Látex, tabaco y vagina
Un vino jamás podría tener un olor parecido. Los vinos suelen ser afrutados, ácidos y con unas notas de nuez, con un ligero aroma a pimiento.
Una mano sí puede contener tal mezcla de fragancias, quizás la mano de un ginecólogo, un ginecólogo que fume. No es el caso. Tampoco es el caso de ninguna prostituta (precavida). De hecho, cualquier persona podría con facilidad contener estas fragáncias en las palmas de su mano.
Aromas del vicio seguro. Asqueroso y dulce bienestar, el de mis manos agarradas a sus labios.
Ella me cogía de la mano, y yo me ponía a cantar. Ella me daba un beso y yo me ponía a volar.
Yo le tocaba el pelo y ella se ponía a temblar. Yo le acariciaba el cuerpo y ella se ponía a gritar.
Y tatareaba al ritmo de un tango el ritual que empezaba en sus ojos y terminaba en el cenicero. Un cigarro infinito, una colilla estéril y flácida, una ceniza que sólo pensaba en volar y volar, y en cómo brillaría ese día y en cómo soñaría en volver a ser enterito para poder volver a desaparecer. Que deseaba en volver a estar enterito para poder volver a postrarse en sus labios.
A pasitos lentos el fuego avanzaba dejando en evidencia lo que había dentro, un esqueleto hecho de paja seca, débil, que se recuerda mientras se consume que "envuelto en el papelito yo ya estaba mejor". Pero quien no juega no se divierte, quien no juega no pierde, quien no juega no gana, quien no juega ya está muerto antes de haber empezado a jugar.
De nuevo mis manos se paseaban entre lo más dulce de su cuerpo y ella ya no gritaba pues su voz se volatilizó con esa última calada, esa bocanada de humo gris que se le escapaba entre los dientes. "Pero no pares" porque cuando llega al clímax lo que quiere es no tener que volver a bajar al sitio donde su mente era cuerda.
Un paquete queda entreabierto después de haberlo lanzado a la mesa, y en él, un cigarro que asoma su filtro curioseando en lo que está ocurriendo, mirando vicioso y nervioso, temblaba y pensaba "que termine pronto, y que pueda yo tambien morir ardiendo en sus manos y que mi alma se guarde en su pulmón".
Pues no había otro sitio mejor para morir que el veneno que se desprendía de sus labios rojos.
Comentarios
Me ha encantado volver a leerte, te echaba en falta. Siempre te leo, aunque no escriba ningún comentario.
Tengo que estar vigilandome siempre, en nada que me descuido mi burricie se manifiesta en todo su esplendor. El día que las burras desfilen en "La Fiesta Nacional" (y no sólo los burros) yo seré la que lleve la bandera.