eTRENidad
Apenas podía levantar la mirada hasta que empecé a oír a lo lejos la vibración de los raíles del tren. A medida que avanzaban los segundos se hacía más evidente su proximidad a la estación. Al levantar la mirada me fijé que en la estación apenas habían 3 o 4 personas más.
"Qué raro", pensé, "esta estación suele ir bastante más gente los lunes a estas horas...". Cuando el tren paró, justo quedó una puerta enfrente mío que se abrió automáticamente sin pulsar el botón. Me aparté unos pasos esperando a que la gente pudiera salir antes de que yo pudiera entrar.
Pero nadie salió. Eché una ojeada dentro del tren y todo parecía perfectamente normal, así que ignoré mis pensamientos pensando en qué lo más probable es que hubiera más días en los que todo fuera de ese modo y que yo, distraído por algún verso de Machado me habría absorto en mis pensamientos lejos de la realidad.
Pero ese día no llevaba libro, aunque tampoco importaba mucho, el trayecto era breve y rápido. Apenas debía aguantar 15 minutos observando a la gente que viajaba en ese tren mientras escuchando un poco de "rock transgresivo". Pero ese día que vino raro de fábrica y no se iba a dar por vencido...
Sin batería... en fin.
Decidí guardar mi reproductor de música con cierta resignación. Al dirigir mis ojos a mi bolsillo me fijé que el hombre que tenía delante iba absolutamente descalzo. Pero eso no era lo más curioso de todo, iba perfectamente trajeado, con su corbata y su camisa. Con su traje recién salido de la tintorería, elegante como un pincel y descalzo. ¿Qué pretendía con eso?
"¡Mierda! Me ha pillado mirándolo, mejor que desvíe la mirada... ¡Pero bueno, qué más da! El tío raro, que no haga cosas raras si no quiere que lo miren". Y con el pesar y la vergüenza de haber sido enganchado en un acto de voyeurismo inocente, una especie fetichismo con los pies del hombre del traje, me percaté de que el hombre no se molestaba en absoluto por haber estado observando sus pies (por cierto, muy limpios por haber estado andando descalzo), es más, me estaba sonriendo con una ternura desmesurada, como si de mi padre se tratara.
"¡Pero qué demon...", paré en seco mi pensamiento. La mujer de los labios y el vestido a juego también me estaba sonriendo, y el abuelo sentado en la silla de plástico que apoyaba sus manos sobre el bastón también... y de hecho... ¡TODO EL VAGÓN ME ESTABA MIRANDO!
"¡Qué cojones... que clase de broma es esta!", me empecé a poner nervioso y pensé que serían tonterías mías. Igual era una broma televisiva. Preferí dejar de fijarme en eso y mirar para abajo para.... para ver que todo el mundo iba ¿descalzo?
- Entiendo que te estés poniendo nervioso, a todo el mundo le pasa cuando sube, pero te acostumbrarás más rápido de lo que imaginas.
- ¿A qué se refiere? - dije con la máxima serenidad posible pero con el rostro empapado en sudor, todo era tan desconcertante....
- Mira tus pies, también vas descalzo.
- ¿Como?... no, si yo... - todos, absolutamente todos en ese tren iban descalzos, pero yo salí de mi casa con mis Converse negras, era imposible.
- No te apures, tranquilo, son solo los primeros minutos... Bueno, minutos, minutos.
"¡Qué coño estaba pasando en ese lugar!, mierda mi parada tiene que estar a punto de llegar, me bajo de aquí y me olvido de esta panda de psicópatas". Y efectivamente, el tren paró, pero no paró en mi parada, ni paró en ninguna parada que yo conociera. Las manos me estaban temblando y casi no me podía mantener en pie. Cuando me di cuenta y volví del estado de shock, las puertas se abrieron. Noté una fuerza que me impulsaba a sentarme y a esperar, sin presión, sin violencia, era una sensación, un ánimo, un susurro que me acomodaba al asiento más próximo.
