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Quimera

-…Y finalmente me dijo que lo mejor era dejar de vernos – explicaba a Rosa, mi psicóloga. Ella me miraba con una mirada compasiva pero carente de sorpresa. Tan solo faltaba decir un “te lo dije” ante la crónica de la muerte anunciada. -Bueno, ¿han sido…seis meses? – Preguntó retóricamente, tenía una memoria prodigiosa, estaba convencido que sabía la respuesta. -Si, seis meses, bueno, más o menos.... Han sido unos buenos seis meses. Me gustaba, había muchas cosas en ella que me gustaban – pensaba en voz alta. -Y otras tantas que te frenaban – intervino, incisiva. - Si había cosas que no me convencían. Bueno, un poco lo de siempre. Siempre hay algo que me frena. Es como si buscara algo muy concreto en el amor. No el amor como tal, el enamoramiento quiero decir, que me gusta, lo disfruto. Pero no deja de ser solo un motor para mí, lo necesito para empezar una relación. Pero luego hay algo que no me deja continuar. Sonia era una tipa maravillosa, quería hacer más pasos, había llega...

Desdibujado

 Tu ausencia borra trazos en mi interior, dejándome incompleto, defectuoso, mal conformado, mostrando de mí un dibujo inacabado, un garabato, un pequeño algo escondido tras una gran nada.   Me ahogo en esta brisa Inconcebible sin tu aliento, Me congelo en esta cama intolerable sin tu piel. Me agoto en este vértigo interminable sin tu desnudez. Me muero en esta vida insoportable sin tu ser.

Triología

 Hoy me he despertado con la polla dura. Tal y como suena. El despertar me ha sorprendido con una erección de campeonato, ¿o acaso ha sido más bien que la erección ha sido la culpable de mí despertar? Debo reconocer que ha sido una empalmada digna de una película erótica, perfecta, recta, erguida, total y completa, con toda la magnitud (dentro de las posibilidades) que uno podría esperar. Recta como una “ele minúscula”, como el palo de una bandera. Faraónica. Yo estirado en la cama me sentía como Louis Armstrong al clavar la bandera americana en la superficie lunar. Esta erección era tan solo un pequeño paso para un hombre como yo, pero un gran paso para recuperar mi humanidad. Parece una exageración, lo reconozco, pero sé que mis amigos se sorprenderían gratamente, me aplaudirían seguramente si me vieran. Me los imaginaba alrededor de mi cama sonriendo y asintiendo, haciendo palmas y gestos de aprobación con las manos, vitoreando, diciendo “Bravo”. Todos allí reunidos. “Gr...

...en causas perdidas

Abrí los ojos repentinamente, el aire me faltaba, hiperventilaba. Miraba alrededor “¿Dónde coño estoy?”. Hiperventilaba, hiperventilaba, por Dios, me faltaba el aire, aspiraba con dificultad. ¡Qué alguien me ayude!. Estaba en el suelo de un callejón horroroso, sucio, que olía a orina. Me tumbé hacia el lado y empecé a vomitar. “Bebes demasiado”, siempre me decía mi madre, y mi exmujer, y múltiples de mis exparejas. “¿Pero, había bebido demasiado? ¿Qué cojones hice ayer?”. El vómito era verdoso-amarillento, sin tropezones, viscoso, bilioso. ¡Qué asco, odio vomitar con todas mis fuerzas!. Cuando mi estómago acabó de apretarse como uno estruja una toalla mojada, mi respiración empezó a regularse. Me observé primero a mí, desaliñado, con la camisa desbotonada, sudoroso, el pantalón de pana estaba sin cinturón, sucio, un poco mojado, había perdido un zapato. ¡Mierda, mis riñones! Empecé a palpar mi cuerpo con desespero buscando una señal que indicara la desaparición de uno de mis va...

Epistolio

Apenas se escriben cartas. Han pasado de moda. Bueno, apenas se escribe en general, igual que apenas se lee. Pero estoy seguro de que ha caído más de una carta en tus manos. Y no me refiero a correo comercial, ni los sobres para votar a los partidos políticos, ni las facturas. Seguramente en tu adolescencia, época dorada de las cartas de amor, te caían a raudales. En la adultez probablemente has recibido muchas menos, algunas neutras, insulsas cartas de bienvenida, tremendamente impersonales por más que intenten disimularlo con un lenguaje cercano. Y espero que hayas recibido algunas pocas cartas de despedida. Pero, ¿qué hay entre medio de las dos? ¿Quién piensa en los grises, aquello que cae en los terrenos de nadie, en los vacíos legales… entre tú y yo? Me acerqué hace una semana a ti, me acerqué de un modo erótico, seductor dentro de mis posibilidades y me dijiste “¿Qué vienes a buscar ahora, cuando ya estoy tan cerca del final, tan cerca de olvidarte?”. No supe que decir, y me ...

Una sonrisa

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Acababa de aterrizar en una ciudad nueva en la que, tras quince minutos de trayecto en taxi del aeropuerto al Hotel, habían sido más que suficientes para darme cuenta de la cantidad de encanto de la que carecía. No solo por su arquitectura (que incluso utilizar este término es casi hiperbólico) como por el ambiente decadente de sus ciudadanos. Al entrar al Hotel mi decepción fue total. Era horroroso, acorde a la ciudad. Eso sí, la habitación era tan agradable como en las fotografías que me motivaron a reservarlo. Quería intercambiar cuatro frases con el joven venezolano que regentaba el lugar, pero estas se veían dificultades por su gran afán en fijar su mirada al teléfono móvil que tenía tras el mostrador y a decir "¿eh?" sin mirarme a los ojos cada vez que pronunciaba una frase. De la conversación llegué a la conclusión de que no era muy recomendable andar con muchas cosas encima, y que sobretodo no se me ocurriera salir cuando oscureciera. Eso me dejaba una hora de paseo t...

¿Dónde está?

Estaba sentado en un banco de Plaça Catalunya con mi ejemplar de "Historia de dos ciudades". Las páginas se iban sucediendo una tras otra pero mi cabeza en realidad andaba en otro lugar. Era la tercera vez que leía la novela, así que podía permitirme el lujo de hacer una lectura en un segundo plano de mi mundo mental. Quizás era el calor sofocante que impedía concentrarse en nada más que no fuera sobrevivir. Una intuición distrajo me atención. Levanté mi vista y..."voilá", Lorena se acercaba con un andar danzarín, jovial. Rozaba los cuarenta y me recordaba todavía a ella misma cuando tenía veinte. -Llego tarde - dijo ella - perdona. - El mérito es que yo haya sido puntual. Nos fuimos a tomar algo en el jardín que hay dentro del Ateneu mientras nos poníamos al día de los eventos más importantes del último mes. Esa era nuestra tradición, nuestra promesa, nuestra regularidad. Sabíamos que nos podíamos ver menos y querernos igual, como con el resto de amistades. Pero el...