Pensario

  26 de abril:

Te he visto en el metro y el corazón me ha dado un vuelco, como si empezara a latir del revés, dónde antes el corazón se estrujaba lo notaba relajado, y dónde se ensanchaba lo sentía apretado. Suficientemente extraño como para no excitarme (sexualmente, quería decir, en un lugar inapropiado), pero suficientemente intenso como para decidir escribir un diario de mis pensamientos a partir de hoy, un "pensario" por lo que pensé, sentí o intuí tras bajarme en la siguiente estación y despedirme de tu imagen. Eso es, he bajado a Diagonal con una certeza absoluta de que no te podré olvidar en las próximas 24 horas.

27 de abril:

No me he equivocado. Me he despertado acordándome de tu cara, de tu mirada. ¿Nos miramos, cierto? ¿O solo te miré yo a ti? No importa demasiado, creo, estoy casi seguro que nuestros ojos se cruzaron en algun momento, cuando mi corazón volcó como una canoa en aguas agitadas. Sabía que sería raro encontrarte esporádicamente de nuevo en el transporte público. Casi imposible. Así que si quiero retenerte en mi memoria debo esforzarme voluntariamente, porqué tu no podrás aparecer a refrescar mi memoria. ¿Debí haberte dicho algo o estas cosas ya no se hacen? ¿Hubiera parecido un psicópata? ¿Cuál habría sido la frase perfecta? No se me ocurre nada. Todas me parecen pésimas.

No se me ocurre nada

30 de abril:

Parece que ya existes en mi cabeza sin esfuerzo. Es raro, ¿no? Una desconocida habita dentro de mí. Como un virus que ocupa tu cabeza, tus pensamientos y los va poblando, colonizando. Aparece tu imagen en cualquier hora del día, mientras mi mente viaja por cualquier otra idea y de golpe te encuentras trabajando mecánicamente mientras tus ojos, tu mirada, ahora ya tu sonrisa también, preciosa, imperfecta, casi obscena, se reproducen como una enfermedad de transmisión sexual entre mis neuronas y mis células, en mi sistema immunológico debilitando mi realidad.

03 de mayo:

¿Se puede tener nostalgia de algo que no has vivido? ¿Existe algún término que lo defina? Quizás los existencialistas podrían dar respuesta a esto. "Antes de marcharme ya quería volver" decía Rulo. Hoy he empezado a imaginar fantasías locas en las que te presentaba a mis amigos, comprábamos una furgoneta, hacíamos una comida con tus padres, mis suegros (vamos a decirlo bien), quizás incluso fantaseaba acerca del nombre de nuestro futuro bebé, "Gonzalo", no estoy seguro de que me guste, te decía, pero parecía que a ti si. Luego he salido de mis ensoñaciones y he descubierto una realidad en la que tu no eras nadie, no existías, tan solo eras la proyección que se había montado en mi cabeza de una imagen de una chica con la que me había cruzado hacía unos días en el metro. Una fantasía. Casi una predestinación.

Luego me he sentido triste y he empezado a pensar que la trascendencia posiblemente era una invención, una trampa de la ilusión.

08 de mayo:

¡Mierda, mierda, mierda! ¿Eras tú? Te he visto de lejos, me pareció ver tu pelo por detrás. Ibas un par de vagones más adelante del mío. Me salté mi parada y vi que bajabas en la siguiente. No importaba llegar tarde al trabajo. Empecé a perseguirte a lo lejos, suerte que no te giraste y no viste mi cara desencajada observándote y empujando la multitud. Te hubieras asustado. Creo que subiste por el ascensor, te perdí de vista pero sea como sea, cuando salí a la calle corriendo, sudando... ya no estabas. Exhalaba con fuerza y agotamiento. Si eras tú, todavía había esperanza. Quizás era tu trayecto habitual. Pero quizás era alguien cualquiera a quién yo transformé en ti. Claros efectos del virus, la enfermedad vence.

17 de mayo:

Creo que me estoy enamorando. Casi me avergüenzo de pronunciarlo. La única parte buena de que no te vuelva a ver es porque así me ahorro mostrarte mi pensario. Creo que es bastante triste enamorarse de una persona con la que has compartido unos minutos de trayecto en metro, pero peor es la gente que se enamora de su coche, de un dibujo japonés de animación, de un personaje de un videojuego o de sus primas. Al final tú existes. Aunque seguramente no sabes que yo existo también y te pienso.

