decíamos aquello que, con ganas incansables de competición, se repetía en todas las clases del mundo: “A ver quién consigue que llegue más lejos”. Cada uno lo hacía a su manera, tuneando los detalles de ese planeador que debía llegar a las estrellas.

Inocentemente, algunos lo pintaban, sin saber que la tinta del rotulador pesaba y mojaba aquel trozo de papel que debía volar. Pero a todos les causaba la misma sensación de que al dibujarle unos rayos ese iba a ir mas lejos. A veces algún corte, a veces algún alerón extra y a veces “una técnica que me enseñó mi primo para hacer los aviones diferente que va incluso mejor”. Inocentemente.

Inocentemente todos antes de el gran momento de la competición empezábamos a echarle el aliento repetidas veces a la punta de ese avión, calentando la parte delantera, dando por fin por terminado el ritual de la construcción del aeroplano de papel. Quien sabe qué explicación debíamos darle a la gente para convencerla a qué soplara la punta del avión.Y así estábamos todos, de lado soplando la punta del avión esperando el “ya!” para lanzarlo.

Me acuerdo de todas aquellas cosas que sabemos por qué nos han explicado, que son del saber popular, que creemos ciertas aunque nunca pensamos en averiguar si todo lo que nos explican que grado de posibilidad tiene de que sea cierto no. No quiero entrar en lo que es verdadero y lo que no, por eso hablo de “posibilidad que tenga de que sea cierto”. En ese sentido si podríamos averiguar si lo que se nos dice es cierto o no lo es.

Por supuesto, las supersticiones pueden ser de saber popular, pero no hay demasiado para intrigar sobre la veracidad de no pasar por debajo de las escaleras, mirarnos a los ojos cuando brindamos, que hay que vigilar con no cruzarnos con gatos negros (aunque hay gente que vive con ellos y se cruza a diario), hay que coger un puñado de sal y tirarlo por detrás del hombro, coger el dinero con la mano izquierda, en fin de año comerse las uvas con la pata coja…

Hay otras sin embargo que al nombrarlas ya parecen en si ciertas, y no nos cuestionamos si lo son o no.

Por solo nombrar un ejemplo, de hecho el más reciente, un día una amiga que me hablaba de drogas me decía que “el caballo puro no producía ningún efecto negativo, que lo malo viene de lo que le echan químicamente”. Para empezar, el caballo es hecho químicamente, luego no hay caballo en un estado puro. Con eso ya habría bastante, pero aún tuve que explicarle todos los efectos negativos que producía el “caballo puro”.

Y así, contento que me siento después de haber ayudado a rasgar un poco de verdad, me doy cuenta de que nos veo a todos de nuevo como esos niños.

Esos niños que soplaban a la punta del avión de papel para que volara más lejos.

Comentarios

Guasch ha dicho que…
I com es dóna a entendre als nens que bufen les puntes dels avions que el que fan és pura superstició? Com canviar creences fortament arrelades, si molta gent prefereix la comoditat que ofereixen a la veritat?
Moli ha dicho que…
Perquè la veritat ha de ser un fi, i una recerca.

Sovint no es busca perquè es creu que ja es sap, la comoditat no és "mandra" alhora de buscar-la, sinó acceptació del que es sap com a veritat.
aneris ha dicho que…
La similitud entre la foto de la teva entrada i la foto de la meva és casualitat? Perquè és molt curiós...
Albert Pou ha dicho que…
Santa Inocencia.
"Nunca dejamos de ser niños, aunque nos lo creemos".
¿Así que cuando pinto el avión pesa más y por eso no vuela tanto? Ahora lo entiendo...
Te tengo que dejar... ¡voy a probarlo sin pintarlo!
tomasofen ha dicho que…
Somos, en resumen, pintores de aviones...

:)

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