Ojos
Esa noche había una gran fiesta en la casa de los Rodríguez. Quién dice “casa”, dice “pequeña mansión” de cuatro plantas, con un jardín y piscina que eran la envidia de los vecinos y los invitados. La mitad de la primera planta estaba formada por un salón bastante grande, con puertas de cristal que daban directamente a la piscina y al jardín, pensada exclusivamente para los eventos sociales, no tenía otro uso. El resto de la casa era menos transitada por los invitados y se reservaba para los amigos más cercanos, aunque Selena Rodríguez (la matriarca) se aseguraba de describir con todo lujo de detalles el resto del “edificio”, creando una sensación de curiosidad e incredulidad en el oyente, clavando la estocada final con un “si quieres date una vuelta, discretamente, no quiero que esté después todo el mundo paseándose por la casa”. Así que todos los invitados en algún momento de esa noche o de noches anteriores habían cruzado el umbral del salón para adentrarse en el mundo más persona...