19 de mayo:

El trabajo me ha obligado a viajar al Algarve. En una zona con pocas viviendas, pocas luces y pocos ruidos. Por la noche he salido a fumarme un cigarrillo en el balcón de la habitación. He mirado al cielo y estaba lleno de estrellas. Me ha sosegado, me he sentido más cercano a ti. El cielo es algo que nos une, nos democratiza. Podemos estar viendo las mismas estrellas en el mismo momento y desde lugares distintos, sin necesidad de hacer streaming. Pero luego he caído en la posibilidad de que estuvieras en Barcelona observando un cielo gris, dejando únicamente visibles las luces de la ciudad, que no permite brillar a nada ni a nadie "ya no lucen estrellas por allí", he pensado, mirando al suelo, y me he entristecido. El tabaco me ha sabido por primera vez a puro humo y ceniza. Lo he apagado y me he ido a dormir.

21 de mayo:

He pensado que voy a pasar muchos días sin ir en metro. Menos oportunidades para encontrarte. Pero ¿qué te digo si te vuelvo a ver?, en eso debería invertir esfuerzos. "Hola, perdona que te moleste, no nos conocemos, pero te quiero". ¡No, por Dios, peor que una novela de Federico Moccia! No hay una manera fácil de acercarme a ti. ¿Te das cuenta? Sigo "pasando media vida buscando esa frase que tal vez no exista" como decía Robe. 

25 de mayo:

Posiblemente esté enloqueciendo, demenciándome también probablemente a mi edad. Pero no me importa. Mientras el virus devora mi cerebro, neurona a neurona, lo único que deseo es que queda solamente una para respirar y otra que tenga la memoria justa para acordarse de tu mirada. Lo demás que siga enloqueciendo, entrando en modo berserker.

Olvidaba que así funcionaba el amor.

27 de mayo:

Sigo pensando en ti. Ha pasado un mes. Superando todas mis expectativas, aunque hable terriblemente de mi estabilidad mental. 

02 de junio:

Hoy he escuchado una canción en la radio de Aventura que decía "Voy a hacerte carícias que todavía no se han inventado" y he pensado en ti. He imaginado los mil rincones de tu cuerpo que me gustaría visitar. El primero de ellos: acariciar tu pelo y colocarlo detrás de tu oreja.

Se puede imaginar, pero créeme, no se ha inventado todavía la delicadeza con la que sería capaz de hacerlo. 

04 de junio:

Últimamente todas las canciones dicen algo sobre ti. Efectos del virus. Creo que el virus habrá acabado conmigo cuando deje de ser consciente de su propia existencia. En algún momento no quedará nada más que huellas de tu ser en toda mi existencia. Creo que la única cura posible sería que todas tus huellas estuvieran en mi cuerpo. ¿O eso sería el fin?

16 de junio:

Hoy parecía que el mundo se iba a acabar. La gente enloquecía por la calle, todo estaba colapsado absolutamente todo. He sabido que el metro ha quedado atrapado, a oscuras, poco después de que yo saliera para ir a trabajar. He re-deseado mil veces que no te hubieras quedado dentro. Pensaba que era un día horroroso para que el mundo se fuera a la mierda, sin todavía haber podido saber ni siquiera tu nombre, sin saber si tu podrías estar sintiendo una décima parte de lo que yo llevaba sintiendo los últimos (casi) dos meses. O si yo sería un completo invisible. Si me vieras de nuevo ¿me reconocerías?

23 de junio:

Hoy no estaba pensando en ti, quizás era el primer día que estaba logrando superar mis fiebres, un espejismo, aunque después he visto el Pensario en mi mesita y has vuelto a mi memoria. Casi se ha vuelto un ritual escribirte.

