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A perfect day

Sábado. Eran las nueve y poco de la mañana cuando Lorena entró en la primera cafetería que encontró cerca de la casa de Claudia. La noche anterior habían tenido una cena con los excompañeros de la Universidad que se alargó más de lo esperado, con lo que el metro ya había cerrado y no había una manera rápida y sencilla de volver a casa. Así que Claudia se ofreció a acogerla una noche. "Yo vivo cerca, tengo un sofá-cama bastante cómodo, lo montamos en cinco minutos y mañana si quieres desayunamos juntas". Pero a las ocho y media de la mañana Claudia se desdijo de su promesa y le dijo que ya quedarían esa semana, levantarse era un esfuerzo titánico después de haber bebido tanto y haber dormido tan poco. Apenas pudo explicarlo balbuceando. Lorena pensó que muy probablemente cuando se despertara ni siquiera se acordaría de haber hablado con ella. Era una cafetería tranquila y acogedora, sillas de madera, mesas pequeñas. El local parecía muy pequeño, engañaba al ser ...

Un libro abierto

A Mercedes le encantaba leer. Leía cada mañana de camino al trabajo, durante los descansos, a la vuelta del trabajo, en el baño, incluso mientras preparaba la cena seguía leyendo. Sin exagerar leía como mínimo un libro a la semana, los devoraba. Los fines de semana solía buscar rincones tranquilos de la ciudad, parques, algún bar en el que poder leer y pasar las horas, tanto en mundos distantes como mundos cercanos. El único momento del día en el que se prohibía leer era durante la noche, cuando se metía en la cama. "La cama es para descansar", solía pensar. Lo solía pensar y no decir puesto que vivía sola, no tenía familia y tampoco amistades muy fuertes como para compartir los pensamientos más cotidianos. Era una mujer solitaria pero feliz. Era una mujer pacífica, tranquila y muy sociable aunque pudiese parecer lo contrario. En el trabajo era muy apreciada, simplemente en sus ratos libres prefería leer que estar hablando con gente, que mirar películas o viajar. S...

Despertares

El mundo está medio muerto. Después de haber visto perecer a mi padre vi como la mitad del mundo desaparecía con él. No es que su muerte literalmente conllevara la muerte de medio mundo, si no que poco después de su muerte empecé a darme cuenta de que la mitad de la gente de este mundo en realidad estaba muerta, y ese hecho no ocurrió exactamente con la muerte de mi padre, no fue en ese mismo instante que se dio el hecho, fue algo que cambió en mi, a partir de ese momento entendí qué era estar muerto. Eso cambió toda mi visión de la vida. Yo no había sido un buen hijo, nunca lo fui, y si alguna vez alguien pudiera pensar que fui un buen hijo fue antes de que empezara a ser responsable de mis actos, antes de poder pensar por mí mismo. Para muchos la capacidad de reflexionar es una virtud, para mí fue un fuego que arrasaba todo lo que tenía alrededor. Nunca encontré una respuesta satisfactoria a lo que me ocurría, ni creía que jamás la pudiera llegar a encontrar, me era imp...

A la luna se le ve el ombligo

Estaba oscureciendo. Miré hacia el cielo, estaba la luna llena clavada en medio del cielo. Había estado prácticamente en la misma posición la noche anterior y también había pasado allí todo el día colgada del cielo. Parecía que nos quería sumir en una noche constante, quería hacernos olvidar que había habido algunas horas con luz, y es que incluso habiendo tenido esas horas del día, el satélite había brillado con una fuerza que había envuelto el sol en una cierta aura oscura. Había sido una noche de varios días. Ahora el sol rendía sus últimos esfuerzos y la luna se erigía como vencedora, podría ser ya que mañana no fuese a salir el sol, que no volviera, que pasaran muchos días más antes de que no amaneciera de nuevo. Caminábamos por la calle, yo andaba con los hombros encogidos sin darme cuenta, mirando al suelo, como si tuviera frío pero aunque era invierno una calidez ligera aún permanecía en mi interior. Sin hablar, sin decirnos nada decidimos pararnos en un banco en el parque...