Cactus
-Venga amor, sal del baño, por favor, vamos a hablar. De verdad que siento mucho lo que ha ocurrido, he dicho cosas que no pienso. Santi daba golpecitos suaves a la puerta, casi acariciándola, como si quisiera acariciar mi piel, podía sentir sus manos paseándose por la madera, podía sentir su intento de acercarse a mí. Un río de lágrimas salía de mis ojos descontroladamente, mi mano derecha estaba llena de papel de váter arrugado, destrozado y empapado en lágrimas y mocos. Con la izquierda intentaba taparme la boca, me mordía los dedos para ahogar mis sollozos insoportables. Insoportables para mí, insoportables para Santi. Mis mejillas, mis ojos, hasta mis cejas ardían húmedas. Me encontraba sentada en el suelo apoyada con el pecho en el bidé, el único rincón desde el que podía no verme en el espejo para no darme asco. Un sabor a bilis me subía y me bajaba por la garganta, tenía ganas de vomitar, ganas de sacarlo todo. La discusión había sido por una estupidez, otra más como...