Soñé

Soñé que no estabas. Yo estaba estirado en la cama con los ojos aún cerrados y te buscaba a tientas por algún lugar del colchón. Eras un fantasma, aparecías con un vestido sencillo e inocentemente blanco, como tu piel, te acercabas a mí, acercabas tus manos y yo podía notar tus caricias sin que me tocaras. Y después te desvanecías como si fueras niebla. Era igual que un mal sueño. Quería llorar pero lloraba sin querer. Y tú, me debías oír de alguna manera porque entonces tus manos me rodeaban por detrás y me apretaban el pecho, dándome calor y frenando mi llanto. Entonces yo me giraba, te miraba, pero algo en ti había cambiado, algo en tu naturaleza era distinto. Eso que era idéntica a ti, pero algo fallaba en los ojos, un destello que ya no existía y me daba un miedo tremendo. En tus ojos habitaba una mirada sin mirada que me hacía temblar. Sonreías con una dulzura que jamás había visto en ti, pero era vacía. Intentando salvarte de esa maldición, ahora era yo que me acercaba a ti, lentamente, sin dejar de mirarte, acercándome a tus labios.


Te estaba dando un beso pero mis labios ya no eran esos, fue peor que un mal sueño. Me apreté la cabeza con las manos y me arrodillé en el suelo, desesperado. Levanté de nuevo mi mirada, ahora tu vestido estaba manchado de rojo engaño. Fue entonces cuando sentí que no podía aguantar más, me estaba haciendo daño, necesité gritar, y creo que grité. Quise abrir los ojos pero no pude. No pude abrir los ojos amor, porque ya estaban abiertos.

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