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Tango suicida

Era un martes, aunque tampoco era importante que día fuera. Simplemente, era el día que era, uno cualquiera de los siete posibles. Hacía dos horas ya que estaba sola en casa y empecé a notar una sensación de humedad entre las piernas. Empezaba a notar un calor que se irradiaba desde el vientre hasta mi vagina. Notaba como esa sensación se acrecentaba irremediablemente. Intentaba distraerme, en el sofá viendo el televisor, mojándome la cara con agua fría, bebiendo... Pero de algún modo esa zona estaba funcionando de manera independiente, tenía su propio motor, no importaba lo que hiciese, una energía calentaba mis muslos, podía notar el corazón latir entre los labios y los pliegues de mi vagina. Apoyé mi mano en el abdomen y la fui bajando suavemente, planchando mi piel con ella, los dedos se deslizaron entre la goma de mis bragas y rozaron los labios. Mi mano hacía de termómetro, podía sentir el calor y la humedad en la yema de mis dedos. No aguanté. Me pinté los labios de...

Gas

Iba bebido. No sabía si quiera de qué, pero iba bastante borracho. No tenía muy claro qué hora era, pero debía ser tarde, pasadas las tres quizás. El reloj de mi coche hacía años que no se podía leer, me iba bien, así siempre podía ser cualquier hora, y nunca demasiado tarde. A veces cuando bebía me daba por conducir sin rumbo, siempre alejado de las cómodas y seguras luces de la ciudad. Paré en una gasolinera en una carretera secundaria a unos diez quilómetros de la salida oeste de la ciudad. Me acerqué a la ventanilla protegida por un cristal grueso y sin mediar palabra alguna con el señor que estaba encerrado en ese baúl de vidrio, saqué un billete arrugado de mi bolsillo trasero, lo dejé en el agujero del ventanal y me alejé. Imaginé que no hacía falta decir mucha cosa más para entendernos, tampoco estaba muy seguro de poder articular una frase con sentido. Me acerqué de nuevo al surtidor donde había dejado el coche, cogí la manguera y al girarme de nuevo para empezar a l...

Homesick

Abrió la puerta con dificultad, Noel no pensó en dejar todas las bolsas del supermercado para abrir la puerta, intentó hacer equilibrios y malabarismos con las manos para coger las llaves del bolsillo trasero del pantalón con el único dedo que tenía libre, y después acertar la llave a la cerradura para girarla con dos dedos. Una vez dentro, dejó las bolsas en el suelo y cerró la puerta con el pie mientras decía “Cariño, ya estoy en casa”. Pero nadie respondió. Nadie iba a responder, y aunque lo sabía muy bien, había algunas cosas a las que aún no se podía acostumbrar. “Hoy hace dos meses”, se dijo. Su mirada cayó al suelo y encorvó la espalda sin ser consciente de ello. Aprovechó para volver a coger las bolsas y dejarlas en la cocina. Agarró un plato precocinado de una de las bolsas y un tenedor para agujerear el plástico que cubría la comida y lo introdujo en el microondas dos minutos y treinta segundos. Noel francamente tenía mal aspecto, había envejecido en un lapso d...

A perfect day

Sábado. Eran las nueve y poco de la mañana cuando Lorena entró en la primera cafetería que encontró cerca de la casa de Claudia. La noche anterior habían tenido una cena con los excompañeros de la Universidad que se alargó más de lo esperado, con lo que el metro ya había cerrado y no había una manera rápida y sencilla de volver a casa. Así que Claudia se ofreció a acogerla una noche. "Yo vivo cerca, tengo un sofá-cama bastante cómodo, lo montamos en cinco minutos y mañana si quieres desayunamos juntas". Pero a las ocho y media de la mañana Claudia se desdijo de su promesa y le dijo que ya quedarían esa semana, levantarse era un esfuerzo titánico después de haber bebido tanto y haber dormido tan poco. Apenas pudo explicarlo balbuceando. Lorena pensó que muy probablemente cuando se despertara ni siquiera se acordaría de haber hablado con ella. Era una cafetería tranquila y acogedora, sillas de madera, mesas pequeñas. El local parecía muy pequeño, engañaba al ser ...

Un libro abierto

A Mercedes le encantaba leer. Leía cada mañana de camino al trabajo, durante los descansos, a la vuelta del trabajo, en el baño, incluso mientras preparaba la cena seguía leyendo. Sin exagerar leía como mínimo un libro a la semana, los devoraba. Los fines de semana solía buscar rincones tranquilos de la ciudad, parques, algún bar en el que poder leer y pasar las horas, tanto en mundos distantes como mundos cercanos. El único momento del día en el que se prohibía leer era durante la noche, cuando se metía en la cama. "La cama es para descansar", solía pensar. Lo solía pensar y no decir puesto que vivía sola, no tenía familia y tampoco amistades muy fuertes como para compartir los pensamientos más cotidianos. Era una mujer solitaria pero feliz. Era una mujer pacífica, tranquila y muy sociable aunque pudiese parecer lo contrario. En el trabajo era muy apreciada, simplemente en sus ratos libres prefería leer que estar hablando con gente, que mirar películas o viajar. S...