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El campo estéril

Era una pequeña aldea de montaña, una de esas aldeas que uno al verla dice "¡son cuatro casas!", y en las que no hay nada para ver. No era una aldea con mucho encanto, era una aldea vieja con casas hechas de piedra y madera, con algunos arreglos más recientes hechos ya con cemento. Vivían apenas veinte personas, la mayoría de ellos ya ancianos. Los pocos jóvenes que habían vivido en el pueblo habían ido abandonando sus casas para ir a vivir a la ciudad, que estaba a unas pocas horas de allí. Otros, no queriendo vivir en la ciudad llena de ruidos y gente, y esperando continuar con la paz que ofrecía la aldea, se iban a vivir a el pueblo más cercano, algo mayor, con casas más nuevas y con más afluencia de gente que iban a visitarlo. Para acceder a la aldea se debía pasar por un camino estrecho de montaña sin asfaltar, en el que solo cabía un coche. Lo cierto es que era extraño que se cruzaran dos coches en dirección contraria, ocurría una o dos veces al mes, pero cuando ocur...

Hoy, hace un rato...

...he encontrado aquél cepillo de dientes que compré contigo. ¿Te acuerdas? El que compré cuando nos fuimos de viaje a Inglaterra. Y lo he tirado. Seguramente tu no dirías que era mi cepillo, puesto que después del viaje te apoderaste de él, tiraste uno viejo que habías dejado ya en mi casa y lo cambiaste por este. Azul y blanco el mango, con los filamentos del mismo color. Sin nada especial, ni mango ergonómico, ni con vibración, ni los filamentos cruzados... nada, un barato para usar durante una semana. Tampoco es que lo haya encontrado exactamente. Siempre ha estado allí, cada mañana y cada noche desde que tu te has ido de mi vida, pero hoy lo he visto como no lo había visto aun: con los filamentos abiertos (y luego te dolían las encías) , con marcas marrones en la base de la cabeza... y he sentido (y sobretodo recordado) asco, asco de verdad por ti. No "hacia" ti, si no "por". "Te has ido de mi vida", he dicho. Qué tontería. Huiste de mi vida y ...

Les galetes de la sort

"Tindràs una vida llarga i rica"

Bañada en lechos reales

(Canción opcional para el relato) - Estás un poco raro, ¿te encuentras bien? - Uhm, sí, claro, ¿porqué? - Estás como si no estuvieras... - Si estoy, no puedo estar como si no lo estuviera, será que estoy algo. Un poco descentrado. - Cómo sea... pero siento que estás lejos de aquí. - Estamos muy cerca nena, no podría estar más cerca de nadie. Y tragué saliva. Hay un modo especial de tragar saliva cuando uno miente. Un modo especialmente sonoro y molesto, uno se escucha a sí mismo tragar saliva y tiene la sensación absoluta de qué a quince metros a la redonda se le puede escuchar tragando. El movimiento de la nuez del cuello es exagerado cuando uno miente, sube hasta casi tocar la barbilla y baja hasta la clavícula antes de volver a su posición original. Es como si el cuerpo entero estuviera hecho de delatadores. No tengo ninguna duda, irremediablemente no podemos parar mentir a los demás, a nosotros mismos y, contrariamente, estamos hechos para que se nos descubra. Me vest...

Roberto Maduro

Roberto Maduro era infantil. Roberto a veces confundía su nombre por el de Jack, o por el de Johnny, a veces se llamaba a si mismo Glen, pero todos sabían quién era sin saber su nombre, y nadie quería saber dónde cojones estaría viviendo. Nadie pensaba en qué posible antro de mierda podría cobijarle. No había relojes en su casa, ni teléfonos móviles. En su hogar el tiempo se medía con botellas vacías, los minutos se contaban con tragos de menos, sin días, sin horas. El tiempo solo se podía medir en grados. En sus cuarenta bien entrados se sentía como un crío asustadizo, un chaval que aún no sabía de qué iba todo esto que tanta veces oía que llamaban “vida”. Vida. ¡Ja! Vida, con ese orden pretencioso, con esas letras pretenciosas, cómo si por el simple hecho de llamarse “vida” tuviera que ser algo vivo, vital. Él era una planta, (lo menos vivo de todo lo vivo) que solo absorbía lo justo para la vida, lo mínimo. Una planta que ya no puede crecer más. Una planta sin flo...

Ebony

(Clica para escuchar la canción para el relato, una vez se abre el Myspace hay que pulsar el botón "play" en la canción "Ebony" 1) Afuera de la habitación oscurecía, el cielo casi negro, los gatos paseaban por los tejados mirando arriba a ver si encontraban a la luna, pero no había ningún rastro de luz en el cielo. Ni las estrellas brillaban en esa oscuridad. El sol hacía horas que se había ahogado en el mar, se había precipitado, suicidado a las aguas. Y la luna que se sentía culpable no se atrevía a sacar la cabeza. Pero los gatos sabían que estaba por allí escondida entre los árboles de algún bosque. Quizás detrás de alguna montaña o en la otra punta del mundo. Un gato negro dejó de merodear y se quedó sentado moviendo la cola esperando, porqué tarde o temprano la luna se presentaría delante suyo, esperando no ser vista. Mientras, dos amantes perdieron la noción del tiempo, quizás llevaban diez minutos abrazados. Parecía que hubieran pasado veint...

Libertad

(Canción para seguir el relato) Yazco en el suelo derrotado, hambriento. Me veo ciego y me siento sordo. Me luzco mucho y vivo poco. Me he creado, me he letrado, me he hecho poesía y me he convertido en narración. Me he explicado y me he perdido en el desarrollo del argumento de mi vida. Poco más puedo hacer.Poco más podré contar. Me he razonado irracionalmente, y me he emocionado con la pasividad, sin estímulos que me lleguen,.. He vivido libre en servidumbre y en mis contradicciones me he sentido más seguro que cualquier dogma, que cualquier teoría y que cualquier empirismo, que cualquier intento de saber. En la dulce cuna del caos he quedado redactado. Retratado. El peso de las cadenas de hierro ha superado el de mi cuerpo, abatido y frágil ya, no por el paso del tiempo, si no por esa disolución absurda de las noches y los días, sin luz natural, ni siquiera la oscuridad es auténtica. Las estaciones se confunden y se asemejan. Los años dejan de tener sentido. ...