Madres

Hoy regresaba a casa después de un día de trabajo más largo de lo que había anticipado por la mañana. En realidad, como cada día. Lo extraño es que me pille por sorpresa todavía.

Regresaba en mi moto “nueva”, contento, satisfecho de recuperarla después de una breve revisión de 24h que me obligó a recuperar las memorias de mis viajes por los subsuelos de la ciudad.

Cuando ya estaba en el arcén justo delante de mi portal, subí la moto en la acera por una rampita y visualicé el hueco dónde quería dejarla, justo donde termina la cuesta de la calle. Pero subiendo por la cuesta a unos pocos metros de mí había una madre que subía por la cuesta, cargada con una mochila, arrastrando un patinete en el que encima cargaba con una niña de unos seis años.

Al ritmo que iba, podía haber cruzado el trozo de acera sin problema para dejar la moto en el lugar que deseaba (aunque debo recordar el código de circulación, no se puede cruzar con el vehículo en marcha por la acera). Como buen ciudadano permanecí quieto, esperando a que la mujer llegara arriba de la cuesta, primero, para que no se asustaran si una moto cruzaba su trayectoria a pocos metros de ellas, segundo, para minimizar el peligro ya que la chiquilla, aunque no propulsaba el patinete era algo imprevisible en el manejo del volante.

La mujer se dio cuenta de mis intenciones, de que estaba esperando a que pasaran, pero no se afanaba en acelerar el paso. Cuando pasó por mi lado me miró a los ojos y me dijo “lo siento, no puedo más” con una sonrisa.

Me sorprendió. Los saludé con la mano y sonreí. Es curioso lo fascinante que les parecen las motos a los niños/as. Pero mi sorpresa fue por lo que me dijo la madre “lo siento, no puedo más” y la increíble sonrisa cansada que pintó en su cara.

Pensé, “igual esto debe ser esto de ser madre”. Es algo que yo nunca podré ser ni comprender por muchas razones, pero quizás esa mujer soltó una representación sublime de lo que es ser madre, quizás es un: “no poder más, con una sonrisa”, me pareció tremendamente hermoso.

 

Me preguntaba si mi madre también se había sentido así alguna vez, de no poder más, porque jamás lo noté, jamás. Y de golpe la pensé más fuerte.

Lo que sí viví es que siempre pudo con todo. Y sí, con una sonrisa.

Además, hoy es su cumpleaños. ¿O fue ayer?

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