Ascensor infernal
- No hagas tanto ruido, que van a salir los vecinos
Susurraba a su oreja.
Era un edificio viejo donde solo vivía gente ya jubilada, excepto en el cuarto y en quinto. En el cuarto vivía una pareja recién casada y en el quinto una pareja que acababan de ir a vivir juntos por primera vez.
- ¡Venga, no pares, no pares!- gemía ella
- ¡No grites que saldrá mi novia! - se quejaba él.
Él la tenia cogida de las piernas y elevada al aire mientras la empotraba contra una de las paredes laterales del ascensor, mientras ambos se miraban a través del espejo. Ella tenía un pecho medio fuera dejando el pezón al aire que él aprovechaba por lamer cuando ella echaba la cabeza para atrás.
- ¡Hmmm jdr! - exclamaba mientras le mordía la oreja, en un intento de controlar su elevado tono de voz.
- Pronto llego- se decía en voz alta.
A ella le daba igual que los engancharan, qué más daba, al fin y al cabo su marido le fue infiel una vez (que ella supiera). Le había perdonado lo imperdonable y ella nunca se había permitido lo prohibido, el placer por el placer. Su vecino de abajo tenía todas las características para el perfecto amante, y que viviera a escasos metros de su caso era el aliciente final, la guinda, el ingrediente perfecto.
- ¡Va, va, casi ya, cahmnf...!- Le salían de dentro todo aquello que no había sacado nunca, él introdujo su mano en la boca de ella para hacerla bajar el tono de voz.
Él sabía lo que se jugaba, no quería ni pensarlo, quería olvidarlo. Quería que el gozo fuera fugaz y desaparecer como si nada hubiera pasado, seguir con su vida. Ni siquiera sabía porqué lo había hecho, no lo necesitaba, era... era algo más, pero no podía pensarlo en ese momento.
Era un ascensor viejo de dos plazas, aunque si uno iba muy cargado ya tenía que subir solo, era viejo y era corriente que los vecinos se quedaran encerrados. Tan común que todos tenían una llave del ascensor para que pudieran socorrer si cualquiera de ellos se quedara encerrado.
Y el momento, el clímax, lo imposible, la sincronización de ambos, el choque de cuerpos, un ligero grito de placer para el alma... la fuerza del golpe fue tal que los dos gritos de placer fusionados quedaron eclipsados por el ruido de los engranajes del ascensor que descendió medio metro del piso en el que se encontraba.
Entre el cuarto y el quinto.
Comentarios
Al empezar vi que era más divertido quedarse encerrado 6 persones en el ascensor que no escribir sobre ello, así que pensé en algo que pudiera ocurrir.