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Una sonrisa

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Acababa de aterrizar en una ciudad nueva en la que, tras quince minutos de trayecto en taxi del aeropuerto al Hotel, habían sido más que suficientes para darme cuenta de la cantidad de encanto de la que carecía. No solo por su arquitectura (que incluso utilizar este término es casi hiperbólico) como por el ambiente decadente de sus ciudadanos. Al entrar al Hotel mi decepción fue total. Era horroroso, acorde a la ciudad. Eso sí, la habitación era tan agradable como en las fotografías que me motivaron a reservarlo. Quería intercambiar cuatro frases con el joven venezolano que regentaba el lugar, pero estas se veían dificultades por su gran afán en fijar su mirada al teléfono móvil que tenía tras el mostrador y a decir "¿eh?" sin mirarme a los ojos cada vez que pronunciaba una frase. De la conversación llegué a la conclusión de que no era muy recomendable andar con muchas cosas encima, y que sobretodo no se me ocurriera salir cuando oscureciera. Eso me dejaba una hora de paseo t...

¿Dónde está?

Estaba sentado en un banco de Plaça Catalunya con mi ejemplar de "Historia de dos ciudades". Las páginas se iban sucediendo una tras otra pero mi cabeza en realidad andaba en otro lugar. Era la tercera vez que leía la novela, así que podía permitirme el lujo de hacer una lectura en un segundo plano de mi mundo mental. Quizás era el calor sofocante que impedía concentrarse en nada más que no fuera sobrevivir. Una intuición distrajo me atención. Levanté mi vista y..."voilá", Lorena se acercaba con un andar danzarín, jovial. Rozaba los cuarenta y me recordaba todavía a ella misma cuando tenía veinte. -Llego tarde - dijo ella - perdona. - El mérito es que yo haya sido puntual. Nos fuimos a tomar algo en el jardín que hay dentro del Ateneu mientras nos poníamos al día de los eventos más importantes del último mes. Esa era nuestra tradición, nuestra promesa, nuestra regularidad. Sabíamos que nos podíamos ver menos y querernos igual, como con el resto de amistades. Pero el...

Fe, K-Zi , NH3, CH3CH2OH, Na, C6H12O6, HCl

Mentiría si dijera que no suelo ir solo a los bares. Lo raro es que vaya con alguien. Mentiría si no dijera que casi siempre me monto una puta película en mi cabeza, una película en la que entra una mujer bien vestida, elegante, un vestido rojo, escotado, zapatos de tacón de aguja, pendientes largos, pelo suelto de color cobrizo. Se sienta a mi lado, me lanza una mirada interesada que rehúyo hipócritamente, para parecer todavía más interesante, esperando a que ella me pida ser invitada a una copa, que evidentemente pago, y acabamos follando como conejos en celo en el hotel de cinco estrellas que está justo cruzar la calle. Mentiría si dijera que no siento asco de mí mismo cuando me veo sentado en la barra con cuatro gilipollas más bebiendo en silencio, que deben estar fantaseando la misma mierda que fantaseo yo. Puedo decir que solo una vez he podido disfrutar de esta experiencia única que consiste en follarse a una desconocida que encuentras una noche en un bar, aunque distó de mane...

Madres

Hoy regresaba a casa después de un día de trabajo más largo de lo que había anticipado por la mañana. En realidad, como cada día. Lo extraño es que me pille por sorpresa todavía. Regresaba en mi moto “nueva”, contento, satisfecho de recuperarla después de una breve revisión de 24h que me obligó a recuperar las memorias de mis viajes por los subsuelos de la ciudad. Cuando ya estaba en el arcén justo delante de mi portal, subí la moto en la acera por una rampita y visualicé el hueco dónde quería dejarla, justo donde termina la cuesta de la calle. Pero subiendo por la cuesta a unos pocos metros de mí había una madre que subía por la cuesta, cargada con una mochila, arrastrando un patinete en el que encima cargaba con una niña de unos seis años. Al ritmo que iba, podía haber cruzado el trozo de acera sin problema para dejar la moto en el lugar que deseaba (aunque debo recordar el código de circulación, no se puede cruzar con el vehículo en marcha por la acera). Como buen ciudadano pe...

Sustituta

Hoy he conocido a tu sustituta, la “nueva”. No es que la haya conocido exactamente hoy, uno de noviembre del dos mil veintidós, es que hoy he tenido la certeza de que sería ella la próxima en estar en tu puesto. Desde luego que ella no está al tanto de la sustitución. Para no hacerlo muy evidente ante familia y amigos en esta ocasión he mirado bien que tuviera el pelo liso y moreno, para que no pudieran asociarte con ella de ninguna de las maneras. Parece mentira pero ¿sabías que es el pelo precisamente lo que hace que la gente asocie (en primera instancia) y establezca similitudes entre personas? No quería que esto pasara, quiero que parezca distinta en todo, y no obstante, todo el resto va a ser tan igual. Pero si eliminamos cualquier rasgo superficial, eres tú. No es para nada una versión mejorada, no es un 2.0, una actualización. Nada de eso. Tampoco es una suplantación de identidad. Es (y lo he dicho ya) simplemente una sustitución. Y de hecho, quién se encargará de que ella s...

09/11/16

Hay dos tipos de personas. Siempre hay dos tipos de personas. una vez pronuncia esta frase puedes acabarla como quieras. Es muy fácil dicotomizar y clasificar en base a cualquier absurdidad: “las que llevan sombrero y las que no”, “las que les gusta el chocolate y las que no”, “las que están vivas y las que están NO” (¿serían personas ya?). Yo quería empezar diciendo que hay dos tipos de personas, las que borran sistemáticamente sus correos electrónicos y las que no eliminan nunca ninguno, acumulando gigas en un servidor perdido entre Noruega, California, Birmania y Bangladesh. Yo soy de estos segundos. Nunca sabe uno cuando le pueden anunciar que se va a morir de cáncer en tres meses y quiere aprovechar ese cupón del cinco por ciento en aceites esenciales, dar mil euros a ese príncipe africano que necesita rescatar a su hija o comprar Viagra a granel. Muy vez en cuando, cuando estoy aburrido en el trabajo, voy repasando algunos, casi siempre los últimos recibidos. Uno va a supon...

Julieta

Siento romper el silencio que impusiste entre nosotros pero la ocasión lo requería. Y digo muy claramente “impusiste” porque, a pesar de que yo accedí sin pedir más explicaciones, mi conformidad era más bien una aceptación forzada que un acuerdo conjunto. Para mí es muy importante poder compartir esto contigo. Compartir que he vuelto a respirar. Sí, inhalar, coger aire, llenar mis pulmones, los dos a la vez, llenos de aire… y soltarlo lento, pausadamente, sin prisas, sin sollozos, sin ahogos. Creo que la semana pasada incluso puedo decir que disfruté. Casi duele de emoción al decirlo. Estaba tumbado en la playa en una zona en la que había algún árbol, que aun siendo un gran alivio para este calor insoportable, permitía que los rayos de luz se colaran entre el balanceo de las hojas con el viento. Levanté la mano, estirando el brazo lo más recto posible y como con la ambición de agarrar el sol y aplastarlo entre mis dedos. Pero los rayos de sol se colaban y algún destello iluminaba m...