Precios...

- ¿Cuanto vale tu amor?
Samantha se quedó extrañada, pero siendo un cliente tan apuesto y elegante decidió continuar con su juego. Iba vestido con camisa de un color azul satinado, americana y pantalones negros. Tenía una voz áspera pero agradable.
- Sesenta, media hora, hago lo que me pidas.
- ¿Como te llamas?
- Hoy Samantha - y se rió de su propia broma.
- Solo quiero un rato de amor, con menos tiempo me basta.
- Lo se corasón, a todos con menos tiempo os basta, pero media hora es lo mínimo. Además no pareces del tipo de gente que tiene problemas con la plata.

Ningún problema. A Raúl le sobraba el dinero, como también le sobraban los dolores de cabeza.
- ¿Cuanto me cobras por un abrazo, solo un minuto?

A Samantha nunca le habían pedido nada parecido. De cosas raras lo que quisieras, que si "hacerlo con mi mujer mirando", que si "con cámaras filmando", que si "ponte este vestido de hombre y un arnés y dame duro"... de lo más bizarro e inimaginable, pero nunca nadie le había pedido nunca nada tan normal como un abrazo.
- Este... con cinco euros bastará, supongo - respondió Samantha con serias dudas sobre la situación en la que se encontraba. Tenía miedo que fuera algún personaje de estos raros que luego dan malas sorpresas.
- ¡Me niego! - gritó Raúl - si te pago cinco euros por un abrazo con amor, será poco el amor que le vas a poner a este precio.
- Disculpe señor, pero esto no es Pretty Woman, no puedo enamorarme de usted, sin más.
- Claro que no es Pretty Woman, yo no soy tan rico ni usted es tan Julia Roberts. No quiero que me abrace como una prostituta, no quiero que me de amor barato, solo quiero que me de un abrazo como persona, como el que podría dar a uno de sus hijos. En el fondo, como el que podría dar a cualquier ser humano.

Samantha empezó a comprender lo que le pedía el señor, pero sabía que era imposible dar un abrazo como el que daba a sus hijos. Samantha había nacido en Lima, y se marchó a España a los veinticinco años con un niño de cinco años y una niña de tres, porqué su marido no ganaba lo suficiente y ella no podía encontrar trabajo. Decidieron separarse un tiempo hasta que ambos ganaran suficiente dinero para reunirse de nuevo. Ahora ella tenía veintinueve.

- Eso no se lo puedo dar, señorito, no podría usted pagarlo de ninguna manera.
- A eso me refiero yo... ¿puede siquiera intentarlo?

Pensó en sus hijos y pensó en como conseguir la satisfacción de ese señor. Recordó que para que sus hijos comieran un poco de todo y no fueran caprichosos, estableció un mercado semanal con distintos tipos de alimentos y diferentes precios. Cada semana daba dinero falso a sus hijos según su comportamiento y al final de la semana, "compraban" los alimentos que iban a comer la semana siguiente, con lo qué se podían asegurar algún capricho.

- Señor, deme todo lo que lleva en el bolsillo trasero - Samantha conocía bien los pantalones de hombre, quitaba muchos cada día, y bien sabía que los pantalones de ese hombre no tenían bolsillos trasero. Raúl se palpó el trasero con la cara torcida y dijó:
- No tengo bolsillos... no hay nada
- Pues deme todo lo que lleve en el bolsillo trasero.

Raúl intentaba comprender lo que pretendía la prostituta, agarró un puñado de nada y se lo dio todo a Samantha.
- De acuerdo, ya me has pagado. Ahora te daré tu abraso corasón.

Y lo abrazó. Raúl comprendió por primera vez en su vida de qué materia estaba hecho el amor. No había nada que pudiera pagarlo, tal y como le habían explicado siempre, pero había comprendido que valía más que todo en este mundo.

El minuto terminó y ambos quedaron saciados, se despidieron con una sonrisa, la de Raúl de alivio, la de Samantha de satisfacción.

Raúl había nacido y crecido en un orfanato. Lo único que aprendió ahí dentro fue a luchar solo para que su vida no terminara en una cárcel, como el mejor y único amigo que tuvo, Pedro. Aprendió a luchar para que no tuviera que terminar alcohólico o drogadicto como sus padres (o eso le habían contado). Aprendió a luchar para poder dar a sus hijos un futuro que él en su pasado no pudo tener. Pero jamás tuvo mujer ni hijos.

Luchó incansablemente pero nadie le enseñó a amar, y nadie le enseñó a como ser amado. "Cuando no sepas algo, búscalo en un libro" le decían siempre, y así lo hacía, pero los libros son buenos para leer por la noche, sin embargo no dan calor de unos brazos de mujer.

