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Alienación

(Canción qué NO acompaña al cuento, pero que le dió vida) Te quería contar. Estábamos tirados en la cama desnudos, Marta estaba de lado abrazándome. Yo estaba boca arriba con las manos apoyadas en mi cabeza, mirando el techo con un cigarro encendido en la mesita. No me gustaba fumar en mi habitación, pero me ayudaba a centrar mi cabeza y pensar con claridad, pensar sin dar rodeos. Ella me miraba fijamente, esperando una reacción, un cambio, que le dijera algo, que la mirase, lo que fuera. Yo ya no podía mover mis ojos de ese punto invisible que se había forjado en el techo. Procedía con un movimiento repetitivo cogiendo el cigarro con la mano derecha sin mirar dónde estaba, me lo acercaba a la boca, daba una calada larga, devolvía el cigarro a su lugar original y mientras expulsaba el humo movía los dedos para que cayera la ceniza, aunque no hubiera suficiente acumulada aún para caerse. Fue en ese momento en el que me hablé a mi mismo después de mucho tiempo y me pregunté ...

Bebo...

(Música pel text, clicar la web, un cop oberta abaixar una mica i clicar la cançó 5 - You - a volum baix) Bebo...un trago primero. El resto del vaso después. Whisky. Sin hielo. Un escozor suave en mi cuello, aprieto los labios y dejo el vaso encima de la barra. Suena una música de piano por los altavoces del bar, la melodía es irreconocible para mi. Suena de tal modo que casi parece que esté allí conmigo, al fondo de la sala. Me quedo quieto en el taburete, con la espalda encorvada y con ambas manos sujetando el vaso, con la mirada clavada en él. Fijándome en esa gota que queda inevitablemente enganchada en él, aprisionándola y vigilándola para que no escapara, deseando que se multiplicara. El camarero como si hubiera oído mis plegarías se acerca y me lo rellena, me mira y me sonríe con complicidad, commo dándome a entender que sabía lo que necesitaba, que me había escuchado. Lo miro y asiento en señal de agradecimiento. Bebo. Esta vez el vaso de golpe. Al piano se le suma...

Crash this train

(música para el texto) Subió los escalones sin girarse, tres en total. Cargaba con una mochila y con una maleta negra no muy grande. Se sabía su vagón y su asiento de memoria, pero casi como un acto reflejo volvió a ojear el billete que sostenía con la mano libre mientras esperaba que los pasajeros que tenía delante se fueran situando. Empezó a andar arrastrando la maleta por el pasillo del tren hasta que se acercó a la que iba a ser su butaca, su compañero de viaje por unas horas que la arroparía y la abrazaría hasta que se quedase dormida. Miró el número de asiento y comprobó de nuevo la correspondencia con su billete, dándose cuenta de la excesiva prudencia. "La de estupideces de nosotros mismos que veríamos si tuviésemos una grabadora todo el día apuntándonos", quiso sonreír imaginándolo, pero no pudo, los labios apenas se movieron, notó el esfuerzo de los músculos en su cara, pero no hubo ninguna contracción visible. Cogió la maleta con ambas manos, la levantó c...

- Bueno, ahora si que me voy

(Pon música al relato) - Como siempre, ya se que te tienes que ir, más cercano al deber, a la obligación que no a la apetencia. Se que debes irte, que no puedes no irte, que te irás, casi siento que te estás yendo ya. Me coges de la mano pero yo ya te veo atravesando la puerta. Se que te quedarías y que me quieres, y por eso mismo, no me digas que "ahora te vas". Porqué no es que desaparezcas y que dejes solo el vacío de tu cuerpo en mi cama. No. Si me dices que te vas dejas algo encima de ella, dejas ese adiós amargo, putrefacto, que se descompone a medida que pasa el minutero durante la noche. Y con el vacío, ya es suficiente. Porqué no quiero oírlo, porqué no puedo oírlo, y no quiero poder escucharte decir que te vas y pensar que no pasa nada, que te veré pronto. No quiero acostumbrarme a que me lo digas, porqué no, porqué no me acostumbro, no, no hay manera, no. Si te vas, miénteme, dime lo que sea menos que te vas. Dime que "vas al baño, un minutito y vuelv...

El campo estéril

Era una pequeña aldea de montaña, una de esas aldeas que uno al verla dice "¡son cuatro casas!", y en las que no hay nada para ver. No era una aldea con mucho encanto, era una aldea vieja con casas hechas de piedra y madera, con algunos arreglos más recientes hechos ya con cemento. Vivían apenas veinte personas, la mayoría de ellos ya ancianos. Los pocos jóvenes que habían vivido en el pueblo habían ido abandonando sus casas para ir a vivir a la ciudad, que estaba a unas pocas horas de allí. Otros, no queriendo vivir en la ciudad llena de ruidos y gente, y esperando continuar con la paz que ofrecía la aldea, se iban a vivir a el pueblo más cercano, algo mayor, con casas más nuevas y con más afluencia de gente que iban a visitarlo. Para acceder a la aldea se debía pasar por un camino estrecho de montaña sin asfaltar, en el que solo cabía un coche. Lo cierto es que era extraño que se cruzaran dos coches en dirección contraria, ocurría una o dos veces al mes, pero cuando ocur...

Hoy, hace un rato...

...he encontrado aquél cepillo de dientes que compré contigo. ¿Te acuerdas? El que compré cuando nos fuimos de viaje a Inglaterra. Y lo he tirado. Seguramente tu no dirías que era mi cepillo, puesto que después del viaje te apoderaste de él, tiraste uno viejo que habías dejado ya en mi casa y lo cambiaste por este. Azul y blanco el mango, con los filamentos del mismo color. Sin nada especial, ni mango ergonómico, ni con vibración, ni los filamentos cruzados... nada, un barato para usar durante una semana. Tampoco es que lo haya encontrado exactamente. Siempre ha estado allí, cada mañana y cada noche desde que tu te has ido de mi vida, pero hoy lo he visto como no lo había visto aun: con los filamentos abiertos (y luego te dolían las encías) , con marcas marrones en la base de la cabeza... y he sentido (y sobretodo recordado) asco, asco de verdad por ti. No "hacia" ti, si no "por". "Te has ido de mi vida", he dicho. Qué tontería. Huiste de mi vida y ...

Les galetes de la sort

"Tindràs una vida llarga i rica"