Pero he pensado también en todo lo que sucedió justo la semana pasada y pensaba en Chiara: ¿Puede ser que el mundo hubiera estado a punto de acabar por culpa nuestra? ¿Los Dioses se estaban vengando por habernos dejado? ¿Por haber pronunciado "te voy a querer hasta el fin de los tiempos"? Quizás habíamos creado todo este caos al hacer una promesa que no podíamos cumplir. Quizás con nuestro desamor habíamos desatado el Armaggedon, y tú, querida y bella desconocida, eras tan solo el primer demonio pisando la tierra.

29 de junio:

Hoy si. 

Si tiene que acabar el mundo, que arda Troya.

No tenía claro inicialmente si el virus había causado tales estragos que empezaba a proyectar también tu cara en cualquier persona que se cruzara por el metro. Ibas con un vestido azul y amarillo, veraniego, y con unos pendientes a juego. Tenías el teléfono en la mano, sonreías. Quizás te escribías con tu pareja, o estabas mirando memes. No he querido chafardear para no asustarme si veía corazones en tu pantalla.

Te he dejado mi tarjeta sin decirte nada. Estaba nervioso, como si tuviera en mis manos el botón para hacer volar por los aires al mundo entero, mi mundo entero, y me dirigía de cabezas a pulsarlo. Has puesto una cara extraña y entonces he sentido la necesidad de darte alguna explicación, "Verás, te he visto otras veces en el metro y creo que me gustaría hablar contigo. No soy un tío raro, aunque esto que estoy haciendo no ayude a corroborarlo". Has torcido el gesto pero luego has sonreído un poco. Me has dado otra tarjeta, "Giulia Milanese - Event Manager". No has dicho nada más, te has despedido con la mano. Luego me he dado cuenta de que también habías devuelto mi tarjeta.

No soy bueno interpretando las sutilezas. 

01 de julio:

Han pasado tres días y todavía no te he escrito. No porque no haya pensado en otra cosa (porque no he pensado en otra cosa) si no que no quería parecer desesperado, nervioso, infantil, así que de manera absurda intentaba regular mi intensidad de caras a ti. Porque por dentro el infierno ya estaba desatado.

07 de julio:

Hoy he pensado en bailar contigo. Yo, bailando. Nos he visto como en las películas, como un musical de esos que aborrezco profundamente. El amor es realmente estúpido. Entiendo que haya gente que vomite solo de escuchar la palabra.

Has respondido, solo has dicho "Hola tío raro del metro". Igual no te acordabas de mi nombre, no te habías llevado la tarjeta al fin y al cabo. Pero yo acababa de escribírtelo, "Soy Álvaro, del metro". Pero entiendo que todavía soy el tío raro del metro para ti. Creo que de hecho yo pensaría lo mismo.

10 de julio:

Acabo de despertarme, estaba soñando contigo, como si estuvieras durmiendo conmigo, pero no estás aquí. He despertado igual que sucede después de tener una pesadilla horrorosa, alterado. Te había rozado el pelo en el sueño, pero me he despertado acariciando la almohada. Me he dado un poco de pena a mí mismo, pero también me he sentido algo satisfecho. Pensaba que yo ya no estaba hecho para el amor, que los asuntos del corazón no eran mi territorio, que tenía alguna especie de patología cardíaca, una arritmia en la parte más sentida, una extrasístole emocional. Pero empiezo a sentirme peligrosamente recuperado.

20 de julio:

He descuidado un poco el pensario desde que hablamos un poco más. No te he hablado de él, del pensario. No sé como te lo tomarás cuando lo descubras. ¿Cómo otra tontería más o como la prueba definitiva de mi estado mental extrasistólico?

23 de julio:

Me has puesto un corazón después de que yo te mandara la foto.

Dijiste que tu nunca hacías eso, poner corazones. Que no lo ponías a nada. Que te parecía banal estar poniendo el corazón en todo lo que la gente escribía o publicaba. Que el corazón solo se debía poner en las cosas importantes, donde realmente se pone el corazón.

¿Significa lo mismo para ti que para mí que lo hayas puesto? Has logrado incluso que me sienta especial por unos minutos. Luego la neurosis ha atacado de nuevo. Los miedos. "No soy nada, no soy nadie". 

