Des-Gracia
Al salir de la reunión, bajó las treinta plantas hasta la calle en el ascensor, despidió a su compañero y encendió el teléfono.
Un mensaje en el buzón de voz. "Qué raro... ¿Quién deja hoy en día mensajes en el buzón de voz? Seguramente si habrá gente que lo haga, pero vaya, ni yo ni me suena nadie que lo haga" , pensó. Solo hacía veinte minutos, era bastante reciente.
- ¿Carla? Soy Daniel... Daniel, Dani. Necesito que me cojas el teléfono, es urgente. Si no me llamas ahora mismo no creo que me puedas localizar. Estaré en casa hasta las cuatro. He hecho algo terrible. Nadie me lo perdonará jamás.
¿Daniel, cuanto hacía que no hablaba con él? Casi un año. ¿De qué iba todo esto? ¿Porqué la llamaba a ella? ¿Qué habría hecho tan terrible que ella tuviera que saber? ¿Pero que coño hacia preguntándose cosas? Tenía que llamarlo con urgencia y Daniel lo aclararía todo.
Devolvió la llamada... y nada, el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura en ese momento, por favor, inténtelo de nuevo más tarde.
Era viernes y siempre terminaba el trabajo un poco antes que de costumbre, Carla tenía la suerte de poder gozar de unos fines de semana ligeramente más largos. Eran las tres y cuarto del mediodía, si cogía el metro llegaría para las cuatro menos diez a casa de Daniel. Muy justo pero suficiente como para encontrarse con él. Total, tenía la tarde libre, y eso parecía un asunto verdaderamente importante, por lo menos parecía más importante que tener que comprarse un vestido especial para la cena que tenía el sábado con la familia.
Carla bajaba las escaleras que daban acceso al andén con toda la tranquilidad del mundo, como si no tuviera prisa. Su cabeza pensaba tan rápido que su cuerpo se movía por inercia. No entendía nada de nada. ¿Qué podía haber hecho, matar a alguien? ¿Quizás tenía problemas con la policía, o algo relacionado con drogas? ¡Pero bueno! ¿Daniel con drogas? ¿Quizás le perseguían por algo relacionado con el trabajo o habría atropellado a alguien? ¿Quizás habría robado dinero de algún sitio y se sentiría arrepentido...
¡Por favor, es Dani! Seguro que ha cogido alguna tontería de alguna tienda sin pagar (sin querer) y siendo como es de rígido con las leyes y el buen comportamiento le habría cogido un ataque de nervios. Ya se lo imaginaba diciendo aquello típico de "El bien supremo existe y todos deberíamos actuar en esa dirección".
Ya, pero aun así volveríamos al inicio: ¿Y porqué iba a llamarla a ella?
Carla pensó que sería sensato no precipitarse y buscar en sus recuerdos algo, entre las historias que habían vivido ella y Dani, algo que hiciera pensar que podría relacionarse con lo de hoy. Eso tendría sentido y seguramente podría deducir porqué la había llamado a ella.
Dani y Carla se conocieron 9 años atrás. Carla tenía 21 años y estaba empezando a estudiar periodismo en la universidad después de haber estado trabajando tres años en una librería. Daniel era un profesor becario que daba algunas clases de prácticas. Tenía 31 años. Carla era una joven salvaje, sin complejos ni inseguridades propias para su edad. Tenía unas ideas muy claras y fijas, una fuerza de voluntad insaciable y una confianza en sí misma que le permitía lograr lo "inlograble". En ese momento, follarse al profesor de prácticas.
Daniel era un tipo discreto y atractivo. No era un tipo muy locuaz, pero tenía una apariencia de intelectual despeinado, con unas gafas delgadas y ligeramente caídas, tenía unas pocas canas en la cabeza y cero arrugas, lo que le daba un aire interesante típico de la madurez pero conservando su jovialidad.
Hablaba poco en sus clases, hablaba lento como si meditase cada palabra que pronunciaba. Eso le daba un aire distinguido.Pero todo esto no era importante para Carla, ni se fijaba ni le importaba. Para ella solo era el reto. No quería follarse a Daniel, quería follarse a su rol. Y no fue difícil.
