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Madres

Hoy regresaba a casa después de un día de trabajo más largo de lo que había anticipado por la mañana. En realidad, como cada día. Lo extraño es que me pille por sorpresa todavía. Regresaba en mi moto “nueva”, contento, satisfecho de recuperarla después de una breve revisión de 24h que me obligó a recuperar las memorias de mis viajes por los subsuelos de la ciudad. Cuando ya estaba en el arcén justo delante de mi portal, subí la moto en la acera por una rampita y visualicé el hueco dónde quería dejarla, justo donde termina la cuesta de la calle. Pero subiendo por la cuesta a unos pocos metros de mí había una madre que subía por la cuesta, cargada con una mochila, arrastrando un patinete en el que encima cargaba con una niña de unos seis años. Al ritmo que iba, podía haber cruzado el trozo de acera sin problema para dejar la moto en el lugar que deseaba (aunque debo recordar el código de circulación, no se puede cruzar con el vehículo en marcha por la acera). Como buen ciudadano pe...

Sustituta

Hoy he conocido a tu sustituta, la “nueva”. No es que la haya conocido exactamente hoy, uno de noviembre del dos mil veintidós, es que hoy he tenido la certeza de que sería ella la próxima en estar en tu puesto. Desde luego que ella no está al tanto de la sustitución. Para no hacerlo muy evidente ante familia y amigos en esta ocasión he mirado bien que tuviera el pelo liso y moreno, para que no pudieran asociarte con ella de ninguna de las maneras. Parece mentira pero ¿sabías que es el pelo precisamente lo que hace que la gente asocie (en primera instancia) y establezca similitudes entre personas? No quería que esto pasara, quiero que parezca distinta en todo, y no obstante, todo el resto va a ser tan igual. Pero si eliminamos cualquier rasgo superficial, eres tú. No es para nada una versión mejorada, no es un 2.0, una actualización. Nada de eso. Tampoco es una suplantación de identidad. Es (y lo he dicho ya) simplemente una sustitución. Y de hecho, quién se encargará de que ella s...

09/11/16

Hay dos tipos de personas. Siempre hay dos tipos de personas. una vez pronuncia esta frase puedes acabarla como quieras. Es muy fácil dicotomizar y clasificar en base a cualquier absurdidad: “las que llevan sombrero y las que no”, “las que les gusta el chocolate y las que no”, “las que están vivas y las que están NO” (¿serían personas ya?). Yo quería empezar diciendo que hay dos tipos de personas, las que borran sistemáticamente sus correos electrónicos y las que no eliminan nunca ninguno, acumulando gigas en un servidor perdido entre Noruega, California, Birmania y Bangladesh. Yo soy de estos segundos. Nunca sabe uno cuando le pueden anunciar que se va a morir de cáncer en tres meses y quiere aprovechar ese cupón del cinco por ciento en aceites esenciales, dar mil euros a ese príncipe africano que necesita rescatar a su hija o comprar Viagra a granel. Muy vez en cuando, cuando estoy aburrido en el trabajo, voy repasando algunos, casi siempre los últimos recibidos. Uno va a supon...

Julieta

Siento romper el silencio que impusiste entre nosotros pero la ocasión lo requería. Y digo muy claramente “impusiste” porque, a pesar de que yo accedí sin pedir más explicaciones, mi conformidad era más bien una aceptación forzada que un acuerdo conjunto. Para mí es muy importante poder compartir esto contigo. Compartir que he vuelto a respirar. Sí, inhalar, coger aire, llenar mis pulmones, los dos a la vez, llenos de aire… y soltarlo lento, pausadamente, sin prisas, sin sollozos, sin ahogos. Creo que la semana pasada incluso puedo decir que disfruté. Casi duele de emoción al decirlo. Estaba tumbado en la playa en una zona en la que había algún árbol, que aun siendo un gran alivio para este calor insoportable, permitía que los rayos de luz se colaran entre el balanceo de las hojas con el viento. Levanté la mano, estirando el brazo lo más recto posible y como con la ambición de agarrar el sol y aplastarlo entre mis dedos. Pero los rayos de sol se colaban y algún destello iluminaba m...

Casi infinito

El beso más largo del mundo duró tan solo un segundo, ¿te acuerdas? Fue el último beso que nos dimos, y duró exactamente el doble que nuestro primer beso, que fue casi infinito. Lo más horroroso fue el aviso. Si no hubieras anunciado nada y nos lo hubiéramos dado sin más, hubiera durado lo mismo en todos los relojes del mundo: 1 segundo. Pero lo advertiste, "este va a ser el último beso que nos vamos a dar", y con diez palabras lo hiciste eterno. Me quedé paralizado por tú osadía, me pregunté como coño podías ser capaz de vaticinar todo lo que iba a suceder en nuestras vidas en los próximos cincuenta años, como para estar tan segura de que iba a ser el último. Me molestó muchísimo. No fui capaz de decirte nada. Aunque de momento llevas razón. Nos acercamos lentamente hasta que nuestras caras chocaron la una con la otra. Tus labios estaban fríos, como si estuviera besando a una muerta. Pero tu estabas viva, quizás tus labios ya no se calentaban al juntarlos con los míos. Lo qu...

Enanitos

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Hoy he vuelto a escribir. Ha sido reconfortante, relajante, casi catártico. Ha sido como hacerse una paja pero con letras. Te lo explico a ti porque siempre decías que no deberíamos guardarnos esas cosas que separan a la gente, porque has vivido tantas veces este bucle conmigo, que ahora apareces como una enanita dentro de mi cabeza con la que hablo y a la que escribo cosas. Sabes, durante años me preguntaba cuál era el secreto de la inspiración, y además pensaba que lo tenía claro: era crear un simulacro de escritor atormentado el que me acabaría convirtiendo finalmente en uno de verdad. Me sentaba al borde de la ventana con una libreta arrugada, un vaso de whisky sin hielo (“el hielo es para los maricas” solía decirme y decirte), un paquete de cigarros y empezar trabajar a altas horas de la noche, cuando la ciudad calla. Bueno, cuando la ciudad susurra. Me pasaba horas con bocetos, mapas conceptuales que relacionaban personajes como si fueran reales y de una investigación policial ...

Leia

Me acuerdo del primer día que me enamoré. Había sentido amor antes, desde luego: hacia mis padres, hacia mi hermano, hacia mis amigas… pero recuerdo perfectamente el momento en el que me enamoré perdidamente, el momento en el que me partió un rayo por la mitad y me dejó el estómago hecho trizas. Fue el verano de 1992. Mis tíos tenían una casa en el Empordà, en Torroella de Montgrí, a pocos quilómetros de la playa. Cada verano mis padres aprovechaban y nos dejaban el mes de Julio con ellos, y en Agosto aprovechan su mes de vacaciones para pasarlo entero allí con nosotros. Mis tíos no tenían hijos y nos trataban a mí y a mi hermano como su fuéramos hijos suyos, o incluso mejor, nos trataban como reyes. Nos adoraban y nosotros los adorábamos a ellos. Nuestros padres venían el viernes por la noche con el coche y se quedaban hasta el lunes a primera hora de la mañana y siempre bromeaban sobre si queríamos irnos con ellos a Barcelona, y mi hermano Joel y yo nos poníamos histéricos gritando...