27 de julio:

Me pregunto cuando acabará el Pensario. ¿El día que nos besemos? ¿El día que me bloquees de tu vida? ¿Lo mantendré toda la vida? A día de hoy no tengo claro a dónde nos lleva este camino, pero casi hará un mes del primer mensaje y todavía seguimos aquí, tú y yo. También yo y yo en el Pensario. ¿Una suerte o una mera cordialidad?

01 de agosto:

Hemos tomado un café. Antes de tomarlo estaba terriblemente nervioso. Me he tocado el pelo 300 veces, queriendo controlar la dirección de cada pelo para que quedaran estratégicamente colocados, perfectos. Aunque nada más salir a la calle el viento lo ha desmontado todo. 

Ha sido el café más sabroso de mí vida, podía sentir todos los matices, todos los aromas, todas las notas en la música que sonaba de fondo, como si mis sentidos se hubieran convertido en super poderes.

Y te he visto. Eso es lo mejor de todo.

Ha sido un buen día.

Ha sido... sí, ha sido un muy buen día.

08 de agosto:

Hemos vuelto a quedar. Cada vez aparecen más corazones en mis mensajes. ¿Puedo dejar de disimular ya? ¿Es prudente que suelte el freno en mi cabeza y enloquezca del todo? ¿Cómo voy a mentener el esfuerzo que supone apretar el freno cada día? Creo que lo único que me frena es el miedo atroz a que si empiezo a acelerar... la hostia a 300km/hora duele más. ¿Pero como se frena a un Ferrari que va a toda velocidad?

Has dicho que querías quedar la semana que viene.

Lo que para ti es un simple café, para mi es el soplo de aire que me "transporta mecido" (como decía Robe) hasta la siguiente cita.

15 de agosto:

Casi nos hemos dado un beso, ¿te has dado cuenta?. En realidad quizás incluso soy yo el que lo ha evitado. Nuestras comisuras de los labios se han chocado. Luego nos hemos fundido en un largo abrazo. No sé si querías el beso o no, imagino que yo mismo lo he bloqueado por miedo a que te apartaras. El miedo de tener algo tan bello y tan frágil entre manos que cualquier vibración lo pudiera romper. Quizás pensarás que soy marica o que no tengo las cosas claras. Me siento como un adolescente, inseguro, asustado, excitado, feliz. Mi pecho arde. Mis pulmones y mi corazón desearían expandirse tanto hasta partirme por la mitad.

Así me siento, a punto de partirme en dos.

22 d'agost:

Nos hemos besado. Esta vez has sido muy directa. Ha ayudado. Tengo las cosas claras pero me cuesta transmitirlas. Creo que a ti te pasa al revés, que no las tienes tan claras pero las transmites muy bien. 

Quizás es porque yo he tenido más experiencias con otras personas, he necesitado más intentos para saber qué quería, qué necesitaba, y también para madurar lo que soy capaz de ofrecer. Pero parece que tú aprendes rápido, con menos llegas al mismo lugar. Ya venías trabajada de casa.

¿Y ahora qué?. "Si, me gustas" has dicho. "Me gustas". No pensaba que de tus labios podrían sonar tan bien estas dos palabras. Me mirabas a los ojos.

¿Cuál es el siguiente paso? Jamás hubiera pensado llegar tan lejos con toda esta historia. Ya mis previsiones habían concluído en este mismo punto. No había pensado más allá del beso. Pero quizás podía vivir a partir de ahora de los sueños, de las cosas excepcionales que había pensado para nosotros dos.

02 de septiembre:

Hoy por la tarde nos hemos quedado dormidos abrazados durante una hora, y creo que, en cierta manera, ha sido mejor incluso que haber hecho el amor.

06 de septiembre:

¿Cuánto tiempo es el prudente para decirle a alguien que le quieres? Si lo pensé a las pocas horas de conocerte... ¿podría decírtelo ya o el tiempo empieza a contar desde el primer beso? Odio que las cosas tengan cierto protocolo social, pues no se asemejan en nada a lo que yo pienso y siento que debo hacer. Tendría que habértelo dicho ya.

11 de septiembre:

Hoy te he mirado antes de dormirnos y tu me has dicho "¿qué pasa?", yo no he dicho nada. Me he reído porque era feliz de verte allí conmigo, de tener estos ojos tan cerca de los míos. De besar tus párpados.