Daniel escribía artículos en una revista importante. La opinión de los demás profesionales acerca de Daniel era siempre un poco ambivalente, admiraban su estilo literario y su facilidad de comunicación pero no soportaban el modo en el qué criticaba en la profesión. Algunas de las frases que le habían hecho ganar más enemigos eran "Un periodista siempre tiene más información de la que da", " el periodista es un ser que no es libre, no puede escribir lo que quiera porqué sí, no es un artista creativo, ni siquiera puede hacerlo cuando lo que quiere escribir es la verdad", "un periodista es el equilibrio entre la verdad y lo que se puede saber".
Pequeños puñales para los profesionales (y para él mismo) pero a la vez le daban un toque humilde (y pedante) al periodismo dejándolo como algo pseudoinformativo y digno de leer.
También decía que los periodistas a veces eran como curas, que escuchan (y espían) confesiones y secretos que deben ocultar y respetar.
Pero todo esto no fascinó a Carla hasta que ya se hubo acostado con él. Después de follarse al papel que interpretaba Daniel, se enamoró del verdadero Dani. El problema es que la rigidez moral de Dani le permitió equivocarse una vez, pero "un profesor no se acostaba con alumnas".
Eso fue un duro golpe para Carla, la mujer invencible. Alguien acostumbrado a conseguirlo todo no acepta un "no" por respuesta. Así que decidió ir a todas las clases que diera Daniel. Lo escuchaba cada semana, cada año y le entregaba trabajos de asignaturas en los que ella no estaba matriculada. Su relación fue esta durante los años en los que Carla estuvo haciendo periodismo.
Una semana después de haber terminado la carrera Daniel le mandó un correo electrónico: "veámonos hoy". Y se vieron. Quizás todo lo bueno se hace esperar, pero no todo lo que se hace esperar es bueno.
Tras once meses intentando mantener algo parecido a una relación estable, decidieron que se habían equivocado. Y la humildad fue tal que decidieron que llevaban años equivocados esperándose el uno al otro. Probablemente por la prohibición que mantuvo Daniel para no juntarse hasta que ella no fuera una Licenciada, pero lo que ninguno de los dos sospechaba es que sus cotidianidad fuera tan dispar.
El sexo inmejorable, la devoción el uno por el otro era excesiva. Todo lo demás incompatibilidad absoluta. Pero nadie se quiere resignar a qué algo que deseaba que funcionase realmente no funciona, y se agarra a lo poco que va debidamente.
Llegaron a convivir juntos durante 3 meses. Finalmente decidieron que lo mejor sería solo limitarse a aquello que les gustaba compartir: los bares y la cama.
Carla se dio cuenta que pensar en el pasado no ofrecía soluciones y la entristecía pensar que la única vez que había pensado que existía "el hombre de su vida", no fuera el hombre de su vida. Permaneció soltera los últimos cuatro años, con encuentros sexuales esporádicos con desconocidos. Daniel también.
Pensó en la última vez que se vieron. Daniel le dijo que la quería.
(Música para continuar)
- Y te voy a querer siempre, por eso no quiero verte más. No puedo, me matas de tanto quererte. Eres mi frustración, la demostración de que hay cosas en mi vida sin solución.
- Pero Daniel, esto es lo mejor que hemos tenido, lo más equilibrado.
- Tan equilibrado que me desequilibra! Carla, no puedo seguir acostándome con mujeres mientras te veo a ti desnuda. No puedo tener mujeres en mi casa, en mi cama, en mi sofá mientras te veo sentada con las piernas cruzadas leyendo en pijama. Necesito volver a intentarlo o dejarlo todo.
- Me parece que eres demasiado extremista.
- Me parece que nunca has estado tan enamorada como yo. Yo estuve contenido, mirándote en cada clase. Me imaginaba parando y de golpe lanzarme a tus pies y gritar por la ventana que te quería. Poner en las diapositivas un poema... no se. Para ti era un juego, estabas enamorada pero estabas enamorada de algo más superficial.
- No me parece justo que juzgues cuanto te quiero solo porqué tu estés sufriendo. Ser víctima no te hace más digno.
- No es ser víctima Carla, fíjate. Trabajas sin parar, te veo cada dos semanas una noche, si tengo suerte dos. Te acuestas conmigo y te vas. Me quedo sin Carla hasta que Carla vuelve. No puedo pedir más, pero prefiero no tener que pedir nada.
- Dani, yo también te quiero, pero no puedo dejar mi vida por ti, eso no funcionó.
- De acuerdo, me quieres. Pero quiéreme bien, entiende que quiera marcharme.
