Barcos de papel
Haría unos cinco minutos que habían terminado de hacer el amor. Él había eyaculado dentro de ella, y aunque ella no había tenido un orgasmo, se sentía tranquila, satisfecha, también cansada y un poco adormecida.
Estaban estirados en la cama, de lado, mirándose a los ojos. Ella no decía nada, lo miraba fijamente con el semblante serio pero con unas ligeras arrugas en los lados de los ojos que denotaban una ternura dedicada solamente a él.
Jean acariciaba su pelo, sonriendo. Edith cerró los ojos y Jean sintió que se desvanecía, como si fuera un montón de ceniza que con el viento se dispersa y se escapa entre sus dedos. Al cabo de unos minutos más él abrió los labios para hablar, no dejaba de mirarla. Ella alzó levemente la barbilla, como si fuera a mirar al techo de la habitación pero con los ojos completamente cerrados.
- ¿Dónde estás?
Tras unos segundos de silencia ella respondió.
- Veo un barco...
- ¿Un barco?
- Sí, veo un barco.
- ¿En el mar?
- Sí..., todo es mar. Un mar en calma.
- ¿Y hace sol?
- Hace muy buen día
- ¿Y el barco es como un velero, o tiene motor tipo lancha, tipo yate?
- Es de vela
- ¿Barco de vela con motor?
- No, es solo un barco de vela, pequeño, de color amarillo, brilla con el sol, es bonito. Se mece suavemente y navega con una ligera brisa, la misma que acaricia mi pelo.
- ¿Y ves algo más? ¿Hay un puerto cerca, o quizás el velero estaba entrado en una playa de arena.
- No lo sé, desde donde estoy yo no se ve nada más que agua y ese velero. Si tuviera que decidirme, diría que se aleja de la costa, pero no se si viene de un puerto o de la playa. Deduzco que se aleja.
Edith respiraba con fuerza con cada pregunta. Había un punto en el que Jean sentía que se excitaba, pero esa idea extraña se le fue de la cabeza cuando se dio cuenta de que con cada pregunta estaba más y más dentro de ese paisaje onírico.
- ¿Sí no hay costa...dónde estás tú? ¿En el velero?
- No, no estoy en el velero, estoy lejos, un poco elevada, pero no veo qué tengo en el suelo. No miro al suelo, miro recto, hacia el velero.
- ¿Una isla, podría ser?
- Podría ser...
- Y ¿yo estoy?
- Quizás...no lo sé...- dudó unos segundos- quizás en el barco
- ¿En el barco que se va?
- Sí quizás estás en el barco que se va, o quizás detrás de mí y no te veo. No lo sé, quizás estás en el barco que se va y después va a volver..
- Sí, Edith, quizás el barco va a volver.
Apartó su cabeza, que apuntaba al cielo y volvió a recostarla de lado en el cojín. Abrió los párpados y volvieron a aparecer en su mirada esas arrugas de ternura y complicidad.
Jean apartó la mano de su pelo y se acercó a besarla.
El barco había vuelto.
Comentarios
Pasaron un, dos, tres,
cuatro, cinco, seis semanas,
y aquel barquito navegó.