En la cuna del aire
(Música para acompañar el texto)
Le fascinaba observar como la punta del cigarrillo se sonrojaba con fuerza cada vez que aspiraba un poco del humo que soltaba, como si sintiera vergüenza de que la besaran en la boquilla.
Con la última bocanada de humo se quedó perplejo contemplando como una parte de su alma se escapaba por su nariz y se la llevaba el viento, dejando un cuerpo inútil y vagabundo.
El viento soplaba sin parar. "Es Tramuntana" pensaba Pau, "no se como pero llega hasta aquí".
- Sopla sin interrupción para que vuelva a mi hogar, se lleva mi alma para dejarla clavada donde pertenece, para que vuelva... - divagaba.
En el viento viene y va una respuesta, pero él con el cuerpo frío, el cigarro caliente y con los oídos tiritando de miedo por si la escuchan. Su eterno miedo a echar raíces le provoca el desarraigo en el corazón, que le pide un lugar fértil donde poder florecer todo el amor que tiene dentro.
Pero el alma es impaciente y se subleva cuan do no se escucha lo que dice, y a la primera que puede se escapa junto al humo del tabaco inglés. Sopla el viento sin cesar.
La Tramuntana es imparable, no deja que se alcen en las tierras que domina ni dogmas ni banderas, derrumba todas las fronteras. Es un viento frío y fuerte que limpia a los hombres y a las mujeres de su terquedad y les recuerda qué aun son esclavos de la naturaleza.
.- Pensaba que podría escaparme yendo lejos, me he pasado la vida vagando, pero siempre allá a donde voy el viento va acompañado de susurros de los pinos y con un intenso aroma a hinojo.
Hacía casi cinco años ya que vagaba errante por el mundo. Errante se autodenominaba, pero cuando uno tiene un sitio arraigado en el corazón en el que regresar, uno deja de errar para ser un viajero.
En sus cavilaciones, el problema que siempre sobresalía era el pensar si tan importante era que volviera a su tierra natal, o si había podido arrancar un trozo de su suelo para dejarla dentro suyo y así poder tener un refugio interno, un trozo de su hogar.
Como un caracol se sentía cuando tenía esa sensación de familiaridad estuviera donde estuviese. Como un caracol con su concha que al ponerla en su oreja uno escucha el ruido del viento y del mar.
- Allí nacemos con el corazón de viento, y es la vida la que se encarga de llenarlo de piedras y hundirlo contra el suelo.
Gabriella lo miraba incapaz de sentir su piel, Sabía que estaba lejos de allí, a menudo le ocurría. En esos instantes ella se quedaba quieta observando como él miraba a un horizonte invisible y lo escuchaba.
- No se si sirve de algo, pero me gustaría pedir que estallara el viento en todos los lugares y que se vaya volando la suciedad que la sociedad ha pegado a mi alma.
Gabriella por primera vez rompió el silencio y respondió:
- Pero la suciedad no desaparece, a algún debe ir a parar.
- Pero este vendaval la hace desaparecer, la transforma en algo puro. Sabes Gabriella, no se como puedes ver esta vida como algo colorido, odio tu optimismo absurdamente desmesurado.
- La vida puede tener mil tonalidades distintas.
- Te equivocas. La vida no tiene colores, es toda en blanco i negro. Mi hogar es el único trozo de mundo que me insipira algún color, el azul fuerte del Mediterráneo, el verde de sus prados y el marrón grisáceo de sus montañas escarpadas. Las cosas tienen color y por eso pensamos que en nosotros y en la vida debe haber algo así. Pero somos como perros... ¡o peor! Ellos no saben qué son los colores. Pero a nosotros el presunto saber nos confunde y nos hace creer saber mucho sin saber nada en absoluto. Incluso aquellos que alardean de ver toda una escala de grises me parecen estúpidos, a mis ojos perecederos les parece absurdo buscar algo lejos de los extremos.
Por esto adoro mi tierra, el sutil de sus colores, el obsceno danzar de los olores a "farigola" y "romaní", me recuerda lo humilde que debo ser en un palacio natural.
Gabriella no podía llegar a comprenderlo nunca. Pau era una persona insociable que no hablaba ni quería hablar con nadie. Y con ella solo vomitaba frases que no parecían tener sentido alguno. Por eso seguía a su lado, había comprendido que él no buscaba que lo entendieran, ni necesitaba la compañía ni el calor de otro ser humano. Solo necesitaba un recipiente humano en el que vomitar toda la mierda que creaba su ego por ser incapaz de ser feliz. Que su alma hacia tiempo que se había ido, y por eso él creía estar cerca de sus tierras. Pero estaba con su cuerpo vacío en un lugar que jamás recordaría.
Por ser incapaz de reconocer que su viaje debía terminar.
