Flores

Salían cogidos de la mano él y su hija de ocho años, era un jueves de primavera y el sol de mayo estaba en el punto más alto del cielo, poderoso y sin nubes que le hicieran sombra. Él en la otra mano tenía un ramo de preciosas margaritas con un corazón de color amarillo girasol y unas largas lígulas blancas.

A cierta distancia no se percibía el olor, pero si uno acercaba la nariz al ramo, desde treinta centímetros ya se podía sentir cierto aroma a campo. La margarita no era la flor más bonita del mundo, pero son las que le encantaban a su esposa porque le recordaban al pueblo donde nació, su casa estaba rodeada por prados con margaritas.

Al salir de la tienda pasaron por una de las calles importantes de la ciudad, que estaba llena de centenares, quizás más de mil personas que la cortaban con pancartas y gritos.
- ¿Papá, porqué hay tanta gente en la calle?, ¿Hay una feria?
- No, no hay ninguna feria cariño
- ¿Entonces cómo es que hay tanta gente en la calle?
- Es una manifestación - al ver la cara de extraño de la pequeña María prosiguió - una manifestación es cuando a mucha gente no le gusta algo, se reúnen en la calle para quejarse.
- ¿Y va un hombre a contar cuánta gente hay? - preguntó sorprendida, imaginando a un señor con traje y una calculadora poniendo números.
Joan se rió.
- No, no los cuentan, ya se ve si hay mucha gente o poca.
- ¿Y quién se quejan?, ¿No pueden enviar una carta?
- En teoría son los políticos que lo deben escuchar, pero a veces parece que no escuchan demasiado lo que dice la gente. Es como cuando tú te quejas porque no te gusta comer las espinacas, te quejas y te quejas pero nosotros no te quitamos el plato de espinacas porqué son buenas para que crezcas.
- ¿Entonces los políticos no nos escuchan porque es bueno lo que nos hacen?
- Un político no creo que quiera a su pueblo tanto como un padre quiere a su hijita.

María cada vez entendía menos, y pensaba que era muy complicado todo esto de políticos y gobiernos, son cosas de gente mayor que a ella no le incumben, no le interesan y no las podría entender.
- ¿Por qué hay policías?, ¿Hay gente mala?
- A veces cuando hay mucha gente enfadada, alguno se enfada más de la cuenta y rompe algo. Todos nos enfadamos y a veces hemos roto cosas. La policía está para intentar que no se rompa nada.

Joan no sabía cómo explicarle a su hija qué la policía no estaba vigilando que nada se rompiera, que las cosas funcionaban diferente, pero no quería generar desconfianza en su hija por como funcionaban las cosas. De momento tenía que pensar que todo iba bien y no preocuparse por lo que se escondía detrás de cada placa, detrás de la palabra "seguridad".
- Toma María, si quieres dale una margarita a ese policía que está allí en la esquina, parece que está un poco triste.

Sin pensarlo dos veces la agarró y fue corriendo hacia el hombre uniformado, que al verla corretear con una flor en la mano y ofrecérsela, no supo como responder. Al instante, diez, doce, quince cámaras aparecieron para captar una de las instantáneas más entrañables. Al día siguiente la foto iba a dar la vuelta al mundo. Ya no era tan importante informar sobre el suceso sino poder encontrar la imagen del día.

A Joan le repugnó la idea y fue a recoger a su hija, cada segundo más desconcertada sobre la situación que estaba viviendo. Al final el policía aceptó su flor y balbuceó un "gracias", mejor pecar dando una buena imagen que no despreciando el regalo de una niña. Aunque dentro de unos minutos tenga que estar aporreando a gente, mejor pecar de bueno.
- Me han hecho fotos papá, ¡seré famosa!
- Para mi eres la persona más famosa de todo el mundo, tengo muchas fotos tuyas, soy tu fan número uno.

María se reía con las tonterías de su padre, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas a todo el asunto de las manifestaciones.
- ¿Y si la gente se queja pero nadie escucha... por qué no hacen ellos solos lo que piden?
- Porque no les dejan cariño, porque no nos dejan... ¡Vamos cariño! Que tenemos que ir a ver a mamá.
- ¿Pero iremos andando?, estoy muy cansada...
- Con tanta gente en las calles igual no podríamos llegar en coche, no queda tan lejos ya veras. Cantaremos alguna canción.

Joan quería alejarse porqué sabía que en unos veinte minutos habría problemas. Se iban alejando pero los gritos se seguían oyendo con la misma intensidad, ellos estaban más lejos pero la gente gritaba más fuerte.
- Hacía mucho que no veíamos a mamá ¿verdad? unas cuantas semanas...

Al final llegaron, dejaron las margaritas sobre la lápida y Joan y María se sentaron delante, como si su mujer (y su madre) estuviera sentada en la fría lámina de mármol mirándolos. Ese día hacía tres años que se fue, y el mundo era un lugar peor desde que ella no estaba.

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