Nadie bajó del tren.
Poco antes de que se cerraran las puertas una niña pequeña entró cogida de la mano de un hombre calvo con bigote. Me di cuenta asombrado de que apenas dieron un par de pasos adentro del tren, que sus zapatos se empezaron a desintegrar poco a poco. Sin más, desaparecieron y ahí quedaron, con los pies perfectamente limpios y descalzos.
- No pasa nada cariño, yo no voy a separarme de ti. - Dijo el hombre que acababa de subir al tren, sin embargo la niña no parecía demasiado preocupada, y empezó a corretear por el vagón.
- ¿Adonde cojones lleva este tren? - pregunté nervioso al viejo del bastón que seguía mirándome sonriendo con una tranquilidad asombrosa.
- No lo sabemos, nadie lo sabe. Todos seguimos avanzando con el tren y esperamos. Vamos viendo como gente de todo tipo va subiendo, pero nunca nadie ha tenido ganas de bajar.
- Pero... si solo sube gente esto estaría lleno que no cabría nadie más...
- Parece que debe ser un tren larguísimo, infinito quizás....
- ¿Y ahora qué? - pregunté, no podía entenderlo, no quería entenderlo, era demasiado.
- Nada, a gozar del viaje eterno ^_^
Tendría que haber llamado a casa y decirles que iba a llegar tarde...
"Qué raro", pensé, "esta estación suele ir bastante más gente los lunes a estas horas...". Cuando el tren paró, justo quedó una puerta enfrente mío que se abrió automáticamente sin pulsar el botón. Me aparté unos pasos esperando a que la gente pudiera salir antes de que yo pudiera entrar.
Pero nadie salió. Eché una ojeada dentro del tren y todo parecía perfectamente normal, así que ignoré mis pensamientos pensando en qué lo más probable es que hubiera más días en los que todo fuera de ese modo y que yo, distraído por algún verso de Machado me habría absorto en mis pensamientos lejos de la realidad.
Pero ese día no llevaba libro, aunque tampoco importaba mucho, el trayecto era breve y rápido. Apenas debía aguantar 15 minutos observando a la gente que viajaba en ese tren mientras escuchando un poco de "rock transgresivo". Pero ese día que vino raro de fábrica y no se iba a dar por vencido...
Sin batería... en fin.
Decidí guardar mi reproductor de música con cierta resignación. Al dirigir mis ojos a mi bolsillo me fijé que el hombre que tenía delante iba absolutamente descalzo. Pero eso no era lo más curioso de todo, iba perfectamente trajeado, con su corbata y su camisa. Con su traje recién salido de la tintorería, elegante como un pincel y descalzo. ¿Qué pretendía con eso?
"¡Mierda! Me ha pillado mirándolo, mejor que desvíe la mirada... ¡Pero bueno, qué más da! El tío raro, que no haga cosas raras si no quiere que lo miren". Y con el pesar y la vergüenza de haber sido enganchado en un acto de voyeurismo inocente, una especie fetichismo con los pies del hombre del traje, me percaté de que el hombre no se molestaba en absoluto por haber estado observando sus pies (por cierto, muy limpios por haber estado andando descalzo), es más, me estaba sonriendo con una ternura desmesurada, como si de mi padre se tratara.
"¡Pero qué demon...", paré en seco mi pensamiento. La mujer de los labios y el vestido a juego también me estaba sonriendo, y el abuelo sentado en la silla de plástico que apoyaba sus manos sobre el bastón también... y de hecho... ¡TODO EL VAGÓN ME ESTABA MIRANDO!
"¡Qué cojones... que clase de broma es esta!", me empecé a poner nervioso y pensé que serían tonterías mías. Igual era una broma televisiva. Preferí dejar de fijarme en eso y mirar para abajo para.... para ver que todo el mundo iba ¿descalzo?