Quizás tenía que ver con eso. Quizás había decidido irse de la ciudad para no tener que encontrarse con Carla por la calle, no tener que verla de lejos. Alejar toda posibilidad de que hubiera un encuentro fortuito. Eso tenía sentido! Se iba, no se verían, nadie lo iba a perdonar... seguramente se refería a sus compañeros de trabajo, a su familia, a ella... por haberlo hecho tan precipitadamente y sin avisar.
Cuando Carla llegó a casa de Daniel encontró un papel clavado en las escaleras de madera con una chincheta.
Era la letra de Daniel:
"Querida Carla, trabajas demasiado. No te ha dado tiempo siquiera en decirme adiós. No creo que pueda explicar todo lo que pueda decirte en esta hoja de papel tan pequeña y con el poco tiempo que tengo, la casa está abierta, cuando entres lo entenderás todo. Si durante estos meses nos hubiéramos visto más, esto no hubiera ocurrido. Para mi era vital y siento que te he perdido, no por tu profesión sino por el dinero. Un dinero que cobras invirtiendo en tu salud.
Te echo de menos y te echaré de menos. Ojalá hubiera podido enseñarte a valorar otras cosas y no solo al periodismo. Siento que tengamos que despedirnos así.
Te quiere, Dani."
La cabeza de Carla quería estallar. ¿Qué coño era todo eso? No quería pensar más, su mente quería precipitarse al vacío lejos de los pensamientos especulativos, no quería comprender. Subió las escaleras y abrió la puerta de la casa de Daniel. Estaba todo a oscuras, abrió la luz y...
- Sorpresaaaa!!!!
Un cartel de "Feliz 30 Aniversario" y unas 25 personas (a ojos de Carla, pero en realidad 32) gritando y aplaudiendo. Carla cerró los ojos y sonrió.
- Hijo de puta!
Daniel era un tipo discreto y atractivo. No era un tipo muy locuaz, pero tenía una apariencia de intelectual despeinado, con unas gafas delgadas y ligeramente caídas, tenía unas pocas canas en la cabeza y cero arrugas, lo que le daba un aire interesante típico de la madurez pero conservando su jovialidad.
Hablaba poco en sus clases, hablaba lento como si meditase cada palabra que pronunciaba. Eso le daba un aire distinguido.Pero todo esto no era importante para Carla, ni se fijaba ni le importaba. Para ella solo era el reto. No quería follarse a Daniel, quería follarse a su rol. Y no fue difícil.
Daniel escribía artículos en una revista importante. La opinión de los demás profesionales acerca de Daniel era siempre un poco ambivalente, admiraban su estilo literario y su facilidad de comunicación pero no soportaban el modo en el qué criticaba en la profesión. Algunas de las frases que le habían hecho ganar más enemigos eran "Un periodista siempre tiene más información de la que da", " el periodista es un ser que no es libre, no puede escribir lo que quiera porqué sí, no es un artista creativo, ni siquiera puede hacerlo cuando lo que quiere escribir es la verdad", "un periodista es el equilibrio entre la verdad y lo que se puede saber".
Pequeños puñales para los profesionales (y para él mismo) pero a la vez le daban un toque humilde (y pedante) al periodismo dejándolo como algo pseudoinformativo y digno de leer.
También decía que los periodistas a veces eran como curas, que escuchan (y espían) confesiones y secretos que deben ocultar y respetar.
Pero todo esto no fascinó a Carla hasta que ya se hubo acostado con él. Después de follarse al papel que interpretaba Daniel, se enamoró del verdadero Dani. El problema es que la rigidez moral de Dani le permitió equivocarse una vez, pero "un profesor no se acostaba con alumnas".
Eso fue un duro golpe para Carla, la mujer invencible. Alguien acostumbrado a conseguirlo todo no acepta un "no" por respuesta. Así que decidió ir a todas las clases que diera Daniel. Lo escuchaba cada semana, cada año y le entregaba trabajos de asignaturas en los que ella no estaba matriculada. Su relación fue esta durante los años en los que Carla estuvo haciendo periodismo.
Una semana después de haber terminado la carrera Daniel le mandó un correo electrónico: "veámonos hoy". Y se vieron. Quizás todo lo bueno se hace esperar, pero no todo lo que se hace esperar es bueno.
Tras once meses intentando mantener algo parecido a una relación estable, decidieron que se habían equivocado. Y la humildad fue tal que decidieron que llevaban años equivocados esperándose el uno al otro. Probablemente por la prohibición que mantuvo Daniel para no juntarse hasta que ella no fuera una Licenciada, pero lo que ninguno de los dos sospechaba es que sus cotidianidad fuera tan dispar.
