Green

Canción para este cuento

No se oía ningún ruido, pero empezaba a notar mis movimientos. Estaba despertando, Los párpados me temblaban deseando abrirse pero sin estar preparados aún para conseguirlo. Vi algo de luz, blanco a mi alrededor.

Abrí un poco más mis ojos y me encontré con unos ojos clavados en mi. Unos ojos verdes que se cerraron sutilmente cuando se dieron cuenta de que los míos despertaban. Esa caída de ojos iba acompañada por una sonrisa que me seducía y pronunciaba "buenos días".

Sin pensarlo y con la voz ronca dije "buenos días", casi por automatismo, e intenté sonreír, aunque quedó disimulado por un bostezo que irrumpió en nuestra escena matutina. Me acarició la mejilla con su mano y se acercó para besarme. Mis labios quisieron ser recíprocos con los suyos, "no querrían ser maleducados", pensé, aunque después pensé que no necesitaba decirme ninguna ocurrencia puesto que era lo que más deseaba.

Miré alrededor y me sentí bien. La habitación no era muy grande pero era muy acogedora. Toda estaba pintada de blanco, con un armario blanco estilo sueco pero con las puertas de cristal glaseado. En la ventana abierta ondulaban unas cortinas blancas lisas, en un tono muy parecido a las sábanas, que estaban puestas en una cama de madera clara, en un tono que parecía ser pino. El mismo color de las dos mesitas de noche a lado y lado de la cama.

Me incorporé levemente y quise mirar el paisaje que había detrás de la ventana. La guinda hubiese sido ver un campo verde, con amapolas o girasoles, algún árbol como cipreses o almendros. Mucho verde y algunos toques de color. Pero estábamos en medio de la ciudad, y aunque no había apenas ruido, el gris dominaba al otro lado de los cristales.

Me giré de nuevo a mirar a mi acompañante, en sus ojos había todos los campos necesarios, y en su sonrisa todas las flores del mundo. Ahora si pude sonreír y mantener mis ojos bien abiertos. Pasamos tanto tiempo juntos sin saber que nos habíamos estado buscando. Deseaba poderle decir que me había pasado la vida entera sin saber que la esperaba.

Preguntó: "ya estás despierto?", como si ninguno de los dos supiera que llevábamos diez minutos deseándonos de nuevo. No pude evitar torcer mi sonrisa y preguntarme hasta cuando podía durar esa sensación, que me daba casi vergüenza reconocer pero que estaba convencido de que era felicidad. Ella lo notó, pero nada podía perturbar su caída de ojos, y me dijo "tranquilo, tranquilo, vamos a estar aquí un rato más" y sin que dijera nada respondía mis dudas "hasta que queramos". Y me abrazó.

Sentí que podía morirme en paz entre sus brazos, ambos desnudos, podríamos irnos de este mundo tal y como vinimos. Quién sabe a veces porqué a veces queremos seguir el camino más largo posible para conseguir aquello que deseamos. Quién sabe porqué no decidimos desearnos antes. Tenía la sensación de que el ayer se nos había escapado entre los dedos.

Nos empezamos a besar mirándonos a los ojos, algo temblaba dentro de mí. No dejamos de mirarnos ni de besarnos y con un movimiento hábil ella se situó encima mío y empezamos a hacerlo, lentamente. Separamos la cara unos centímetros y empezamos a jadear. Podía sentir su aliento, caliente, ella podía sentir el mío. No dejábamos de mirarnos, no dejábamos de movernos. Deseaba terminar con esos ojos clavados en mí, ver como se enternecían mientras el placer dibujaba una ligera curva en nuestros labios entre jadeos.

Se quedó recostada encima mío, con su oreja pegada en mi pecho. "Te late el corazón deprisa, muy fuerte". "No te preocupes" le dije yo, "deja que viva".

Comentarios

Soledad 6 ha dicho que…
Estaba creyendo que el narrador se había despertado en un quirófano después de unas cuantas horas por parte de los médicos de intentar reanimarlo.
Moli ha dicho que…
Hay mañanas que despertarse es tan bonito como abrir los ojos en un quirófano y saber que estás vivo :)

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