- Entiendo que te estés poniendo nervioso, a todo el mundo le pasa cuando sube, pero te acostumbrarás más rápido de lo que imaginas.
- ¿A qué se refiere? - dije con la máxima serenidad posible pero con el rostro empapado en sudor, todo era tan desconcertante....
- Mira tus pies, también vas descalzo.
- ¿Como?... no, si yo... - todos, absolutamente todos en ese tren iban descalzos, pero yo salí de mi casa con mis Converse negras, era imposible.
- No te apures, tranquilo, son solo los primeros minutos... Bueno, minutos, minutos.
"¡Qué coño estaba pasando en ese lugar!, mierda mi parada tiene que estar a punto de llegar, me bajo de aquí y me olvido de esta panda de psicópatas". Y efectivamente, el tren paró, pero no paró en mi parada, ni paró en ninguna parada que yo conociera. Las manos me estaban temblando y casi no me podía mantener en pie. Cuando me di cuenta y volví del estado de shock, las puertas se abrieron. Noté una fuerza que me impulsaba a sentarme y a esperar, sin presión, sin violencia, era una sensación, un ánimo, un susurro que me acomodaba al asiento más próximo.
Nadie bajó del tren.
Poco antes de que se cerraran las puertas una niña pequeña entró cogida de la mano de un hombre calvo con bigote. Me di cuenta asombrado de que apenas dieron un par de pasos adentro del tren, que sus zapatos se empezaron a desintegrar poco a poco. Sin más, desaparecieron y ahí quedaron, con los pies perfectamente limpios y descalzos.
- No pasa nada cariño, yo no voy a separarme de ti. - Dijo el hombre que acababa de subir al tren, sin embargo la niña no parecía demasiado preocupada, y empezó a corretear por el vagón.
- ¿Adonde cojones lleva este tren? - pregunté nervioso al viejo del bastón que seguía mirándome sonriendo con una tranquilidad asombrosa.
- No lo sabemos, nadie lo sabe. Todos seguimos avanzando con el tren y esperamos. Vamos viendo como gente de todo tipo va subiendo, pero nunca nadie ha tenido ganas de bajar.
- Pero... si solo sube gente esto estaría lleno que no cabría nadie más...
- Parece que debe ser un tren larguísimo, infinito quizás....
- ¿Y ahora qué? - pregunté, no podía entenderlo, no quería entenderlo, era demasiado.
- Nada, a gozar del viaje eterno ^_^
Tendría que haber llamado a casa y decirles que iba a llegar tarde...
Comentarios
Ya ves, Moli, qué recuerdos me ha traído tu entrada. La verdad es que no había vuelto a pensar en la historia ésta de los zapatos y el viaje.
¿Qué puedo decir de lo que has escrito? ¡Pues que me gusta! Me parece que está muy bien recreada la atmósfera de inquietante irrealidad que de esos pies descalzos y esas sonrisas emana. La niña, subiendo al tren inconsciente y alegremente... el padre prometiendole no separarse de ella...
Bueno, corto, que ya se me está disparando el comentario. Por cierto, ¿tú sabes por qué para ese viaje la gente, generalmente, va bien vestida y descalza? Con las consecuencias del 11S y el descalce generalizado en los aeropuertos no tiene nada que ver :)
Me alegro que te haya gustado y que te haya hecho conectar con recuerdos tuyos. Parecen de un lugar y época lejana y está todo aquí al lado.
La frase de "Hay que ir bien calzado, pues no sabemos con quién nos encontraremos ni cuanto durará el camino" sirve para todo, ya ves, de algo tan literal salga algo tan universal.
Sobre porqué para el viaje la gente va bien vestida... lo cierto es que no quería que fuesen bien vestidos, si no que lo que llevasen encima fuera lo último que se hubieran puesto en vida, pero si que parece que se hayan puesto elegantes (como cuando los enterramos).
Descalzos... supongo que las nubes del cielo no se pueden pisar con zapatos.