Al cabo de una semana la policía se presentó a la calle en la que trabajaba Samantha. Pararon a Alice, otra prostituta y le preguntaron:
- Buscamos a una mujer, peruana, morena con el pelo rizado.
- No conozco a las demás chicas - soltó Alice dando media vuelta y cambiando de sitio.
- Espera, no venimos a detener a nadie, necesitamos a esta mujer, es importante, es un asunto oficial.
- Yo trabajo por mi cuenta - dijo Alice en un intento para proteger a su compañera.

Pero del mismo modo en qué Alice protegía a sus compañeras de oficio, samantha y otra puta de la calle se acercaron para ver si podían ayudar a Alice, que parecía agobiada con la policía. Al acercarse la policía repitió el discurso.
- Buscamos a una mujer, peruana, morena y con el pelo rizado. Sin problemas, no es grave.
Samantha se dio por aludida y respondió:
- En este rinconsito solo somos Lupita y yo.
- Lo único que sabemos es la descripción que hemos dado y que utiliza el nombre de Samantha.
- Samantha soy yo los lunes - y sonrió, siempre le pareció entretenido ese cambio de personalidad que hacía según el día de la semana.
- Tienes cita para acudir mañana ante un notario y un abogado mañana por la mañana, la reunión ya está organizada, usted solo tiene que acudir a la dirección que le hemos apuntado. El hombre que ha muerto, Raúl Martínez le ha dejado una carta y algo de herencia, parece que fue cliente suyo.

Samantha cogió la carta asombrada, mientras la policía se alejaba con un "buenas noches" y otro "las hay con suerte".

(Canción de fondo para continuar)

Hola Samantha, dudo que este sea su verdadero nombre. Cuando pasé por su calle y la paré, hacia tiempo que me habían diagnosticado un cáncer terminal en el pulmón.
Jamás pude conocer el amor de una mujer. Nací y crecí en un orfanato donde éramos valorados más como futuros delincuentes que no como personas.
Tú supiste darme por primera vez lo más parecido a lo que siente uno cuando es querido. Es lo único que me quedaba por saber antes de morir.

He luchado toda mi vida para conseguir un dinero que no me ha llenado y un futuro que no llegará. No hay futuro, solo un pasado tirando piedras al presente para que se caiga y deje de andar.

De todo el dinero que no he podido gozar ni me ha hecho feliz, la mayoría lo he repartido entre varias asociaciones, entre otras el orfanato en el que me crié. No quiero que esos niños terminen como la mayoría de mis compañeros, ni tampoco les deseo mi futuro "brillante". Uno de los requisitos que pedí al ofrecer tanta cantidad de dinero fue que aceptaran a contratarte.

En un sitio con tanto abandono, hace falta alguien que sepa dar a amor a cualquiera incondicionalmente, alguien que sepa ver etiquetas con precios invisibles.

Decidí acelerar mi proceso para no tener que llegar a las últimas consecuencias del sufrimiento de una enfermedad que solo podía empeorar. Pero me siento bien, por tu abrazo.

Me siento bien por haber aprendido en el último minuto todo lo que he hecho mal. Esa es mi redención.

Comentarios

Hest ha dicho que…
M'ha encantat!
Syl_Miranda ha dicho que…
GRan historia, digna de compartirla.!
Soledad 6 ha dicho que…
El AMOR no tiene precio, para todo lo demás: Master Card.

El trabajo en el orfanato, que él pone como condición para donar su fabulosa fortuna, ¿es de obligada aceptación por parte de ella o puede negarse? No sé, se me ocurre pensar que tal vez ella no quiera cambiar de trabajo.
Moli ha dicho que…
Gràcies als tres.

Soledad, pues la verdad yo tampoco tuve del todo claro. Ella puede aceptar o rechazar, pero supongo que ahí está la gracia de saber que tienes una oportunidad para cambiar tu vida... si es que la quieres cambiar.

No tengo claro que quería. Quizás ganaría menos y no podría mandar dinero a su país o no alimentar bien a sus hijos. Quizás lo aplaza y lo coge dentro de unos años. Habría que ver
Guasch ha dicho que…
Felicitats Moli, he vibrat de cos sencer!

Surten matisos prou profunds per a què cadascú es quedi reflexionant amb el que més li evoqui.

A mi, entre altres coses, m’ha fet pensar en les lluites que tots liderem per acostar-nos a les metes a les que creiem que volem arribar, i un cop assolides, sovint mirem enrere i ens preguntem si aquesta lluita ha tingut algun sentit, com pensaria Raül.

També la imprevisibilitat de les circumstàncies: un càncer s’avança al futur que ha passat una vida sencera perfilant; una carta t’ofereix un canvi de vida inimaginable... el bonic és que la “sort” de rebre la carta ve donada per una acció personal, no encaminada a cap objectiu que el d’ajudar a un desconegut.

PD: No llegeixo al ritme en què publiques les entrades, sinó en moments que, com aquest d’ara, té més sentit fer-ho per mi.

Gràcies per regalar les teves històries, continua així d’inspirat :) Un encert el toc musical

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