Le fascinaba observar como la punta del cigarrillo se sonrojaba con fuerza cada vez que aspiraba un poco del humo que soltaba, como si sintiera vergüenza de que la besaran en la boquilla.
Con la última bocanada de humo se quedó perplejo contemplando como una parte de su alma se escapaba por su nariz y se la llevaba el viento, dejando un cuerpo inútil y vagabundo.
El viento soplaba sin parar. "Es Tramuntana" pensaba Pau, "no se como pero llega hasta aquí".
- Sopla sin interrupción para que vuelva a mi hogar, se lleva mi alma para dejarla clavada donde pertenece, para que vuelva... - divagaba.
En el viento viene y va una respuesta, pero él con el cuerpo frío, el cigarro caliente y con los oídos tiritando de miedo por si la escuchan. Su eterno miedo a echar raíces le provoca el desarraigo en el corazón, que le pide un lugar fértil donde poder florecer todo el amor que tiene dentro.
Pero el alma es impaciente y se subleva cuan do no se escucha lo que dice, y a la primera que puede se escapa junto al humo del tabaco inglés. Sopla el viento sin cesar.
La Tramuntana es imparable, no deja que se alcen en las tierras que domina ni dogmas ni banderas, derrumba todas las fronteras. Es un viento frío y fuerte que limpia a los hombres y a las mujeres de su terquedad y les recuerda qué aun son esclavos de la naturaleza.
.- Pensaba que podría escaparme yendo lejos, me he pasado la vida vagando, pero siempre allá a donde voy el viento va acompañado de susurros de los pinos y con un intenso aroma a hinojo.
Hacía casi cinco años ya que vagaba errante por el mundo. Errante se autodenominaba, pero cuando uno tiene un sitio arraigado en el corazón en el que regresar, uno deja de errar para ser un viajero.
En sus cavilaciones, el problema que siempre sobresalía era el pensar si tan importante era que volviera a su tierra natal, o si había podido arrancar un trozo de su suelo para dejarla dentro suyo y así poder tener un refugio interno, un trozo de su hogar.
Como un caracol se sentía cuando tenía esa sensación de familiaridad estuviera donde estuviese. Como un caracol con su concha que al ponerla en su oreja uno escucha el ruido del viento y del mar.
- Allí nacemos con el corazón de viento, y es la vida la que se encarga de llenarlo de piedras y hundirlo contra el suelo.
Gabriella lo miraba incapaz de sentir su piel, Sabía que estaba lejos de allí, a menudo le ocurría. En esos instantes ella se quedaba quieta observando como él miraba a un horizonte invisible y lo escuchaba.
- No se si sirve de algo, pero me gustaría pedir que estallara el viento en todos los lugares y que se vaya volando la suciedad que la sociedad ha pegado a mi alma.
Gabriella por primera vez rompió el silencio y respondió:
- Pero la suciedad no desaparece, a algún debe ir a parar.
- Pero este vendaval la hace desaparecer, la transforma en algo puro. Sabes Gabriella, no se como puedes ver esta vida como algo colorido, odio tu optimismo absurdamente desmesurado.
- La vida puede tener mil tonalidades distintas.
- Te equivocas. La vida no tiene colores, es toda en blanco i negro. Mi hogar es el único trozo de mundo que me insipira algún color, el azul fuerte del Mediterráneo, el verde de sus prados y el marrón grisáceo de sus montañas escarpadas. Las cosas tienen color y por eso pensamos que en nosotros y en la vida debe haber algo así. Pero somos como perros... ¡o peor! Ellos no saben qué son los colores. Pero a nosotros el presunto saber nos confunde y nos hace creer saber mucho sin saber nada en absoluto. Incluso aquellos que alardean de ver toda una escala de grises me parecen estúpidos, a mis ojos perecederos les parece absurdo buscar algo lejos de los extremos.
Por esto adoro mi tierra, el sutil de sus colores, el obsceno danzar de los olores a "farigola" y "romaní", me recuerda lo humilde que debo ser en un palacio natural.
Gabriella no podía llegar a comprenderlo nunca. Pau era una persona insociable que no hablaba ni quería hablar con nadie. Y con ella solo vomitaba frases que no parecían tener sentido alguno. Por eso seguía a su lado, había comprendido que él no buscaba que lo entendieran, ni necesitaba la compañía ni el calor de otro ser humano. Solo necesitaba un recipiente humano en el que vomitar toda la mierda que creaba su ego por ser incapaz de ser feliz. Que su alma hacia tiempo que se había ido, y por eso él creía estar cerca de sus tierras. Pero estaba con su cuerpo vacío en un lugar que jamás recordaría.
Por ser incapaz de reconocer que su viaje debía terminar.
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