El sexo inmejorable, la devoción el uno por el otro era excesiva. Todo lo demás incompatibilidad absoluta. Pero nadie se quiere resignar a qué algo que deseaba que funcionase realmente no funciona, y se agarra a lo poco que va debidamente.
Llegaron a convivir juntos durante 3 meses. Finalmente decidieron que lo mejor sería solo limitarse a aquello que les gustaba compartir: los bares y la cama.
Carla se dio cuenta que pensar en el pasado no ofrecía soluciones y la entristecía pensar que la única vez que había pensado que existía "el hombre de su vida", no fuera el hombre de su vida. Permaneció soltera los últimos cuatro años, con encuentros sexuales esporádicos con desconocidos. Daniel también.
Pensó en la última vez que se vieron. Daniel le dijo que la quería.
(Música para continuar)
- Y te voy a querer siempre, por eso no quiero verte más. No puedo, me matas de tanto quererte. Eres mi frustración, la demostración de que hay cosas en mi vida sin solución.
- Pero Daniel, esto es lo mejor que hemos tenido, lo más equilibrado.
- Tan equilibrado que me desequilibra! Carla, no puedo seguir acostándome con mujeres mientras te veo a ti desnuda. No puedo tener mujeres en mi casa, en mi cama, en mi sofá mientras te veo sentada con las piernas cruzadas leyendo en pijama. Necesito volver a intentarlo o dejarlo todo.
- Me parece que eres demasiado extremista.
- Me parece que nunca has estado tan enamorada como yo. Yo estuve contenido, mirándote en cada clase. Me imaginaba parando y de golpe lanzarme a tus pies y gritar por la ventana que te quería. Poner en las diapositivas un poema... no se. Para ti era un juego, estabas enamorada pero estabas enamorada de algo más superficial.
- No me parece justo que juzgues cuanto te quiero solo porqué tu estés sufriendo. Ser víctima no te hace más digno.
- No es ser víctima Carla, fíjate. Trabajas sin parar, te veo cada dos semanas una noche, si tengo suerte dos. Te acuestas conmigo y te vas. Me quedo sin Carla hasta que Carla vuelve. No puedo pedir más, pero prefiero no tener que pedir nada.
- Dani, yo también te quiero, pero no puedo dejar mi vida por ti, eso no funcionó.
- De acuerdo, me quieres. Pero quiéreme bien, entiende que quiera marcharme.
Quizás tenía que ver con eso. Quizás había decidido irse de la ciudad para no tener que encontrarse con Carla por la calle, no tener que verla de lejos. Alejar toda posibilidad de que hubiera un encuentro fortuito. Eso tenía sentido! Se iba, no se verían, nadie lo iba a perdonar... seguramente se refería a sus compañeros de trabajo, a su familia, a ella... por haberlo hecho tan precipitadamente y sin avisar.
Cuando Carla llegó a casa de Daniel encontró un papel clavado en las escaleras de madera con una chincheta.
Era la letra de Daniel:
"Querida Carla, trabajas demasiado. No te ha dado tiempo siquiera en decirme adiós. No creo que pueda explicar todo lo que pueda decirte en esta hoja de papel tan pequeña y con el poco tiempo que tengo, la casa está abierta, cuando entres lo entenderás todo. Si durante estos meses nos hubiéramos visto más, esto no hubiera ocurrido. Para mi era vital y siento que te he perdido, no por tu profesión sino por el dinero. Un dinero que cobras invirtiendo en tu salud.
Te echo de menos y te echaré de menos. Ojalá hubiera podido enseñarte a valorar otras cosas y no solo al periodismo. Siento que tengamos que despedirnos así.
Te quiere, Dani."
La cabeza de Carla quería estallar. ¿Qué coño era todo eso? No quería pensar más, su mente quería precipitarse al vacío lejos de los pensamientos especulativos, no quería comprender. Subió las escaleras y abrió la puerta de la casa de Daniel. Estaba todo a oscuras, abrió la luz y...
- Sorpresaaaa!!!!
Un cartel de "Feliz 30 Aniversario" y unas 25 personas (a ojos de Carla, pero en realidad 32) gritando y aplaudiendo. Carla cerró los ojos y sonrió.
- Hijo de puta!
Comentarios
Jugues a que el lector vagi traçant una història en la seva ment, que cadascú dirigeix cap a un desenllaç que canvia per complet amb una sola frase. Soberbi!