Sweet Dreams
¿Existe siquiera?
Después de todo este tiempo no se si es real o no.
Me venía a visitar casi cada noche desde hace semanas. Pero hace tanto que no viene ya...
La primera semana era tan solo una intrusa. Aparecía en el fondo de cualquier sueño y se quedaba a escasos veinte metros míos y solo me observaba... cuando me daba cuenta de su presencia, la miraba y ella me sonreía.
Todos los sueños terminaban igual. Da igual por donde estuviera vagando, en un barco, una jaula... en cualquier sitio imaginario aparecía, sonreía y se desvanecía todo.
Me pregunté si se estaba burlando de mi. Pero su sonrisa siempre era cálida, era una invitación a algo que no había modo posible de descifrar qué podía ser.
Una noche decidí perseguirla. Pero apenas corría escasos metros que todo se desvanecía con su sonrisa, que me hacía de barco para cruzar del sueño a la vigilia.
A la novena noche decidí no moverme. Apareció después de una tormenta surrealista en la que los rayos caían por todos lados cerca de mi, y allí nos encontramos los dos. Uno frente al otro con los relámpagos cayendo a nuestro alrededor, con unos estruendos feroces. Pero no teníamos miedo.
Ella sonrió y antes de que se fuera le devolví la sonrisa. Decidí convertirme en su espejo.
La complicidad hizo que, sin dejar de sonreír, cerrara los ojos lentamente y con ternura. Pero se fue de nuevo.
Después de eso estuvo cuatro noches sin aparecer... ¿porqué? ¿Porqué la sonreí? ¿Qué esperaba que hiciera? Parecía tan complacida con mi reacción... pero quizás me equivoqué.
A la noche que hacía catorce, estaba en un teatro, arriba en el escenario interpretando a Hamlet. Empecé a buscar furtivamente entre el público para ver si ella se encontraba en el espectáculo, pero no. Ante mi decepción, paré la función y di el espectáculo por terminado. Como podía interpretar algún papel si en mi ensoñación me veía incapaz de seguir argumento alguno.
Mientras me quitaba el ropaje tenía la sensación de que alguien me estaba mirando. Al girarme, su sonrisa imperecedera, sus labios eternos y sus dientes perennes e inmutables seguían idénticos que en mis recuerdos.
- Pensaba que no vendrías más.
- Siempre estoy cerca, pero no siempre me puedes ver.
Estas fueron sus primeras palabras, que como puños en un cristal, estallaron en mil pedazos en mi cabeza.
- Pero prefiero que nos veamos en otro sitio, solo tu y yo
Y después de guiñarme el ojo todo volvió de nuevo a la oscura y pequeña habitación.
La última noche que la vi, la noche que hacía veintiuno, después de haber estado una semana vagando errante por diferentes mundos oníricos sin haber rastro alguno de su afecto, apareció.
Apareció en un prado verde, a lo lejos, desnuda y sonriendo con los brazos abiertos.
- ¿Tienes miedo de acercarte?
Me preguntó. No, no tenía miedo, pero algo me frenaba y no me dejaba acariciar su belleza.
- ¿Vienes a liberarme? - Pregunté.
- No, eso solo puedes hacerlo tú, y yo estaré aquí, te estaré esperando.
Y se echó a correr soltando una carcajada. Me quedé inmóvil sin poder acercarme más.
Desde entonces no volvió.
Y desde entonces me da miedo dormirme por si no viene a verme más, por si nunca llega a ser real.
Pero cuando consigo dormirme, me da miedo despertarme y ver que ella no está.
Seguiría acumulando mil años de sueños si ella apareciera en todos...
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