Caja
Dan se acordaba de la última vez. ¿Que haría ya?, ¿tres años?
No había parado de vomitar durante tres días seguidos. No había ni bebido demasiado, ni comido nada que pudiera resultarle perjudicial. Pero vomitaba como un desgraciado porqué sabía que lo merecía. No lo provocaba, pero una especie de fuerza visceral le apretaba el estómago hasta vaciarlo por dentro.
En aquella ocasión cuando se quedó vacío, bebió y bebió de un whisky rancio comprado a granel en la bodega del barrio. Sabía a madera poco refinada y porosa, un mal whisky sin apenas madurar. Pero el buen beber es para el que está saciado, la bebida barata es para aquel que le queda todo por aprender.
Pero Dan no consiguió olvidar a los labios de Rosa, los tenía presentes en todo momento. No había licor capaz de borrar el desamor de una alma atormentada. No había brebaje en el mundo, ni mujer alguna que pudiera hacer desaparecer los labios de Rosa.
Pero eso fue hace tres años, y Rosa voló de su cabeza. Primero voló al nido de otro hombre y tardó más de un año en volar de su cabeza. Durante esa temporada Dan vivió solo, alejado e ignorado por el mundo. Jamás logró entender como alguien podía abandonar a su amor para desaparecer con otro.
"¿Como ocurre eso?", se preguntaba Dan constantemente. No podía entenderlo. Entendía que la gente se enamorase y se desenamorase, que alguien se pudiera enamorar de dos personas a la vez, todo esto le parecía la mar de normal, un dolor aguantable y comprensible. Pero no podía entender la cobardía de alguien que pudiera abandonar a su presunto amor solo cuando por fin encontrara a otro. No entendía que el miedo a la soledad hiciera que alguien que perdía el amor siguiera atado a esa persona esperando que el amor resucitara en otra para escaparse. Simplemente, no soportaba esa debilidad.
Eso nunca hacía feliz a nadie. Dan lo sabía. En esa época solo pensaba en comprar una caja grande de cartón, ponerle una etiqueta de "material explosivo", meterse dentro y que lo apartaran en un lugar donde nadie pudiera tocarle para que nadie sufriera daños.
Pero eso fue hace tres años y después de Rosa cualquier mujer parecía más buena de lo que sería Rosa en toda su vida. Dan se embriagaba de vaginas indistintamente sin pensarlo noche tras noche, era el único placer que no le producía resaca al día siguiente.
Sin embargo, Dan jamás vivió del vicio, sino que sobrevivió gracias a él. Así que pronto conoció a Mariela, su dulzura y sus encantos sobrepasaban a cualquier mujer que hubiera conocido hasta entonces. Pero Dan había nacido para ser infeliz y cuando ella le propuso irse a vivir juntos, él empezó a sentir esas ganas de vomitar sin razón, esa sensación nauseabunda que le producía el bienestar.
Dan rechazó la única posibilidad de tener la vida que deseaba comprando una caja de madera en la que enganchó una etiqueta que ponía la palabra "Frágil".
Se encerró dentro y no pudo salir jamás.
No había parado de vomitar durante tres días seguidos. No había ni bebido demasiado, ni comido nada que pudiera resultarle perjudicial. Pero vomitaba como un desgraciado porqué sabía que lo merecía. No lo provocaba, pero una especie de fuerza visceral le apretaba el estómago hasta vaciarlo por dentro.
En aquella ocasión cuando se quedó vacío, bebió y bebió de un whisky rancio comprado a granel en la bodega del barrio. Sabía a madera poco refinada y porosa, un mal whisky sin apenas madurar. Pero el buen beber es para el que está saciado, la bebida barata es para aquel que le queda todo por aprender.
Pero Dan no consiguió olvidar a los labios de Rosa, los tenía presentes en todo momento. No había licor capaz de borrar el desamor de una alma atormentada. No había brebaje en el mundo, ni mujer alguna que pudiera hacer desaparecer los labios de Rosa.
Pero eso fue hace tres años, y Rosa voló de su cabeza. Primero voló al nido de otro hombre y tardó más de un año en volar de su cabeza. Durante esa temporada Dan vivió solo, alejado e ignorado por el mundo. Jamás logró entender como alguien podía abandonar a su amor para desaparecer con otro.
"¿Como ocurre eso?", se preguntaba Dan constantemente. No podía entenderlo. Entendía que la gente se enamorase y se desenamorase, que alguien se pudiera enamorar de dos personas a la vez, todo esto le parecía la mar de normal, un dolor aguantable y comprensible. Pero no podía entender la cobardía de alguien que pudiera abandonar a su presunto amor solo cuando por fin encontrara a otro. No entendía que el miedo a la soledad hiciera que alguien que perdía el amor siguiera atado a esa persona esperando que el amor resucitara en otra para escaparse. Simplemente, no soportaba esa debilidad.
Eso nunca hacía feliz a nadie. Dan lo sabía. En esa época solo pensaba en comprar una caja grande de cartón, ponerle una etiqueta de "material explosivo", meterse dentro y que lo apartaran en un lugar donde nadie pudiera tocarle para que nadie sufriera daños.
Pero eso fue hace tres años y después de Rosa cualquier mujer parecía más buena de lo que sería Rosa en toda su vida. Dan se embriagaba de vaginas indistintamente sin pensarlo noche tras noche, era el único placer que no le producía resaca al día siguiente.
Sin embargo, Dan jamás vivió del vicio, sino que sobrevivió gracias a él. Así que pronto conoció a Mariela, su dulzura y sus encantos sobrepasaban a cualquier mujer que hubiera conocido hasta entonces. Pero Dan había nacido para ser infeliz y cuando ella le propuso irse a vivir juntos, él empezó a sentir esas ganas de vomitar sin razón, esa sensación nauseabunda que le producía el bienestar.
Dan rechazó la única posibilidad de tener la vida que deseaba comprando una caja de madera en la que enganchó una etiqueta que ponía la palabra "Frágil".
Se encerró dentro y no pudo salir jamás.
Comentarios
Gràcies per ser tant bo..
Les capses fràgils només haurien de ser obertes per persones capacitades ;)
Marina