13 de septiembre:

Hoy hemos empezado nuestro listado de cosas excepcionales. No sé porque algo tan estúpido me hace tan feliz. Saber que hemos hecho cosas excepcionales sin apenas conocernos y saber que nos esperan unas cuantas por delante.

15 de septiembre:

Te he dicho que tenía muchas ganas de decirte algo, pero que quizás ya te lo había dicho cuando nos estábamos mirando en la cama. Creo que lo has entendido y has sonreído. ¿Querías decirme lo mismo?

Hoy ha sido otro buen día.

18 de septiembre:

Hoy pensaba que no sabría como perdonarle a la vida que te haya puesto en mi camino y que por lo que sea no salga bien, que no prospere, que te canses. Sería una lección quizás, sobre algo que debo aprender, pero sería completamente injusta, innecesaria, desproporcionada, no me hace falta. He aprendido lo suficiente.

Sé que no tiene sentido justificar que podamos construir algo juntos con esto, como si lo que siento por ti fuera suficiente como argumento para demostrar que esto tiene que salir bien sea como sea. Como si el calor que siento en mi pecho al pensar en ti fuera suficiente para exigir al universo que tiene que funcionar. Pero lo hago. Esto es lo que pido y no pido más. ¿Para que estar sintiendo todo esto si no es para que el cuento acabe bien? Solo pido un gesto importante de justicia poética en mi vida. Llegar al punto en el que el Pensario no sea necesario, porque el Pensario van a ser nuestras conversaciones, lo que nos diremos, lo que no callaremos.

25 de abril:

No suelo hacerme ilusiones fácilmente. 

Parecía qué todo, todo tenía que encajar, como un guión perfecto de Hollywood. Y en cierta manera, quizás esto también forma parte de este guión, un giro argumental para acabar teniendo una conclusión épica. También hay películas que tienen finales menos previsibles para romper con la típica rutina del final esperado por todo el mundo.

¿Te recuperarás verdad? "Este bar está cansado ya de despedidas", dijo Robe. Yo también lo estoy. No puedo soportar otra despedida, no en tan poco tiempo. He conocido a tu padre. Sé que no es el encuentro que tenías planeado, pero nadie quería hacer turnos para verte, así que nos hemos encontrado los dos dentro de la habitación. Nos hemos organizado para venir una noche cada uno. Han contado conmigo en los turnos. Lo he agradecido tanto que he llorado.

Regresa, regresa, resgresa.

28 de abril:

Si tú respiras yo respiro. Así funciona la cosa, como cuando teníamos sexo y acompasábamos los ritmos. Tú respiras y yo respiro. Así hemos matado a nuestros miedos, ahuyentado demonios y nos hemos descargado las mochilas. Tú respiras y yo respiro.

Tú respiras.

Yo respiro.

09 de mayo:

Hora de la defunción: No me acuerdo. Solo escuchaba el pitido de la máquina, los gritos de tus padres. He recogido mi mochila con más peso del que jamás ha habido y me fui a fumar un cigarro al baño. Era como lamer un cenicero. Sabía a sangre, a azufre.

No me da miedo la soledad. Tienes que saberlo. Lo que me da miedo es el hueco. Ese espacio que tu dejas en mi cama, en mi cojín cuando te vas de casa, al que me intento aferrarme cuando te vas a trabajar y descubro de mala gana que no estás. Me da miedo ese hueco perpetuo que queda en mí, en el que habito, en el que allí dónde vaya a arroparte solo encontraré tu no-yo, tu no-estar, un sin ti.

Me queda ahora sobrevivir saltando entre los huecos que deja tu ausencia, para no dejarme caer en un abismo en el que se entra, y como en los billetes que solo son de ida, el regreso es solo un concepto arbitrario, abierto, indefinido.

Me gustaría poder dar gracias por lo que hemos vivido, pero me parece cínico. Es de un cinismo monumental este tema con el agradecimiento vital.  Es como poner corazones en los mensajes y las fotos. Solo lo puede hacer o decir alguien que no te ha perdido a ti.

Porque es a partir de ahora donde ya no se verán estrellas por aquí.

Ni en ningún otro maldito lugar de este planeta.

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